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Pastillas con mucho juego

'gadgets' para guitarristas

Pastillas con mucho juego

Seis cuerdas y unos receptores de sonido son la base para la guitarra eléctrica, cuya evolución y variedad de usos incluye ahora las videoconsolas

15.02.13 - 10:16 -
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Los rockeros le deben mucho, casi todo, al jazz. Desde que aquellas formaciones de Dixieland llevaban el primitivo espíritu de Nueva Orleans a los desfiles y garitos, allá por los años veinte, la guitarra ha conocido más gloria que en toda su historia anterior. Los metales de las bandas hacían imposible escuchar las seis cuerdas, así que se optó por usar las cuatro –y media, como quien dice– del banjo. Y es que la pandereta-resonador de este último le otorgaba un mayor volumen que el de sus parientes acústicas. Esto dio lugar a los banjos de seis cuerdas, así como también a la línea de investigación para amplificar las guitarras.

Por un lado estaban las soluciones que buscaban volumen con medios acústicos, como, los bizarros altavoces metálicos a modo de embudos, o el feliz hallazgo de los hermanos Dopyera, bautizado 'dobro' (apócope del apellido y la palabra 'brothers'). En este caso, un cono de aluminio –al que a veces se sumaba un cuerpo de latón– permitía tocar más alto. El invento fue más usado por los bluesmen que actuaban en ruidosos garitos, pero ha encontrado también su filón en el rock, con ejemplos como el albino Johnny Winter, el exitoso Mark Knopfler o el salvaje Eric Sardinas.

En otra línea de trabajo, pioneros como Gretsch, Fender, Bigsby o Gibson indagaban en el uso de bobinas de alambre, para crear electroimanes que generaran unos campos magnéticos en los que la vibración de las cuerdas metálicas sería captada. Y, lo más imporante, sería susceptible de ser amplificada. Este es el principio de la guitarra eléctrica, que pronto luciría esos fonocaptores –denominados 'pastillas' – en cuerpos sólidos, para reducir el feedback. Vamos, el típico pitido-acople que no puede faltar en el micrófono usado para los discursos de las cenas de empresa. Con el prototipo 'Leño' de Les Paul para Gibson o la Broadcaster –luego, Telecaster– de Fender, la guitarra eléctrica maciza nacía en los últimos años 40, para unirse poco después al nacimiento del estilo que abanderaría, el rock and roll.

Desde entonces, los iconos de este estilo aparecen en la imaginación de cualquiera fusionados con diversas 'hachas'. Hendrix, con su Fender Stratocaster. Angus Young, con la Gibson SG que 'huele' a AC/ DC. Slash, Jimmy Page o Neil Young, con su inevitable Les Paul. Bruce Springsteen o Keith Richards, a la Telecaster. Chuck Berry o BB King, a una Gibson 335 pegados.

Pero el dúo guitarra-amplificador fue ampliándose poco a poco desde los años 60. Los pedales de efectos permitían procesar la señal antes de lanzarla a los oídos más o menos vírgenes de los jóvenes, con colores sonoros como el fuzz, el chorus, los ecos, el flanger, el wah wah o el phaser, entre otros. La versatilidad del instrumento fue creciendo en los 70 y, a finales de la década, empezaron a surgir las guitarras sintetizadas y MIDI, que abrían un nuevo campo de juego. En los últimos años, Gibson ha comercializado las guitarras Robot, capaces de afinarse a sí mismas con unos motorcitos en el clavijero. Y, entre todo ello, ha surgido un sinnúmero de 'gadgets' e iniciativas que pueden volver loco a cualquier guitarrista.

La afición a la guitarra y la tendencia adolescente al 'air guitar' –coreografía en playback con un instrumento imaginario– se tradujeron en videojuegos como Guitar Hero. El mando tenía forma de guitarra y había que darle a unas teclas y sensores, ajustando tiempo y cadencia. No hacía falta saber ni afinar. Pero, como contaba hace un par de años John 5 –auténtico 'héroe de la guitarra' con Marilyn Manson, o Rob Zombie–, “intenté jugar a Guitar Hero y no podía. Así es: yo no sé jugar al videojuego y quien juega no sabe tocar la guitarra. Son dos cosas muy, muy, muy diferentes”.

Jugar con una guitarra de verdad

Hasta ahora. Recientemente, la casa Ubisoft ha desplegado en las videoconsolas Playstation 3 y Xbox 360, así como en el PC, su 'Rocksmith', “el primer y único juego al que puedes conectar una guitarra o bajo de verdad”, anuncian. Ya se trate de un músico profesional o de alguien que en su vida ha cogido las seis cuerdas, el usuario puede participar en minijuegos y ensayar técnicas –slide, bendings, slapping, popping o cuerdas muteadas, entre otras– temas como el 'Satisfaction' stoniano, el 'Higer Gound' en versión Red Hot Chili Peppers, 'Sweet Home Alabama' de Lynyrd Skynyrd, 'Are You Gonna Go My Way?' de Lenny Kravitz y una amplia colección de canciones de Cream, Black Keys, Animals, David Bowie, Kings of Lion, Soundgarden, Stone Temple Pilots, Nirvana, Blur, Pixies o Velvet Revolver. El invento se adapta continuamente al nivel de habilidad del jugador, que puede hacer bolos y conseguir bises si lo hace bien.

La clave está en un cable especial de jack de cuarto de pulgada (el estándar de los instrumentos) a USB. Así, cualquier guitarra o bajo real pueden convertirse en el mando del videojuego. La cosa sería como tener la pantalla en el parabrisas de tu propio coche para un juego de conducción, manejado con el volante, la palanca de cambios y los pedales.

La simbiosis entre lo real y lo virtual también se refleja en la Stratocaster USB Squier de Fender que permite la conexión directa a un iPhone, iPad, iPod touch, Mac o PC. Además de la salida normal –para enchufarse a un amplificador–, el instrumento dispone de un “conector de USB tipo Mini-B con streaming de audio bidireccional”, con cables que terminan en la medida USB estandarizada o el conector de iOS de 30 patillas. Junto a software como Garage Band, uno puede grabar y componer en su propio teléfono, reproductor MP3 o tableta Apple y, además, escucharse a través de la entrada de auriculares estéreo de 3,5 milímetros que posee la Strato.

Larga vida al rock y a sus seis cuerdas, aunque los grandes del género sigan prefiriendo las guitarras eléctricas más clásicas. Y, si son antiguas, mejor. Pero esa es otra historia.

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