El Correo Digital
Miércoles, 16 abril 2014
claros
Hoy 12 / 26 || Mañana 14 / 29 |
más información sobre el tiempo
Temas de ocio
Estás en: > >
La vida desmontable

BILBAO AL FONDO

La vida desmontable

Ocho años después, Ikea ha conseguido que el paisaje de nuestra intimidad se arme y se desarme con una llave Allen

01.03.13 - 10:19 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios

Hace ocho años, el 1 de marzo de 2005, Ikea abrió en Barakaldo. Fue un día decisivo, aunque entonces no lo sabíamos. La tienda fue inaugurada a las ocho de la mañana por el lehendakari Ibarretxe. «Ya era tiempo de que la fábrica de muebles más grande del mundo se instalase en uno de los pueblos más antiguos del mundo», dijo Ibarretxe. De verdad. A continuación, el director de Ikea en España ofreció a las autoridades un desayuno sueco. Se sirvió salmón, fiambre, havregrynsgröt. Hubo entonces quien temió que los suecos se animasen y sacasen, como suelen, snaps para brindar. Y ahí se rozó un poco la tragedia. Si tenemos en cuenta que Ibarretxe era abstemio, que eran las ocho de la mañana y que el snap ronda los 40 grados, lo que comenzó siendo un desayuno pudo terminar siendo un magnicidio.

Ahora les prometo que iba a detenerme a analizar con seriedad la influencia de Ikea en nuestras vidas. Pero me he dado cuenta de que quizá baste con decir que escribo esto en la cocina de mi casa, en marzo de 2013, a las ocho de la mañana, en Bilbao, sentado en un taburete Ingolf. Si levanto la vista, veo dos estanterías Stenstorp. A mi derecha, en fin, hay una tabla de cortar Lämplig. Y lo cierto es que este entorno notablemente prefabricado, esta combinación de ‘standards’ mobiliarios, consigue de un modo inexplicable ser del todo mi cocina: un espacio íntimo adensado por una evidente singularidad biográfica.

Suele repetirse que el éxito de Ikea se estudia en todas las escuelas de negocios. Probablemente, mientras toman apuntes, los alumnos de esas escuelas de negocios no llegan a reparar en que su aula está amueblada por Ikea. Pizarras Kvissle, mesas Galant, sillas Särna. Y será una decoración sensata. Más allá de modelos comerciales, el éxito de Ikea es del todo cultural, casi civilizatorio. Su predominio puede comprobarse a lo largo y ancho del Occidente libre. La empresa sueca ha proscrito el gusto individual y a cambio ha conseguido exterminar en gran medida el mal gusto. Lo ha hecho de un modo global, tajante, incontestable. El suyo es un curioso despotismo ilustrado del diseño.

Aunque he de reconocer que me interesan más las implicaciones biográficas del fenómeno. Desde hace ocho años, Ikea se encarga del ‘atrezzo’ de nuestras vidas. Los sucesivos escenarios que ocupamos son casi en exclusiva cosa de algún sueco sonriente que trabaja en la cama, en camiseta, con un Mac. Ese tipo optimista -Björn, no sé- nos está ambientando la intimidad. Él se encarga de luces, estilos y atmósferas. Él sabe lo que necesitamos. Fíjense en las jóvenes parejas acarameladas que anotan referencias en la tienda de Megapark. El salón de su nueva casa también estará lleno de cojines estampados, habrá una mesa baja y una lámpara colorista, millones de estanterías, una manta acogedora abandonada con dejadez milimétrica sobre el brazo del sofá.

Y luego, cuando lleguen los problemas, el bueno de Björn también estará allí, facilitando fugas. Al fin y al cabo, quién va a entender mejor que un sueco esos momentos Bergman. Si hubo un tiempo en que las vidas nuevas se comenzaban dando un portazo y buscando en el listín un abogado, hoy lo que se hace tras el portazo es abrir el catálogo de Ikea para hacerse una idea de cuánto cuesta comenzar de nuevo: sofá Ektorp, cama Folldal, escritorio Borgsjö, mueble Bestå/Uppleva.

De ese modo, navegando por un extraño océano de diéresis y consonantes, los matrimonios, las rupturas, los ascensos, los traslados, nuestras biografías en definitiva, van concretándose en visitas a la tienda azul y amarilla. Fíjense en los solitarios sin afeitar que anotan referencias en el Ikea de Megapark. En una mañana renovarán el escenario de su propia intimidad. Y hacerlo será sencillo, concluyente, no muy caro. También traerá consecuencias. Sospecho que la magdalena proustiana de nuestra generación terminará siendo sueca, blanca y desmontable. Pronto se verá un fenómeno sentimental del todo novedoso. ¿Cómo explicarlo? Ese adulto hecho y derecho que de pronto se pone a llorar inconsolablemente, sin saber por qué, al reconocer en la altura anónima de un tendedero una funda nórdica Vandrig Skogsliv... Como aquella.

Ver todos los artículos de Bilbao Al Fondo.

TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
La vida desmontable
La tienda azul y amarilla se encarga del ‘atrezzo’ de nuestras vidas.
Pasarelas de moda
Fotos de las propuestas de todos los diseñadores
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.