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¿A setas o a rolex?

DESMARQUES

¿A setas o a rolex?

El juicio a los implicados en la Operación Puerto ha provocado situaciones que oscilan entre el surrealismo y la irrealidad

09.02.13 - 11:19 -
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Si el crédito del deporte español en todo lo relacionado a la lucha contra el dopaje era ya bastante escaso, me temo que el juicio a los implicados en la famosa Operación Puerto lo ha convertido en inexistente. A las sesiones en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid han asistido un buen número de periodistas extranjeros, todos ellos expertos en ciclismo y en dopaje, que son objetivamente dos cosas muy distintas pero, a fuerza de ser sinónimas tantas veces, han dado lugar a esa doble especialización profesional. No hay redacción que se precie que no tenga a un buen cronista que sepa relatar las carreras ciclistas con todo su carga de profundidad épica y, a la vez, pueda hablarte con absoluta propiedad de hematocritos, hormonas, enmascaradores como el hidroxietil y fármacos como el Norditropin Simplex. Yo creo que si esta gente no va al Tour o a la Vuelta con un vademécum es porque ya se lo sabe todo.

A esos periodistas extranjeros, a esos colegas italianos, franceses, británicos, estadounidenses, alemanes y australianos, quería referirme. Lo digo porque sé de buena fuente que han vivido una experiencia inolvidable y las experiencias inolvidables que los extranjeros viven en tu país siempre te despiertan la curiosidad. Yo estoy convencido de que, dentro de unos años, cuando ya estén jubilados y vayan por ahí contando las viejas batallitas del oficio, muchos recordarán aquellos días del invierno de 2013 en Madrid. En concreto, recordarán ese momento histórico en el que el doctor Eufemiano Fuentes preguntó a la jueza Julia Patricia Santamaría si quería que identificase a los deportistas a los que trató en su consulta y ésta le contesto que no, que no hacía falta.

Fueron unos segundos memorables de surrealismo e irrealidad. Básicamente, ellos estaban en Madrid por si, a lo largo del juicio, se daba la casualidad de que el inteligente y escurridizo Eufemiano Fuentes se decidía a revelar la identidad de los deportistas a los que trataba. No era fácil confiar en ello, la verdad. Y es que no era fácil encontrar razones que empujaran al médico canario a desvelar los nombres de los deportistas a los que pertenecían las bolsas de sangre que la Policía intervino durante las requisas de la Operación Puerto. ¿Para qué iba a hacerlo? Al fin y al cabo, sólo le acusaban de un delito contra la salud pública y pedían para él una pena de dos años de cárcel que no iba a cumplir y una multa irrisoria. En realidad, y ellos como veteranos periodistas lo sabían bien, lo que más molestaba a Fuentes de su paso por los tribunales era que le obligaba a una exposición pública muy incómoda durante varias semanas. El resto le traía sin cuidado. Es más, tampoco puede descartarse que incluso disfrutara un poco sintiendo durante unos días el terrible poder de su dedo acusador. Si una sola palabra de Jesucristo bastaba para sanar, una sola palabra de Eufemiano bastaba para destruir una reputación. Insistimos: las esperanzas eran mínimas. Y, sin embargo, el milagro se produjo: Fuentes se ofreció a realizar la identificación.

Un silencio sobrecogedor de expectación se apoderó entonces de la sala de vistas. Si alguien llega a encender una cerilla en ese instante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid hubiera saltado por los aires. Era una oportunidad histórica. Días después de que la confesión de dopaje de Lance Armstrong provocara un terremoto en todo el mundo, por fin iba a conocerse la gran verdad oculta del deporte español. El escándalo iba a ser tremendo. A Julia Patricia Santamaría, sin embargo, todo eso le importaba un bledo. La magistrada le dijo a Fuentes que no tenía ningún interés en saber a quiénes pertenecían las bolsas de sangre. Para lo que ellos estaban juzgando, se trataba de una información irrelevante.

Los enviados especiales extranjeros tardaron en dar crédito a lo que acababan de escuchar. No se lo podían creer. A algunos les entró una risa floja y a otros una santa cólera que no tardó en reflejarse en la prosa de sus artículos, más flamígera que nunca. Qué quieren que les diga. Como colega entiendo su indignación. ¡Qué oportunidad perdida! Lo que me sorprende es el tamaño de su ingenuidad, impropia de profesionales tan bregados. ¿Qué esperaban? Sospecho que esta gente no conoce bien el fondo de este país, ni desde luego el famoso chiste de los rolex y las setas. (Ya saben: la historia de un bilbaíno que va con un amigo al monte a coger setas. En lugar de champiñones o níscalos, lo que el amigo empieza a encontrar son rolex de oro, que recoge con la lógica alegría y avidez. Al bilbaíno, sin embargo, ese imprevisto cambio de planes no le parece nada bien y se lo recrimina. ¿Pero a qué estamos, a setas o a rolex?) Pues eso. La jueza ha salido a por setas, a juzgar si existe o no un delito contra la salud pública, y desprecia el rolex de oro de las identificaciones que le ofreció Eufemiano.

Todo es bastante ridículo, ciertamente. Imagínense que, durante un juicio por exceso de velocidad, el conductor confiesa que ha matado a dos hombres y que llevaba los fiambres en el maletero, y el juez le dice que eso a él le da igual, que se deje de tonterías e historias paralelas, que allí sólo están para dictaminar si el 18 de agosto de 2011, a las 4.30 de la madrugada, iba o no a 210 kilómetros por hora en el tramo de la carretera A43 entre Tomelloso y Argamasilla de Alba. Esto es algo parecido, por mucho que el dopaje no fuese delito en España hasta 2006 y el asesinato sí lo sea desde hace tiempo.

Spain is diferent, claro que sí. Ahí tienen si no la astracanada de que Alberto Contador, el del solomillo del que nunca más se supo, vaya a declarar por videoconferencia no desde Santiago de Chile o Ulan Bator sino ¡desde Pinto! Pero esto es algo muy sabido y sorprende, por tanto, que estos periodistas lo hayan olvidado. Yo les daría un consejo por si creen que han agotado su capacidad de asombro. Visto lo visto, no es que Eufemiano Fuentes pueda quedar libre de cargos al final de este juicio que ya va derivando en sainete sino que tampoco es descabellado pensar que le acaben proponiendo para un gran premio nacional por demostrar que España no es el país de la chapuza como algunos creen, que aquí, en la piel de toro, hay magníficos profesionales que saben cuidar como nadie de la salud de los ciclistas y realizan unas transfusiones de sangre impecables, de primer nivel mundial. ¡A esta gente se le va a romper la cadena de frío!

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