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Klopp tiene razón

El técnico del Borussia de Dortmund sorprende por su buen juicio sobre el fútbol

13.02.13 - 20:16 -
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Debo reconocer que Jürgen Klopp se ha convertido en una de mis debilidades futbolísticas. (Otra de ellas, Zdenek Zeman, acaba de ser fulminado en la Roma tras llenar el Calcio de goles, bien es cierto que casi tantos en la portería propia como en la rival, por lo que escribo estas líneas con brazalete negro). Comencé a interesarme de verdad por el técnico del Borussia de Dortmund hace un par de años, más o menos, cuando le vi bromear sobre sí mismo en una charla que daba a unos niños. Recuerdo que me llamó la atención su sentido del humor y que su mirada azul y sus gestos enfáticos me trajeron a la memoria al primer hippy que vi en mi vida. Era éste un joven veraneante alto, rubio y desgreñado que, en los primeros años setenta, paseaba por las calles de mi pueblo marinero con una túnica blanca, una coleta, collares de cuentas y sandalias de predicador. Se rumoreaba que tenía una inteligencia portentosa, tanta que se había pasado de rosca y había terminado un poco grillado. Desde entonces, le sigo con atención. A Klopp, se entiende. Al hippy dejamos pronto de verle. Unos dijeron que se había marchado a Estados Unidos, otros que se había metido en una secta y algunos que se había ido con un circo, como Aureliano Buendía.

El entrenador del Borussia de Dortmund ha pasado unos días de ‘stage’ con su equipo en La Manga y concedió una entrevista al diario ‘El País’, que la publicó el pasado lunes. En general, sus declaraciones no tuvieron desperdicio. Daba gusto verle hablar como un hombre de club que se siente responsable del espectáculo que da a las 80.000 personas que asisten a los partidos en el Westfalenstadion, y que ya disfruta de antemano con los chavales de la cantera a los que entrenará en 2016. No me imagino a este hombre ensalzando los trofeos que ha ganado él en lugar de los que ha logrado su equipo, como un narciso lusitano que yo me sé. Todo lo que Klopp dijo a Diego Torres y Cayetano Ros fue interesante, pero una de sus reflexiones me llamó poderosamente la atención. Decía así. «No me interesaría tener a Xavi, Messi y Cristiano en el mismo equipo... Ser mejor de todas todas es como si me pongo a jugar al tenis contra una niña de tres años y estoy al otro lado y remato con fuerza y la niña está ahí de pie con la raqueta... No es divertido. Pero si al otro lado hay un hombre y jugamos al ping-pong, si gano está bien y, si no gano, probablemente me haya divertido. Para los aficionados es como una droga. Yo no solo quiero ganar, ¡también quiero sentir!»

Me entraron ganas de aplaudir, la verdad. Que un técnico diga que no le interesaría tener juntos en su equipo a Xavi, Messi y Cristiano porque no le interesa ser el mejor de todas todas y ganar abusando de sus rivales, como lo harías jugando al tenis contra una niña de tres años, me pareció revolucionario. Inaudito. Yo al menos no había escuchado nunca algo así en boca de un entrenador. Lo que todos hemos escuchado infinidad de veces es justo el discurso contrario. El deseo de acaparar a los mejores jugadores es visto como algo lógico y natural. Si pudiendo tener a los once mejores jugadores del mundo decides no tenerlos, en el fútbol actual serás visto como un imbécil por la gran mayoría de los aficionados y de los medios de comunicación. ¿Cuál sería el sueño imposible de personajes como Florentino Pérez, Abramovich, Mourinho o el jeque Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, por no hablar de cientos de millones de hinchas en todo el mundo obsesionados con la victoria de sus equipos cueste lo que cueste y sea como sea?

Estoy totalmente de acuerdo con Klopp. Es más, diría que, si mi equipo es el Athletic, es porque pienso como él, hasta el punto de que nunca he entendido muy bien las alegrías que se llevan los aficionados de equipos que no dejan de ser selecciones mundiales. Salvo tres o cuatro partidos al año ante rivales de su misma entidad, creo que lo que hacen el Real Madrid y el Barcelona a lo largo de la temporada es algo parecido a ganar al tenis a la niña de tres años. ¿Qué mérito tiene eso? ¿Acaso puede ser divertido el abuso? Está claro que para algunos sí. Es más, para algunos el abuso absoluto sería el sinónimo exacto del éxito total. ¿Qué gran virtud adorna a Florentino Pérez, un presidente que es visto por buena parte del madridismo como un ser superior pese a su pobrísima gestión deportiva, que no sea la de ser percibido como un negociador todopoderoso, invencible con el talonario en la mano y capaz, por tanto, de fichar a las mejores estrellas?

Otros necesitamos sentir, como dice Klopp. Sentir que la lucha nos obliga a superarnos. Sentir la frustración para poder sentir la felicidad. Y sentir que luchamos por algo que trasciende al resultado y nos obliga a actuar con grandeza tanto en la victoria como en la derrota. Qué quieren que les diga. Me gustaría pensar que el Athletic y Jürgen Klopp están condenados a encontrarse algún día.

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