
Tres consejos
Sí, sí, ya sé lo que están pensando al ver las fotos, tan monas, de comiditas divertidas para niños. Que bastante extenuante es cuidar a una o varias criaturas como para ponerse a hacer manualidades con alimentos: si cuesta encontrar un rato hasta para ir a depilarse o a tomar una caña con los amigos, ¿de dónde diablos vamos a sacar tiempo para filigranas gastronómicas? Porque, en un mundo donde mandan los pequeños de la casa y donde tienden a momificarse la lencería sexy, el carné del gimnasio y los libros, no hay margen para muchas florituras. Cierto. Pero no se indignen todavía. Lo que les proponemos a continuación, aunque no lo parezca a priori, está diseñado para que sus niños coman y que, además, lo hagan sin remolonear durante horas ni dejar la cocina con salpicaduras propias de la escena de un crimen. Al final, hacer platos creativos supone un ahorro de tiempo y de dramas. Así lo asegura el principal gurú mundial de esta disciplina, el británico Mark Northheast, cuyos libros sobre el tema -ya tiene dos publicados, con fotos alucinantes que ilustran que la comida entra por os ojos- son devorados por padres hartos de pelearse con sus chiquitines en la mesa. Él asegura que casi todos sus diseños se pueden hacer en menos de 10 minutos y con un máximo de seis ingredientes fáciles de encontrar -pan, queso, lechuga, tomate, zanahoria, pepino-, porque tampoco se trata de levantar una cúpula bizantina. De ahí su éxito.
Northeast, además, sabe de lo que habla. No bebe de fuentes teóricas, porque es padre de dos niños -Izzi y Oscar- y, de hecho, se convirtió en experto por pura necesidad, para que sus vástagos se terminasen la merienda y se 'atreviesen' con las verduras, la bestia negra que desencadena casi todos los berrinches. Tanto él como sus incondicionales aseguran que poner un poco de imaginación sobre el plato tiene unos resultados espectaculares. Según aconseja, se pueden colar los vegetales -incluso los verdes, que ya son el súmmum de las pesadillas infantiles- sin ningún problema. "Hay que decorar con una mezcla de fruta y vegetales -señala el especialista a elcorreo.com-. De este modo, los niños al principio pueden picar entre los que les gustan y los que no. Pero, con el tiempo, empezarán a probar cosas presentes en el diseño y nuevos ingredientes". Así, si haces una figura con pelos de zanahoria rayada, al principio quizá la retiren, pero acabarán comiéndosela cuando dejen de verla como una amenaza.
Un gran aliado para las creaciones es el tomate. A muchos chiquitines les repugna su sabor, quizá por su acidez o su textura "o por las semillas de su interior", destaca Northeast, quien aconseja usar la variante 'baby cherry' al principio, porque además de su bonita forma y color es muy versátil para crear seres graciosos, sobre todo "para hacer ojos". Porque, si hay una verdad irrefutable en este asunto de seducir a los peques con la comida, es que todo lo que tiene ojos -las aceitunas sin hueso también son muy útiles- les sabe mejor. Y hay otra certeza también inapelable: cuanto más les gusta un personaje creado con comida -Nemo, Hello Kitty!, Bob Esponja o cualquiera de sus animales favoritos- con más voracidad lo hacen desaparecer. Un misterio este rasgo del 'cuanto más te quiero, más te muerdo'. Mark Northeast tiene su propia explicación: "Esa parte divertida de la comida es nueva para ellos, cómo un aburrido plato de comida se convierte en algo de lo que reírse. Si un niño tiene la oportunidad de probar un alimento que es, por ejemplo, una parte corporal, entonces obtiene una gran diversión... Ellos prefieren pensar que se están comiendo un ojo, una oreja, un brazo o una pierna antes que otra comida más".
Eso sí, si es usted un artista muy protector con su obra, no haga estos platos, porque su cometido, al fin y al cabo, es acabar en los pequeños estómagos lo antes posible. Vamos, morir entre las mandíbulas de los pequeñines. ¿No da un poco de pena que los simpáticos seres terminen así? "No, nunca -proclama Northeast-. Es muy divertido y satisfactorio ver a los niños comer y probar cosas nuevas". Y no solo eso: con estos trucos, a la vez que les convences de que hay que comer y atreverse con cosas nuevas, también les preparas para el futuro. "Ahora mis niños ya son más mayores y les gusta hacerse ellos sus propios platos divertidos, lo que es bueno para que experimenten con alimentos y se los acaben todos. Además, desarrollan sus habilidades creativas y, cuando tengan sus propios hijos, podrán enseñarles". Al final, la receta del éxito es sencilla: una buena y esponjosa base de paciencia -que amortigue las inevitables pataletas- y una pizca de imaginación para que la hora de comer deje de ser un martirio y se convierta en un rato agradable para grandes y chicos.









