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El vigía de Santoña

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El vigía de Santoña

De ruta por el monte Buciero, entre monumentos naturales, fuertes militares y pecios históricos

15.02.13 - 19:05 -
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Su cima se sitúa apenas a 240 metros de altitud sobre el nivel del mar y oculta varios tesoros naturales y arqueológicos dignos de ser visitados. El Buciero, el vigía de la bahía de Santoña, es ese monte costero que se asoma a las aguas del Cantábrico de manera abrupta al final del paseo marítimo de la localidad cántabra. Hoy os proponemos ascenderlo de una manera diferente: en bicicleta de montaña. Cuenta con algunas rampas complicadas por el piso de piedra y también hay algún tramo de escaleras, pero coronar su cúspide pedaleando y dejarse caer por sus laderas es una experiencia única.

La ruta cuenta con poco más de 20 kilómetros y nos permitirá también dar un paseo en barco, conocer la centenaria prisión de El Dueso y las formidables playas de La Salvé (Laredo) y Berria (Santoña), así como contemplar la bahía en cuyas entrañas descansan pecios de gran valor histórico y arqueológico. También visitaremos algunas de las estructuras que forman parte del complejo de fuertes, baterías y polvorines más grande de España. Todo el Buciero está plagado de vestigios militares. Conviene encarar la excursión con calma, es decir, tomarse con filosofía los tramos en los que tendremos que echarnos la bicicleta al hombro.

Nuestra jornada empieza en el Puntal de Laredo, junto al Real Club Naútico de Laredo. Allí existe un aparcamiento público y gratuito donde dejar el coche. Justo detrás de los establecimientos hosteleros que rodean el parking se abre una senda de madera que nos conduce directos al pequeño barco que nos llevará a Santoña. Antes de montar podemos disfrutar del arenal de La Salvé, uno de los más largos y bellos de la costa cantábrica.

Tendremos cuidado al montar a bordo, ya que deberemos subir por la pasarela con nuestra bicicleta al hombro. El viaje dura unos pocos minutos -apenas se recorren unos 350 metros- pero resulta encantador. Ya en los muelles de Santoña nos aprovisionaremos de agua en el parque y nos dirigiremos hacia el final del paseo marítimo.

Nuestro primer objetivo será el Fuerte de San Martín, que cuenta con una planta con acabado circular muy peculiar. Se construyó a comienzos del siglo XVII y cuenta con 2.700 metros cuadrados de superficie. Tras admirar su imponente arquitectura, volveremos sobre nuestros pasos para girar hacia la derecha e iniciar la ascensión propiamente dicha.

En el primer kilómetro subiremos entre callejas y también a través de un cerrado bosque. Posteriormente nos acercaremos más a la costa y podremos ver escarpados acantilados. Inevitablemente deberemos hacer parte de las últimas rampas con la bicicleta a cuestas. No pasa nada, el descenso no está lejos. Antes, desde la cima las vistas son espectaculares: una sinfonía de verde arbolado que se mezcla con el verde esmeralda del mar y los matices caqui de la arena.

El descenso, en el que tendremos precaución, nos conducirá por caminos estrechos y algo complicados. Abajo, a nuestra derecha queda el Faro del Pescador, otro de esos sitios increíbles que esconde el Buciero. La bajada termina junto a la playa de Berria y el Penal de El Dueso. La cárcel, que tuvo un gran protagonismo durante la Guerra Civil, es también famosa por otras curiosidades: en una de sus celdas apareció ahorcado Rafi Escobedo, autor del crimen de los Marqueses de Urquijo.

El centro penitenciario guarda una relación especial con el mundo de la bicicleta de montaña. Una vez al año se celebra dentro de sus muros un duathlon cross muy peculiar. Sólo 35 o 40 atletas puedan inscribirse. Estos participantes comparten línea de salida con los internos, que también se prestan a marcar el circuito que se recorre a pie y en bicicleta. Los que han competido allí afirman que es una experiencia única y que a algunos de los presos que les apasiona el mountain bike no paran de animar.

Nuestra excursión concluirá en el centro de Santoña, donde antes de coger el barco para regresar a Laredo podremos degustar la rica gastronomía marinera de sus bares y tabernas. Todo sea por reponer las fuerzas gastadas en el Buciero.

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