El Correo Digital
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 12 / 27 || Mañana 14 / 25 |
más información sobre el tiempo
Temas de ocio
Estás en: > >
Boxeando junto al puente de Brooklyn

DE VISITA EN GLEASON´S GYM

Boxeando junto al puente de Brooklyn

20.02.13 - 11:47 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Boxeando junto al puente de Brooklyn
La estantería del Gleason´s Gym repleta de material de boxeo. Arriba, a la derecha, Hector Roca junto a la actriz Hilary Swank. /Fotos: J.Echevarría

Fue allí, sentado en una silla verde y medio rota, donde vi la foto. Estaba disfrutando de los cientos de instantáneas que Héctor, un septuagenario panameño con históricos combates a sus espaldas, conserva sobre la pared de su despacho y, de pronto, una despampanante Hilary Swank apareció en escena. Tenía a su lado a otro de los grandes. Clint Eastwood esbozaba una sonrisa abrazado a la oscarizada actriz, que a su vez rodeaba con el brazo al hombre que en ese preciso instante buscaba un par de botas que prestar a quien escribe estas líneas. Las baldas de su oficina estaban repletas de guantes, vendas, manoplas, botas y cascos hartos de golpes. En el acogedor desorden que imperaba en aquella habitación de escasos doce metros, el viejo 'coach' de grandes campeones como Arturo Gatti y el recientemente fallecido Héctor Luis Camacho Matías, más conocido como 'El Macho Camacho', parecía relajado. Para quien no sepa de qué hablamos, basta con subrayar que Héctor Roca fue uno de los artífices de la grandeza de 'Million Dollar Baby': instruyó a Swank y aportó parte de su sabiduría boxeística al laureado film.

Un par de frases en inglés sirvieron para trasladar a la recepcionista afroamericana del Gleason's Gym -se trata de uno de los gimnasios más importantes de Nueva York- mi deseo de pasar allí la mañana. No hubo problema, fue pagar y entrar. Había conseguido bajar en metro desde el centro de Manhattan hasta la parada York St., en sentido Downtown, y con la referencia del Brooklyn Bridge (a unos doscientos metros del local) logré plantarme frente a las estrechas escaleras de un antiguo edificio industrial en Front Street 77. Un morlaco de unas 310 libras (140 kilos) y dos metros saliendo por la puerta con una mochila y un par de guantes de 14 onzas colgados del cuello verificó que me hallaba en el lugar soñado. Pinta de matón, noble sonrisa, me cedió el paso al comprender que sería físicamente imposible pasar por un hueco minúsculo los dos a la vez. Thank you, ¡máquina!

Boxeando junto al puente de Brooklyn

Boxeadores sueltan sus combinaciones en los sacos del Gleason's Gym.

Roca fue amable desde el principio. Me explicó que usar las instalaciones del Gleason's me costaría 20 dólares y que entrenar con él sumaría otros 35 a la cantidad inicial. Serían 55 dólares (unos 41 euros) y podría subir al ring, saltar a la cuerda y golpear a las manoplas que él y su colega Martín -un nicaragüense bajito y con perilla- me colocarían a la vez que corregirían mis movimientos. Un minutero marcaría los tiempos. Asaltos de cuatro minutos, uno de descanso, y un circuito de sacos compaginado con flexiones, abdominales, sentadillas y ejercicios de todo tipo. No haría de sparring, quedó claro desde el principio. Fue agacharme para coger el bocado y Martín negó con la cabeza: «No cojas el protector, no vas a guantear». Poco más que decir, se acabó la conversación.

Gurú de la vieja escuela

Una vez aclarado el asunto, 'mi gimnasio, mis reglas', empezamos a trabajar. Y, ciertamente, no pude evitar sentirme identificado con las palabras de la protagonista de 'Boys Don't Cry', que en un programa confesó: «Roca me empujó más allá de lo que yo pensé empujarme a mí misma, lo hizo hasta la última onza». Él también elogia a Swank siempre que tiene ocasión: «Hilary es una chica muy especial; es como mi hija. Se merece todo lo que ha logrado en su vida. Es muy buena y siempre me tiene presente en sus declaraciones, no como los boxeadores de verdad a los que he preparado y que casi nunca me mencionan».

Metidos en el lío, unos asaltitos de cuerda me pusieron a tono. Después, Roca me dirigió a uno de los cinco rings elevados que dan vida al Gleason's, donde bastaron pocos segundos para ver lo mucho que podía crecer a sus órdenes. «Baja las rodillas. No cruces las piernas. Muévete por los lados. Gira más la mano cuando golpees. No esperes tanto. ¡¡Ahora!!». Me sentía como el legendario De la Hoya soltando combinaciones y atento a los consejos de un gurú de la vieja escuela. Recordar cómo de su boca salió algún elogio sigue poniéndome los pelos de punta, la verdad. Un tío que ha entrenado al difunto Gatti (murió en circunstancias sin esclarecer en 2009 en un hotel de Brasil) y que fue nombrado en la gala de los Oscar ha atendido a mi boxeo, me ha preguntado a ver si voy a combatir en España y me ha deleitado con algún que otro «¡Lindo!» tras una combinación. Es de risa.

