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Siete blancos originales para abrir la temporada

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Siete blancos originales para abrir la temporada

El vino blanco pide paso en los hábitos de consumo de los españoles. Repasamos algunos de los más singulares

28.04.13 - 11:45 -
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Siete blancos originales para abrir la temporada

El vino blanco se ha hecho un hueco en los hábitos de consumo de los españoles, que en materia vinícola son sin embargo manifiestamente mejorables para un país que es el tercero de Europa en producción de vinos pero uno de los últimos en cuanto a consumo interior. En este escenario, el blanco gana cuota de mercado año a año y España gana también en cantidad y calidad de vinos de esta categoría. El tinto ha dejado de considerarse la única opción viable para acompañar una comida y son muchos aficionados ya los que discrepan abiertamente de aquellas viejas reglas que indicaban que el blanco no debía salir del estrecho triángulo formado por el aperitivo, los pescados y las comidas ligeras.

Razones hay cada vez más para lanzarse a las vinotecas reales o virtuales en busca de buenos blancos que permitirán disfrutar a la hora del vermú, pero también de toda una comida más o menos contundente. La primera es evidente en esta época del año. Apetece. Un blanco fresquito (la temperatura de servicio de un blanco joven debe rondar los 6-7 grados, tampoco lo congelen) es lo primero que se le viene a la mente a un buen aficionado un soleado domingo a mediodía.

La época es también propicia porque el verano y los calores empujan a la comida ligera, al pescado, a las ensaladas y a preparaciones que se acompañan de forma excepcional con un buen vino blanco. Ello no impide que, como se apunta, haya en el mercado español vinos blancos que perfectamente pueden acompañar una comida o cena más contundente, incluso con asados o carne roja por el medio, pero es evidente que el consumidor estándar mantiene interiorizada la cuestionable separación de blanco-para-el-pescado y tinto-para-la-carne.

Más razones para echarnos en brazos de los caldos transparentes y pajizos. El precio. De media, son más baratos que un vino tinto de su misma gama. Allí donde predominan los 12-15 euros para un tinto con crianza de Rioja, por ejemplo, su blanco equivalente andará por los 9. Hay blancos caros y muy caros, claro está, pero esta media ligeramente más barata hace que con la crisis aún galopando fijemos más la vista en la tabla de blancos en la carta del restaurante o la vinoteca.

También es de reseñar que el blanco, sobre todo el joven afrutado y amable, gusta mucho a aquellos que confiesan eso de “yo es que no soy mucho de vino”, siendo esto aplicable tanto a la clientela femenina como masculina. Y, consecuencia u origen de todo ello, está el despegue de unas cuantas denominaciones españolas que han abierto el abanico y han colocado al blanco a la altura de los mejores tintos tradicionales. Zonas geográficas como Valdeorras o la Ribeira Sacra en Galicia; Somontano en Aragón o Alella y Terra Alta en Cataluña, entre otras, se han unido a las tradicionales cunas de los vinos blancos como Albariño, Ribeiro, Rueda, Rioja, Penedés y las denominaciones andaluzas de finos, olorosos y manzanillas.

¿Y los inconvenientes? Claro, alguno hay. Por lo general, el blanco es un vino poco apto para su guarda y, una vez adquirido, conviene darle salida en un plazo de tiempo razonable. Algunos mejoran en botella, pero tienen que ser blancos más complejos, con algo de crianza. El blanco invita a beber más, dicen, lo cual también parece un inconveniente... salvo para el hostelero que lo sirve.

1. Un blanco joven
The Flower and the Bee. Ribeiro. 9 euros

Funny wine, un vino divertido, lo anuncia su bodega. Es realmente así, vivaracho y joven, no excesivamente potente en nariz pero agradable y buen acompañante para una comida ligera. No es fácil encontrar monovarietales de treixadura, una uva autóctona de Galicia, pero éste es un buen ejemplo de cómo embotellar un poquito de terruño con humildad y honestidad.

2. Una uva poco habitual
Abel Mendoza Torrontés. Rioja. 15 euros

Abel Mendoza es uno de los elaboradores más singulares de la Rioja. Procedente de familia ligada al vino, heredó unas tierras de las que ahora nacen algunos de los mejores blancos de la denominación. Alejado siempre de los focos y centrado en entender la viña y su ecosistema, Mendoza ha restacado uvas poco apreciadas, minoritarias incluso para forjar monovarietales de gran calidad, como este torrontés (pero también su garnacha blanca, tempranillo blanco, viura o malvasía). Denso, dorado y con gran estructura, admite cierta guarda y está elaborado en pequeñas producciones, por lo que puede ser difícil encontrarlo.

