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Con el peque a cuestas

Consejos para poder disfrutar de un día de paseo con tu niño en la mochila... sin que se convierta en un infierno

24.05.13 - 11:57 -
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Desde hace tiempo existe una solución para aquellos aficionados a la montaña que no quieren aparcar su afición porque han tenido un hijo. Se trata de las mochilas portabebés, un artilugio que, sin realizar grandes aventuras, permite disfrutar de un precioso día sin tener que renunciar a pasear con tu bebé, que disfruta de la naturaleza desde una perspectiva privilegiada. Hay distintos tipos de macutos, con precios que pueden rondar los 160 euros, pero los más populares están diseñados para poder transportar a tu niño hasta que tiene 3 años y unos 20 kilos de peso en total.

Estas mochilas ofrecen muchas posibilidades, están equipadas con varios bolsillos y, en general, son bastante seguras y fáciles de montar. Pero también tienen sus limitaciones. Y, sobre todo, ojo con emocionarse demasiado. Nunca se debe olvidar que a tu espalda va un bebé y que un gran día de monte se puede acabar convirtiendo en un auténtico infierno si no se está debidamente preparado. Además, el desencadenante que convierta un agradable paseo en un tormento de llantos y mocos colgando puede aparecer de la forma más insospechada. Vamos a dar algunos consejos para evitar que esto ocurra.

Para empezar hay que planificar siempre el recorrido que se quiere realizar pensando en el peso que se va a llevar encima. No es lo mismo ascender al Gorbea subiendo tu propio peso y una botellita de un litro de agua que hacerlo portando una mochila con un niño de año y medio que no para de moverse y sus 12 kilos. Evidentemente, esto último implica un esfuerzo considerablemente superior que nunca se debe perder de vista. Quizás, es mejor hacer una excursión más modesta, más acorde también a la edad del niño, para no sufrir sorpresas desagradables y evitar que el niño se aburra. No es raro, por ejemplo, encontrarte a un niño a todo llorar en el camino de regreso y a un padre desesperado repitiendo una y otra vez "ahora llegamos", "ya falta poco"... Con un niño acuestas, siempre es mejor pecar de precavido.

Hacer un paseo con tu bebé por el monte requiere, además, llevar bastante ‘infraestructura’ y no olvidar muchos detalles que, aunque a simple vista parecen intrascendentes, pueden marcar la diferencia entre una día memorable o una actividad que nunca querrás repetir. Necesitarás pañales, porque nunca se sabe cuándo puede aparecer el ‘regalo’, y también toallitas, a no ser que no te importe limpiar a tu niño con hojas de árboles. También sería aconsejable llevar una toalla, que siempre viene bien. Por ejemplo, para poder cambiarle en la hierba o para sentaros a comer. Y, en función del día que haga, tampoco está de más llevar una visera, un gorrito y una crema de protección solar. Tampoco te quedes corto con la ropa de abrigo. Recuerda que aunque tu tengas calor por la caminata, el niño va quieto y, por tanto, siempre va a tener más frío que tú.

La comida es otro factor a tener en cuenta. Aunque se haga una excursión corta, siempre se debe llevar unas galletas o algo de fruta para picar porque te puede sacar de un aprieto si el nene se te pone protestón. Una pequeña botella de agua, como es obvio, también es fundamental para estas excursiones. Es conveniente, además, llevar al niño descansado para que no se te quede dormido en la mochila en el camino de regreso. En principio, no hay peligro, pero no es agradable ver la cabeza del pequeño dormido balanceándose de un lado a otro de la mochila cuando desciendes de algún monte. Es aconsejable, además, hacer estas excursiones con otro adulto para poder gestionar mejor los momentos complicados, como cuando se pone a llorar en el camino de vuelta y apenas hay tiempo de parar. En compañía, también se disfruta más. Con todo esto en mente, se puede pasar un día precioso con tu peque, que también te agradecerá salir de la sillita de todos los días.

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