Boxeando junto al puente de Brooklyn

Héctor Roca y Martín González posarón conmigo tras el intenso entrenamiento.

Mientras sus pequeños ojos enfundados tras unas gafas miraban desde abajo, arriba, en el cuadrilátero, Martín colocaba las manoplas de forma magistral. «Pegar y que no te peguen. Ese es el arte del boxeo. Por eso entras y sales. Hay que guardar la distancia. De lo contrario te golpean y a dormir».

Este tipo, que se alegró mucho cuando le di recuerdos del preparador y amigo en común Luis Canales -fue quien me recomendó el sitio-, sabía de lo que hablaba. Había hecho un curso profesional de entrenador en Cuba tras disputar más de 100 combates amateur y otros 10 en la máxima categoría. Un día se le salió el hombro y se acabó. Desde entonces se dedica al «arte de entrenar» y al igual que Héctor y los demás 'coaches' tiene toda su ilusión puesta en los chavales. De apellido González, a sus 43 años se confiesa orgulloso de que su hijo siga sus pasos. Al fin y al cabo, «lo lleva en la sangre y es normal que quiera boxear», concluye.

La campeona supergallo

Repasando las fotos, reconozco que me encantó encontrarme a tantas chicas allí. Eran perfectas en la escena. Estaban totalmente metidas en su papel y lo hacían francamente bien. Recuerdo a Roca señalando a la jamaicana Alicia 'The Slick' Ashley, campeona supergallo del Consejo Mundial de Boxeo. Estaba orgulloso. También viene a mi mente un africano (170 libras/77kg) asesinando al saco. Nunca he visto a nadie pegar así en directo. Seco, rápido, joven. Será un campeón, seguro. Sin olvidar a los gemelos Scotty 'Ace' Burrell y Deano 'Bad News' Burrell, que también lucieron por allí sus rastas aquella mañana. Yo no les conocía, pero me ha gustado comprobar que son habituales, además de eficientes, en los cuadriláteros de Estados Unidos.

Boxeando junto al puente de Brooklyn

La campeona supergallo del Consejo Mundial de Boxeo, Alicia 'The Slick' Ashley, coloca las manoplas a uno de los gemelos Burrell. A la derecha, una joven golpea al saco.

Hubo otros tantos trabajando entre los muros del Gleason's aquel día. Pero si alguien estuvo presente en todo momento, tanto allí como en el resto del viaje, ese fue Héctor 'El Macho' Camacho. Mi madre y yo nos quedamos de piedra con la cobertura informativa en torno a su muerte después de recibir un disparo en la cabeza. Univisión, el canal latino más grande de Estados Unidos, abrió todos y cada uno de los noticieros de los ocho días que pasamos allí con informaciones sobre este lamentable suceso. No faltaron sus combates por la noche y llegó un punto en que el encargado de embalsamar al difunto boxeador se convirtió en reclamo informativo, lo que resultó exagerado y un tanto macabro también. Por si fuera poco, el mismo día de nuestra vuelta, cuando ya había pasado una semana del fallecimiento, 'The New York Times' abría la portada de su suplemento deportivo en formato papel con un reportaje sobre el funeral.

Indudablemente, Roca sí era pieza clave en aquella historia. Había estado en la esquina de su tocayo en cinco ocasiones y recordaba con claridad su último combate en equipo, cuando 'El Macho' venció por segunda vez a Roberto 'Mano de piedra' Durán en una pelea épica disputada el 14 de julio de 2001. No hay más que ver el vídeo del combate en YouTube para encontrarse a un Roca más joven atiborrando de consejos a quien para entonces ya se había proclamado campeón mundial de las categorías superpluma, ligero y ligero junior.

Esta relación entre ambos animó a los reporteros de una televisión latina -no logro recordar el nombre- a acercarse al Gleason's en busca de alguna declaración interesante. Y, como uno es curioso y ya había finalizado mi tarea, atendí a los elogios del míster hacia quien un día fue su pupilo. «Camacho era un tipo alegre, un luchador. La última vez que le vi, hace cinco meses, cuando vino de visita, lo encontré contento. Ha sido una lástima lo sucedido», lamentó.

Después de conversar con Héctor e inmortalizar a los chicos haciendo unos guantes, me molesté en fotografiar los recovecos de la extensa superficie de un gimnasio de película, en el que las paredes están gastadas y la luz entra a través de un ventanal. Luego pagué, me despedí y me marché a recorrer la ciudad. Había sido mejor de lo que esperaba y tenía que contarlo. Hasta la próxima, Gleason's; adiós, Nueva York.

TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Pasarelas de moda
Fotos de las propuestas de todos los diseñadores
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.