3. Con crianza
Qué bonito cacareaba. Rioja. 35 euros

Basta con decir que es el blanco de Benjamín Romeo para que el aficionado medio al vino sepa que se habla de un top. Este blanco de singular nombre procede de la bodega que colocó al Contador en lo más alto de las valoraciones de gurú Parker, un vino que elevó a los altares a su creador y le dio margen para mantener el afán creativo gracias a un mercado rendido a sus pies. El blanco, de gama alta de precio, es un coupage de malvasía, viura y garnacha blanca con seis meses de crianza en barrica. Un vino muy original, profundo, denso, corpulento.

4. Fermentado en barrica
Belondrade y Lurton. Rueda. 23 euros

La fermentación en barrica consiste en dejar actuar las levaduras para fermentar el mosto y transformar los azúcares en el interior de recipientes de madera, en lugar de en los habituales tanques de acero. Con ello se consigue un suave toque a madera en el resultado final, pero no ha de confundirse esta fermentación puntual en barrica con una crianza en roble, en la que el aporte de madera sería mayor. Muchos blancos modernos añaden a la marca el apellido de 'fermentado en barrica'. Son ligeramente más complejos, con la fruta más atenuada, el color más intenso y aromas más exóticos. Un ejemplo es este Belondrade y Lurton, uno de los más geniales blancos de Rueda que no sólo se deja fermentar en barrica, sino que se le añade una crianza de 10 meses en roble francés y de un mínimo de 5 ó 6 meses en botella. Un gran monovarietal verdejo, complejo y estructurado para aguantar una comida en condiciones.

5. Con crianza bajo el mar
Sketch. Sin denominación, uva albariño. 40 euros

Agregamos este vino blanco a modo de inventario, pues su escasa-escasísima producción (un millar de botellas) hace que sea casi imposible de localizar. Raúl Pérez es uno de los viticultores más singulares del país, un hombre empeñado en continuar la saga de su familia a su manera, poniendo el foco única y exclusivamente en el vino, la vid y el proceso de elaboración, sin otros condicionantes. Sus vinos, siempre singulares, son mundialmente apreciados, pero están lejos del marketing, de los focos mediáticos y hasta de las convenciones más tradicionales de la viticultura (en ocasiones ni siquiera marca la añada), lo que le ha llevado a estar muchas veces al margen del mercado y de la política de denominaciones. Este albariño 100%, por ejemplo, con uva pontevedresa de Meaño, está al margen de la denominación Rias Baixas. Hace fermentación en barrica y se completa con una crianza de dos meses bajo el mar, a unos 19 metros de profundidad. Capricho o no, para muchos es un vino memorable. Para otros, una 'boutade' de un 'enfant terrible'.

6. Un reserva. Viña Tondonia. Rioja. 20 euros

No es habitual destinar vinos blancos a largas crianzas. Pero cuando se hace bien, el resultado es un caldo ambarino cargado de matices, que ha de consumirse a 'temperatura de tinto' (unos 14 grados) para que exploten en la copa todas las vainillas y toques exóticos que puede darle ese periodo en roble. El Viña Tondonia es uno de los ejemplos más clásicos, un blanco diferente al que estamos acostumbrados, un vino redondo para degustar bien acompañado de un pescado rotundo, un besugo o un rodaballo, por poner un ejemplo. Se construye con las uvas clásicas riojanas, la viura (90%) y aporte de malvasía, para una larga crianza de seis años en barrica. Es un vino que perdura en botella y no hay mayor placer que localizar una añada antigua, abrirlo, decantarlo, airearlo y esperar a que surja la magia.

7. La godello pide paso
As Sortes. Valdeorras. 30 euros

En el mundo del vino es prácticamente imposible decir que algo es 'lo mejor', pero este As Sortes concitará la opinión de muchos aficionados a los que se les pregunte por el blanco más satisfactorio que han probado. Es godello 100%, un uva sobre la que se ha erigido toda una revolución en las comarcas de Valdeorras, en el Noroeste de Orense, lindando con León, y el Bierzo. Llega trabajado por Rafael Palacios, hermano de Álvaro, otro de los grandes viticultores españoles, descendiente de riojanos y artífice del salto de calidad del Priorat. As Sortes es un blanco elegante, mineral, con un toque amargoso en su final tras una crianza de ocho meses sobre sus lías. Entre los top en cuanto a precio, es también un top en calidad.

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