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Papel higiénico rojo y sexo frecuente, por contrato

los deseos y caprichos de los famosos

Papel higiénico rojo y sexo frecuente, por contrato

Los artistas tiran de claúsulas para asegurarse de que se cumplen sus caprichos, incluso en lugares como la cama o el váter

25.05.13 - 11:37 -
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La tenista María Sharapova, la modelo Joanna Krupa y la cantante Beyoncé son tres mujeres de éxito. Sharapova está en el número dos de la clasificación mundial, Krupa protagoniza un 'reality' televisivo en Estados Unidos y Beyoncé lleva años instalada en lo más alto de las ventas y el caché. Pero el triunfo profesional no lo es todo: estas tres mujeres también tienen sus preocupaciones, un abanico de inquietudes que abarca desde el sexo hasta el color ideal del papel higiénico, y no quieren que la vida, aún más caprichosa que ellas, se empeñe en llevarles la contraria. En las últimas semanas, las tres han sido noticia por tirar de contrato para garantizar que sus deseos se convierten automáticamente en órdenes.

La cláusula antisexo de Sharapova ha sido el caso más comentado de los tres. Según difundió el periódico 'Bild', la tenista rusa contrató al alemán Dieter Kindlmann como compañero de entrenamiento durante tres meses y le impuso una curiosa renuncia, sobre la que existen dos interpretaciones. Algunos entienden que el contrato le prohibía practicar el sexo con Sharapova, no fuese a ser que los legendarios gemidos de la rusa le inspirasen malos pensamientos: parece una precaución excesiva, porque dos no juegan juntos si uno no quiere. La otra versión, más radical, sostiene que la cláusula en cuestión le imponía a Kindlmann castidad absoluta a lo largo de ese trimestre, para que no se distrajese con cuestiones ajenas al tenis. "Mi trabajo no es fácil, pero María no tiene nada de diva. Intenta protegerme del mundo exterior y es muy maja", ha explicado el alemán, un empleado modelo.

Papel higiénico rojo y sexo frecuente, por contrato

A Joanna Krupa, en cambio, lo que le intranquiliza es que su futuro marido, con el que tiene previsto casarse el mes que viene, no responda en la cama según lo esperado, así que también ha recurrido a una cláusula previsora. Lo cuenta el propio afectado, Romain Zago, un multimillonario empresario de clubes nocturnos en Miami, y lo dice con ligereza en la superficie y cierto agobio acechando en el fondo: "Joanna es una máquina, tiene un enorme deseo sexual. Quiere que nuestro acuerdo prematrimonial tenga una cláusula que nos obligue a tener relaciones tres veces por semana. No voy a mentir y decir que lo hacemos todos los días: yo trabajo mucho, ella trabaja mucho y está siempre viajando... Llevamos seis años juntos y ninguna pareja tiene una vida sexual perfecta después de tanto tiempo". Cualquiera diría, ante tanta justificación, que se está poniendo un poco nervioso. Su novia no ayuda mucho: "No sé cuál es el problema -ha declarado-, creo que Romain trabaja demasiado y está estresado". La fogosa cláusula no es una novedad: en su momento también se contó que Madonna obligaba por contrato prenupcial a Guy Ritchie a atender su 'expresividad sexual'. El director de cine también tenía prohibido gritar a su esposa y debía dedicar determinadas horas a la semana al estudio de la Cábala.

¿Y qué hay de Beyoncé? Ella, efectivamente, es la del papel higiénico. La artista estadounidense ha ofrecido ocho conciertos en el O2 de Londres -el último fue el domingo pasado- y se ha filtrado su 'rider', las exigencias impuestas al promotor para llevar a cabo las actuaciones. Algunas parecen insólitas pero no lo son tanto, como la taza de váter sin estrenar -esto también lo exigían Madonna o Mary J. Blige, y posiblemente lo pediríamos todos en los bares si tuviésemos oportunidad- o que todo el personal vaya vestido con ropa de algodón -en eso se le adelantó Kanye West, que no soporta las prendas acrílicas en sus chóferes-, pero en otras se delata como una auténtica reinona del antojo: quiere papel higiénico de color rojo y pajitas hechas de titanio para sorber su agua alcalina, servida exactamente a 21 grados. Y, al final de cada concierto, una bola de hielo tallada a mano para chuparla y relajar las cuerdas vocales. A lo mejor los responsables del O2 se habrían espantado si no hubiesen tenido por allí hace seis años, también como 'artista residente', a Prince: el minigenio de Mineápolis es famoso por demandar detalles como muebles y alfombras de color púrpura, pero en Londres la estancia iba a ser particularmente larga y logró incluso que le levantasen una casa prefabricada junto al recinto.

