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Flynn McGarry, un niño prodigio de los fogones

promesa de los foGONES

Flynn McGarry, un niño prodigio de los fogones

Empezó a cocinar con diez años porque no le gustaba la comida de su madre y ahora con catorce, ha conquistado los paladares más exquisitos desde los mejores restaurantes de Estados Unidos

13.02.13 - 18:28 -
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Cocinar no es un juego de niños. O por lo menos no lo era hasta ahora. Flynn McGarry acaba de pulverizar esta afirmación. Con tan solo 14 años, este vecino de San Fernando Valley, al sur de California, se ha convertido en un fenómeno culinario en todo el mundo. Hay quien avisa al propio Arzak de que empiece a temblar. Y no es de extrañar porque con solo echar una ojeada a su currículo a uno le entra hambre de todo. No tiene restaurante propio, pero su aplomo y ciencia en los fogones le ha valido ya el reconocimiento de grandes chefs estadounidenses.

Algunos, incluso, han trabajado con él en sus cocinas, como Kris Morningstar, Daniel Humm, James Kent y Maxime Bilet, que han tratado de enseñarle sus trucos y ser sus cicerones en el arte de dar de comer. Pero lo cierto es que cuando le recibieron en sus casas McGarry ya sabía muy bien lo que se hacía. Su primer acercamiento a las cazuelas fue a los diez años. "Odiaba la comida de mi madre", dice. Y a ella, de nombre Meg, cocinar no le gustaba mucho... así que cuando el pequeño se puso a trastear no le importó demasiado. “Estaba viendo Food Network en la tele y pensé: 'Esto lo puedo hacer'”. Efectivamente, así fue. Eso y mucho más.

Lejos de alejarle del fuego, Meg apoyó los primeros pinitos de su hijo en la cocina. Además de hacer de pinche, le compró toda clase de libros para que mejorase su técnica. Y empezó desde abajo: aprendiendo los cortes más básicos. De ahí fue subiendo escalones con sus lecturas. De los libros que mejor recuerdo guarda destacan dos: la guía del chef Thomas Keller titulada 'The French Laudry Cookbook' y el 'Alinea' de Grant Achatz. Éste último, además, fue su introducción en la cocina molecular, sí, esa que llevó a El Bulli a lo más alto.

Un club de cenas

Como la cocina de casa se le quedó pequeña, Flynn decidió que su habitación se convertiría en un laboratorio para seguir con sus experimentos. Su hermana, Paris, le apoyó en la decisión. Y su madre aceptó el trato: los resultados formarían parte de los menús para las reuniones con los amigos de ella. Al fin y al cabo necesitaba conejillos de indias y quién mejor que gente de confianza que dijera sin miedo lo que pensaba. Debió ser bueno porque Meg se puso en serio a trabajar -"como gerente y como reacia friegaplatos"- con su hijo en un nuevo proyecto: el club Eureka.

Se trata de un servicio de cenas que empezó sirviéndose en su casa o a domicilio. El menú, tipo degustación, varía según el mercado e incluye entre ocho y doce platos. En la actualidad tiene un precio de 110 euros -"ajustado, porque cada vez trabajamos con mejores productos", dice- y ya no se sirve en cualquier sitio. Flynn ha conseguido trabajar en las mejores cocinas americanas. Uno de sus últimos servicios fue en el reconocido restaurante de Beverly Hills BiersBeisl, donde dio de comer a 160 personas y puso al chef residente a sus pies. Pese a todo, él se lo sigue tomando "como una diversión, no como un negocio". Al menos todavía.

Clases a medida

Sin embargo, antes de este éxito rotundo, el chico ya había ido sembrando semillas. De hecho, ha trabajado con los mejores. Por ejemplo, en el restaurante Eleven Madison Park, de Nueva York, que tiene tres estrellas Michelin; en el Ray's de Los Ángeles, practicando cocina mediterránea; y en Playa, también en esta última ciudad, y eso sólo por mencionar tres lugares.

Pero ¿cómo compagina todo esto con las clases normales de un adolescente? Pues también en esto es original. Flynn no va al colegio, pero sí estudia. Lo hace a través de Internet mediante un programa especial que oferta la escuela privada Laurel Spring. Así puede organizar sus estudios y compaginarlos con los fogones. Porque para Flynn cocinar ya no es un juego. Su objetivo es claro: montar un restaurante propio y colgarse tres estrellas Michelin. Y si con 14 ha logrado todo esto, en diez años quién sabe a dónde llegará.

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Flynn McGarry, un niño prodigio de los fogones
Flynn McGarry cocina en el restaurante Playa de Los Ángeles uno de sus menús degustación./ diningwithflynn.com
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