Ya se mueven. Los zapatos que pisarán las calles la próxima primavera-verano empiezan a enseñar los taconcitos y empeines. Lo hacen desde los escaparates. Con el temporal que vivimos desde hace semanas, ahora suena a risa, pero el chaparrón amainará y la nieve y los charcos dejarán paso a una sabana por donde corretearán modelos verdaderamente salvajes. Advertidas quedan. El peligro acecha en forma de tentadores tacones extremos de hasta 16 centímetros, sandalias ‘jaula’ inspiradas en las colmenas, zapatos bordados, que reivindican el oficio de los viejos artesanos, y sandalias de ciencia-ficción que invitan a viajes espaciales con tonalidades metalizadas e irisadas. Es el momento del efecto flúor.
Conviene no perder el tren en el trayecto que está a punto de arrancar. El espíritu colorista de África se acomodará en los pies atrevidos. Pasear por las calles será lo más parecido a un safari por Kenia. Los tacones de aguja y el ‘animal print’ dibujan una escenografía auténticamente tribal. Ningún zapatero de lujo se queda atrás y cada uno se monta su zoo particular. Con mezclas de texturas, Jimmy Choo apuesta por las divertidas rayas de cebra, Christian Louboutin reivindica la finura de la piel de serpiente acomodada sobre plataformas en formato XL –a la crisis no hay mejor manera que pisotearla a lo grande– y Rolando Mouret destella briznas singulares estampando hasta los tacones. ¿Quién se atreve a hablar de seriedad en tiempos tan convulsos? Los botines con motivos de antílope se acompañan en tonos fluorescentes.

Las sandalias jaula triunfarán la próxima primavera.
Jamás los pequeños detalles resultaron tan determinantes. Nadie se imagina una fiesta de lo más plana. Vale que algunos diseñadores atemperen sus excesos e impongan tacones sensatos de sólo tres centímetros para los looks diarios, pero la noche es otro cantar. Es el vértigo. Asomarse a los tacones ‘extreme’ reproduce el temor a las alturas. Giuseppe Zanotti seguramente volverá a hacer las delicias de ese icono llamado Lady Gaga con sus botines asteroide plagados de pinchos y tachuelas. El futuro ya está aquí. A 16 centímetros del suelo. Caminar con ellos y salir ileso se antoja casi un milagro. Miu Miu rinde homenaje al rey del glam (David Bowie) con sus sandalias ‘glitter’ en tonos rosas. No se puede brillar más. Clásicos como Valentino certifican la inmortalidad de los tacones infinitos. Siempre en punta.
Un juego de lo más perverso
Las sandalias jaula son un juego de lo más perverso. Una trampa. Quien meta los pies en ellos, ya no los sacará. Marcarán tendencia. Serán la sensación (tentación) de los próximos meses. Jason Wu corona los empeines con pedrería. Si Alexa Chung los luce, no hay duda: pónganselos. Se llevan. Son la sofisticación revestida de sensualidad. A nadie se le escapa tampoco su componente sadomaso con tanta rejas, mallas, transparencias y detalles metálicos. Los empeines cogen vuelo en forma de ‘t’.

Tacones altísimos con motivos tribales.
En medio de tanto viaje al futuro, reviven los aires de Frida Khalo con los bordados exóticos . A la explosión étnica se suman los motivos mexicanos de Barbara Biu y las influencias brasileñas de Rupert Sanderson. Ralph Lauren revisa esta tendencia con adornos florales mientras Balmain continúa enganchado a lo más barroco.
Si las sneakers (zapatillas deportivas con plataforma camuflada) pierden comba sin llegar a caer del todo en el ostracismo, pese al empeño de Isabel Marant, nadie discute la tiranía de las sandalias. Si cada vez asoman más en invierno, en verano no hay quien las tosa. Metalizadas o con brillos fríos, con destellos dorados o plateados, lo mismo evocan el efecto arcoíris que el modelo sirena... Son las reinas. Sin rastro de los ‘peep toes’, los ‘pumps’, o sea, los zapatos ‘de salón’ que ya llevaban nuestras abuelas, toman el relevo. En realidad, nunca han desaparecido como el ‘nude’, que rescata su vieja hegemonía. El ‘nuevo nude’ coge color y abandona su lado más señorial, paseándose esta vez con aires tribales, de la mano de Giambattista Valli, elevándose sobre plataformas extremas, revistiéndose de encaje o sacando lustre con el brillo del resucitado charol. Charlotte Olympia se inclina por el vil metal con sus plataformas doradas y Louboutin muestra el lado más transgresor con las inevitables tachuelas, que se resisten a desaparecer de una vez por todas.

Parisinas con diferentes estampados.
Pese a tanto safari por la sabana y excursiones galácticas, siempre quedará la opción más plana (y cómoda). Las ‘slippers’ juegan a ser de todo un poco: mezclan la versatilidad de las bailarinas y los mocasines de toda la vida. Llegan de todas las maneras: de estilo marinero, con estampados de rayas, o cargadas de espíritu folk, con ‘print’ en zig zag. Los tonos flúor y dorados o el mismísimo terciopelo se apuntan a quienes pisan el suelo sin riesgo de caer por una mala pisada. Más a ras de suelo es imposible.










