Campos de golf, terminales que atraviesan autopistas, plataformas de hielo o pistas de aterrizaje que han servido de escenario para películas protagonizadas por James Bond. Aunque se construyeron para facilitar el transporte internacional, algunos aeropuertos engrosan por méritos propios la nómina de edificaciones insólitas del planeta. En algunos casos, son maravillas de la ingeniería. En otros, un auténtico desafío para pilotos que aspiran a convertirse en una suerte de Indiana Jones. Estos son algunos de los aeródromos más extravagantes y peligrosos del mundo.

Princesa Juliana (San Martín. Situada al nordeste de las pequeñas Antillas. Caribe)
Situado en la isla de San Martín, su popularidad se debe a lo cerca que está de la playa. Los aviones la sobrevuelan a 25 metros del suelo, por encima de los bañistas. A pesar de las advertencias del gobierno, sentir la potencia de los despegues se ha convertido en una atracción turística.

Kansai (Japón)
Como no podía ser de otro modo, el aeropuerto japonés de Kansai es un prodigio de la ingeniería contemporánea. Una isla artificial de cinco kilómetros cuadrados que se construyó en la Bahía de Osaka pensando en los terremotos que habitualmente sacuden la región -no en vano, se trata de una de las zonas sísmicas más activas del planeta-.

Incheon (Corea del Sur)
Inaugurado en 2001, Incheon es el undécimo aeropuerto del mundo en número de viajeros y el quinto por tráfico de mercancías. Próximo a Seúl, también está considerado el más avanzado tecnológicamente de todo el continente. Y es que, además de unas instalaciones de seguridad punteras, cuenta con hospital, pistas de patinaje, spa, campo de golf, casino, jardín y piscina. Incluso con un área destinada a la difusión de la cultura tradicional coreana que mima hasta el último detalle. Todo sea por ofrecer una amplia oferta de ocio a los pasajeros que sufren retrasos en la salida de su vuelo o que deben soportar una larga escala. Un concepto que comparte con los aeropuertos de Hong Kong o Singapur.

Juancho E. Yrausquin (Saba. Antillas)
Localizado en una diminuta isla caribeña de las Antillas Holandesas administrada por Países Bajos, su pista comienza y termina en los límites de la isla, de tal forma que solo pueden aterrizar avionetas o aeronaves pequeñas. Con 400 metros de longitud (el mínimo suele rondar los 2,5 kilómetros), es la pista comercial más pequeña del mundo.

Courchevel (Francia)
Su pista de 525 metros, escondida entre las montañas de los Alpes franceses, ofrece una pendiente del 18,5% que requiere no pocas acrobacias. Para aterrizar, se requiere una licencia especial. Habitualmente lo frecuentan helicópteros privados. Sirvió de escenario para la secuencia inicial de 'El mañana nunca muere', el decimoctavo episodio de la saga protagonizada por James Bond.

Paro (Bután. Himalaya)
En esta ocasión, el desafío reside en los mismos picos del Himalaya. Según el portal Travel & Leisure, solo ocho profesionales de la aviación están autorizados para aterrizar en la región, todos ellos entrenados con simuladores 3D para recrear las terribles condiciones de vuelo. El único aeropuerto del pequeño Reino de Bután está situado a 2.235 metros de altitud, en el marco de un extenso valle junto al río Paro. No menos peligroso resulta el aeródromo de Matekane, en el sur de África. Localizado en Lesoto, la pista de 396 metros de longitud, rodeada de altas cumbres, es un auténtico reto para los pilotos.

Isla de Ross (Antártida)
La isla de Ross, con una superficie de 2.460 kilómetros cuadrados, se encuentra frente a la costa de Tierra de Victoria, a 3.500 kilómetros del sur de Nueva Zelanda. Su centro logístico es la Instalación Naval Aérea McMurdo, una base científica fundada en 1956 que alberga en su centenar de edificios a los casi 1.000 residentes que la ínsula alcanza en los meses estivales. El hielo marino ejerce como pista de aterrizaje de este aeródromo, convirtiendo el movimiento o el peso de los aviones en factores de alto riesgo. De ahí que en diciembre, cuando comienza el deshielo, deje de estar operativa. Otro aeropuerto que sufre todo tipo de adversidades meteorológicas es el noruego Svalbard, en el Círculo Polar Ártico.

Foto: Thomas Klain
Funchal (Madeira. Portugal)
Tras un trágico accidente acaecido en 1977, en el que murieron 131 personas, el aeropuerto de Funchal, capital de la isla portuguesa de Madeira, protagonizó un importante proceso de renovación. El avión se salió de la pista y planeó sobre el agua hasta estrellarse contra un puente y partirse en dos sobre la playa. Su peligro reside en las turbulencias que causa la fuerza del viento. Hoy, sus 180 pilares de hormigón conforman un viaducto que eleva la plataforma hasta 70 metros por encima del mar.

Gibraltar (Reino Unido)
Su pista principal, que data de la Segunda Guerra Mundial, cruza transversalmente la autopista más transitada de la colonia inglesa. En consecuencia, hay una barrera que baja cada vez que aterriza un avión, evitando de este modo la colisión con los vehículos.









