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Marsella, una ciudad levantada alrededor de un puerto

escapada a la francia más multicultural

Marsella, una ciudad levantada alrededor de un puerto

La capital europea de la Cultura en 2013 resume en sus calles el estilo de vida francés y africano

14.02.13 - 16:26 -
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Un hermoso puerto que ocupa el centro de la ciudad, una avenida cosmopolita con tiendas de las mejores marcas donde antes hubo viejos cafés y terrazas, una basílica bizantina cuyo mirador tiene una vista increíble, un barrio céntrico con olor a cuscús, ropa colgada en ventanas y terrazas a todas las horas del día. Todo eso se encuentra en Marsella, la capital europea de la Cultura (junto a Kosice, en Eslovaquia) en 2013. Una ciudad dura, en la que conviven muchas etnias y se escucha hablar en numerosos idiomas. Hace no más de veinte años, era un punto negro de Francia en cuanto a la seguridad ciudadana y, quizá por eso mismo, el centro de la extrema derecha. Hoy, tras un costoso proyecto de relanzamiento, es una ciudad vital y colorista, habitada por gente ruidosa que disfruta de cada momento del día.

La visita suele comenzar en la enorme estación ferroviaria que se levanta sobre una de las colinas. Primer descubrimiento: Marsella es una ciudad de orografía muy irregular que se ha construido en torno al Vieux Port, una ensenada de forma rectangular y escaso calado. Ello obligó a construir un nuevo puerto no lejos de allí, de forma que el viejo queda reservado a las embarcaciones de recreo. En verano los veleros y los yates se cuentan no ya por cientos sino por miles.

De la estación al Vieux Port se llega descendiendo unos centenares de metros por el Boulevard d’Athènes hasta la Canebière, la gran avenida que articula la ciudad. Hasta los años setenta, ese tramo de la Canebière que va hasta el Vieux Port estaba repleto de grandes cafés y terrazas donde gente llegada de todo el mundo –muchos turistas, pero también numerosos marroquíes, mauritanos y argelinos, además de marselleses– miraban el paso de la vida. Ahora, las tiendas de marca han invadido los locales y los viejos cafés han sido sustituidos por franquicias de hostelería de esas que son idénticas en cualquier lugar del mundo. Solo en la parte alta de la calle, la que va del cruce con Athènes hacia el interior, pueden verse aún algunos de esos cafés donde franceses e inmigrantes se toman el inevitable pastis.

Caminando hacia el Vieux Port, el viajero dejará a su derecha el barrio de Belsunce. Aquí huele a cuscús y puede comprarse de todo, lo mismo en tiendas convencionales que en puestos callejeros: de electrónica de consumo a especias pasando por artesanía del barro cocido. Volviendo a la Canebiére, el turista llega hasta el soberbio edificio de la Bolsa. Desde allí se ven ya los mástiles de los barcos amarrados en el puerto.

Marsella, una ciudad levantada alrededor de un puerto

Interior de Notre Dame de la Garde.

Antes de llegar al Vieux Port, conviene tomar un autobús y subir hasta la basílica de Notre Dame de la Garde, una construcción neobizantina que impresiona por su decoración y por los medios precisos para levantarla (una placa informa de las cifras más significativas). Pero lo más notable del lugar es la vista que se contempla: desde los 160 metros de altura que tiene la colina, se divisa el puerto y toda la línea de la costa, lo que ofrece al visitante una panorámica general de la ciudad muy útil a la hora de orientarse en su paseo. Se ve también, en un islote, el castillo de If, del que escapa Edmond Dantés, el conde de Montecristo, para iniciar una nueva vida y vengarse de quienes lo traicionaron.

Al regresar al puerto, el turista puede hacer un alto en el camino en el cours Honoré D’Estienne D’Orves, una plaza enorme (o una calle peatonal ancha, como se prefiera) sin demasiado atractivo arquitectónico pero repleta de restaurantes y terrazas de todo precio y condición. O puede caminar hasta el lado norte del Vieux Port y, pasado el antiguo Ayuntamiento, comer en cualquiera de los chiringuitos situados bajo los soportales –también los hay de todo tipo, pero abundan las marisquerías–, contemplando el bosque de mástiles. Justo enfrente está la basílica que acaba de visitar.

Marsella, una ciudad levantada alrededor de un puerto

Panorámica del Vieux Port

La dársena es un espectáculo y las dos fortalezas que protegían la entrada ofrecen una vista inigualable sobre la misma. El paseo se prolonga hasta la catedral de Santa María la Mayor, un edificio que se parece lejanamente a La Garde. Aunque en esa zona lo que tiene más interés es el barrio de Le Panier. Dicen los marselleses que ahí está el corazón de la ciudad, su ambiente más genuino. Calles estrechas, casas con fachadas desconchadas, pequeñas tiendas que parecen tener un siglo, ropa tendida en cualquier parte, niños semidesnudos jugando a policías y ladrones (¿cuánto tiempo hace que no ve eso en su ciudad?). Y, en el centro del barrio, el Museo de la Vieille Charité ocupa lo que hace siglos fue una institución de acogida de desheredados y enfermos sin recursos. Hoy es un conjunto de museos, centros culturales y académicos.

Hay otras muchas cosas interesantes en una ciudad que parece inagotable, como un espectacular Museo de Bellas Artes y una Ópera de gran tradición. Y la calle. Esas calles repletas de vida. Toda Francia y buena parte de África se encuentran en Marsella.

De compras

Marsella, una ciudad levantada alrededor de un puerto

A la izquierda, ropa tendida en una calle de Le Panier. A la derecha, un niño semidesnudo juega en una calle de Le Panier, cerca del Vieux Port.

Como en cualquier gran ciudad europea, en Marsella están todas las cadenas comerciales importantes. Hay, sin embargo, algunas curiosidades. Como la abundancia de chocolaterías y tiendas de repostería, situadas sobre todo en el barrio de Le Panier. En la Canebière, rodeada por tiendas de ropa de marcas multinacionales, está uno de los establecimientos de La Cure Gourmand, una franquicia que vende pastas y dulces de todas las variedades imaginables y excelente calidad (el precio está en relación directa).

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La Canebière, principal avenida de Marsella.

Con todo, las tiendas más numerosas son las de jabones de Marsella. También en la Canebière se encuentra una de las más bellas: allí los jabones, en barra o en pastillas de forma irregular, se venden al peso. En cualquier tienda –abundan sobre todo en las proximidades del Vieux Port– se encuentran jabones ordenados por aromas. Hay decenas de ellos.

Aunque la capital de la lavanda no es Marsella, el turismo ha propiciado que esta ciudad esté también invadida por establecimientos donde la venden en elegantes bolsas bordadas, rústicos sacos, perfumes... Por cierto, esa flor huele muy diferente a la colonia de lavanda que todos conocemos.

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