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escapada para esta semana santa (1)

Bratislava también existe

La capital de Eslovaquia parece una pequeña ciudad de provincias ante las grandes urbes que la rodean, pero eso no la priva de tener un encanto singular

04.03.13 - 20:27 -
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Bratislava también existe

Plaza Mayor de Bratislava con su típico mercadillo.

Si Teruel accediera a ello, la capital de Eslovaquia podría utilizar el eslogan turístico de ‘Bratislava también existe’. Porque no hay, con seguridad, ninguna otra ciudad importante en el centro de Europa que pase tan inadvertida, al menos para nosotros. Frente a la belleza casi insultante de Viena, la magia de Praga, la vitalidad de Berlín, el encanto de Budapest o la perfección de Zúrich, Bratislava nos resulta algo así como una pequeña capital de provincia con un casco antiguo que parece detenido en el tiempo.

¿Merece Bratislava un viaje? Sin duda, pero no hay que esperar a planificar la visita a una ciudad que está 2.000 kilómetros de Euskadi. La razón es que la capital de Eslovaquia queda a poco más de 60 kilómetros de Viena. Un recorrido que puede hacerse con toda comodidad en tren, en menos de una hora. Es una posibilidad para el viajero instalado en la capital austriaca que dispone de tiempo y está ahíto ante tanto monumento de gran espectacularidad como hay en esa ciudad.

Así que, si está en esa situación, no lo dude. Tome el tren, que le dejará en alguna de las dos estaciones de Bratislava –ambas están bastante alejadas del casco histórico, así que deberá tomar un autobús– y localice la Michalská brána, la única puerta que queda en pie de lo que un día fue muralla de la ciudad. Ese es el punto mejor para comenzar el recorrido. Desde esa torre, la calle Michalská desciende suavemente, en un recorrido de palacetes barrocos e iglesias que, acostumbrados a las dimensiones de Viena, parecen poco más que ermitas. A un lado y a otro de la calle, el turista se puede perder por travesías estrechas que permiten, aquí y allá, vislumbrar rincones singulares.

Bajando hacia el Danubio, el castillo queda a mano derecha. Es una construcción que recuerda vagamente al Alcázar de Toledo por su ubicación y su estructura. Como palacio, el turista no le encontrará un atractivo especial, pero la vista de la ciudad desde esa altura es espéndida.

En el camino hacia el castillo, el visitante puede hacer un alto en la catedral, un edificio gótico terminado hace alrededor de quinientos años (hay que pagar entrada). Desde la puerta principal, se contempla la calle Kapitulská. Entonces, la idea de que está en una pequeña ciudad de provincias se asienta definitivamente en el cerebro del turista ante lo que perciben sus sentidos: casas bajas, pavimento irregular, silencio absoluto a cualquier hora del día, un gato paseando con entera tranquilidad por mitad de la calzada...

Al otro lado de la calle Michalskà, más abajo llamada Ventúrska, están la plaza Mayor, con su mercadillo; el palacio Arzobispal; el ayuntamiento; la vieja Universidad Istropolitana, algunos museos y un puñado de estatuas de tamaño natural que siempre están acompañadas por turistas que buscan una foto. La más célebre está en la calle Panská y representa a un obrero saliendo de una alcantarilla.

Cerca del Danubio, las calles se ensanchan. Es la ciudad de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, burguesa y satisfecha de sí misma. Ahí está el viejo teatro Nacional, con su cubierta plateada, y la Reduta Bratislava, la hermosa sede de la Filarmónica de Eslovaquia. Y, serpenteando por entre los palacios, los tranvias, tan viejos como los de Lisboa, una verdadera reliquia de la época socialista.

Más allá de los límites del casco antiguo hay algunos rascacielos iguales a tantos otros en todo el mundo, una pirámide invertida que es la sede la radiotelevisión pública y una especie de extraño ovni sobre un puente que es un restaurante. Son edificios de dudoso gusto, que atraerán a los amantes de las rarezas y lo kitsch.

La excursión de un día da para recorrer con calma la zona antigua y sentarse en cualquiera de las terrazas y cafés que la dominan. Los precios (el euro es la moneda oficial también en Eslovaquia) son muy inferiores a los españoles y parecen de otro mundo si se comparan con los de Viena: menús del día sencillos pero suficientes por menos de ocho euros; cervezas, refrescos y helados por un euro... Muchos pensarán que eso también forma parte del encanto de la pequeña capital centroeuropea. Bratislava existe.

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