El maniquí de pubis rosa

Los 'riders' son un clásico de la extravagancia y hay páginas web que recopilan los más disparatados. Uno especialmente memorable lo presentaba en los primeros 80 el grupo Van Halen, que reclamaba en su camerino un bol de pastillas de chocolate M&M"s del que hubiesen retirado todas las marrones. ¿Absurdo? ¡Qué va! El vocalista, David Lee Roth, explicó en su autobiografía que se trataba de una especie de examen: si el promotor se había molestado en acatar ese ridículo epígrafe, podían dar por hecho que también cumpliría los capítulos importantes, relacionados con la seguridad y los requisitos técnicos. A lo mejor Lady Gaga es una simple discípula de Van Halen cuando pide un maniquí con vello púbico de color rosa.

El rastreador de contratos extraños se introduce en un laberinto de ecos y rumores en cuanto toca el mundo del cine. Está claro que Queen Latifah exige que sus personajes no mueran en las películas -la mataron demasiadas veces al principio de su carrera- o que Samuel L. Jackson no acepta trabajos si no le dan un campo de golf cerca y dos días libres a la semana para usarlo. Pero ¿es verdad o leyenda urbana que, en algunos rodajes, Tom Cruise ha incluido una cláusula por la que nadie puede mirarle directamente a los ojos? No parece improbable si tenemos en cuenta que Katy Perry prohíbe a los chóferes observarla por el retrovisor o que a Jessica Alba, cuando participó en dos episodios de 'Sensación de vivir', le impedían por contrato establecer contacto visual con Luke Perry y Tori Spelling: "Ni siquiera podías hablarles si ellos no se dirigían a ti -relató la actriz una década después, todavía estupefacta-. Era muy raro, pero supongo que ocurren esas cosas cuando te conviertes en una gran estrella".

En los deportes de masas no parece haber tanta excentricidad y lo importante suele ser el dinero, aunque a veces se acuerdan primas tan extrañas como el 'bulldozer' que los Astros, el equipo de béisbol de Houston, compraron a su 'pitcher' Roy Oswalt por la victoria en un partido crucial de 2005. El espléndido 'Caterpillar D6N XL' de 150.000 euros era la gran ilusión del jugador, que pretendía usarlo para excavar estanques y trazar carreteras en su rancho, allá en un pueblito perdido de Misisipi. "Va a dar envidia a un montón de gente donde yo vivo", se emocionó Oswalt, mientras el propietario de los Astros presumía de haber inventado 'la cláusula del "bulldozer'"». Pero, en otras ocasiones, son los deportistas quienes tienen que pasar por el aro de los contratos puntillosos o imaginativos. Cuando fichó al futbolista sueco Stefan Schwarz, el Sunderland inglés estipuló que no estaba autorizado a viajar al espacio, porque el hombre había manifestado en alguna ocasión que era su mayor sueño.

Claro que la cláusula más demencial de la historia tuvo que tragársela, y nunca mejor dicho, el defensa Spencer Prior en 2001, cuando entró a jugar en el Cardiff City. El dueño del equipo galés era Samir Hammam, Sam, un millonario libanés de espíritu travieso que le hizo comprometerse a comer criadillas de cordero y mantener 'relaciones físicas' con una oveja. Los testículos se los comió aliñados con limón y perejil. En cuanto a lo del asuntillo erótico con el bicho, era solo un chiste de Sam "que se refería a ese bien conocido pasatiempo de los galeses en el pasado". La esposa del futbolista no estaba muy convencida: "He tenido que asegurarle que no va en serio -aclaó Spencer Prior-, porque estaba preocupada de que pudiese pillar la fiebre aftosa".

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