Ficha de la ruta
La ruta que hoy os traemos centra su atención en los alrededores de Villarcayo y Medina de Pomar. La excursión resulta tan variada como atractiva. En sólo 30 kilómetros podremos ciclar por los bosques de encinas de la zona, contemplar unas tumbas olerdolanas de la Edad Media (excavadas en roca) y asistir al espectáculo natural de las lagunas de origen tectónico de Antuzanos y el puente caído de Páganos. Todo por el precio de unas tres horas de suave pedaleo, con sólo una dificultad montañosa de cierta entidad.
La salida arranca en la localidad de Mozares, una pedanía que dista unos 3 kilómetros de Villarcayo. La elección de este punto de partida no es casual, ya que el pequeño pueblo (http://www.mozares.net) organiza durante todo el año un buen número de actividades culturales y deportivas, como las Jornadas de la Trilla, la Matanza o un rastrillo solidario. Podemos hacer coincidir nuestra ruta con uno de estos eventos, aunque si optamos por descubrir este rincón del norte de Burgos en una fecha cualquiera quizás sea mejor opción aparcar nuestro coche en la siguiente localidad: Torme.
Ambos núcleos de población están separados por apenas 2 kilómetros y medio. Distancia que cubrimos por carretera, calentando porque muy pronto comienza la más dura y única subida de entidad del día. La pista la cogeremos en la salida de Torme, nada más atravesar el puente sobre el río Trema, cuyas aguas cristalinas suelen frecuentar pescadores atentos a cualquier movimiento en el agua. La pesca de la trucha a mosca es aquí la modalidad estrella.
La senda sigue la ruta del GR-1. Está señalizada por las características balizas rojas y blancas. El camino nos lleva, en un primer momento, entre campos de cereal, pero después gira hacia la izquierda bruscamente para adentrarse en la montaña. Ascendemos poco a poco, sin grandes rampas, de forma suave entre pequeños claros y zonas de frondoso arbolado.
Pronto nos encontramos con una formación rocosa a mano derecha, en mitad de un prado verde. Es Peña Horrero. Camino de la cima del montículo hallaremos la famosa necrópolis de tumbas antropomorfas. Están excavadas en la roca y datan de la época medieval, aunque el acerbo popular las atribuye a la dominación árabe, nada tienen que ver con los musulmanes. Estos sepulcros olerdolanos han despertado gran interés entre arqueólogos e historiadores.
Desde Peña Horrero enfilaremos un mínimo descenso para encadenar luego un nuevo repecho que nos conducirá a la carretera del alto de Bocos (780 metros). Cruzaremos con mucho cuidado el vial y cogeremos un estrecho sendero, otra vez entre campos de labranza. Lo que haremos ahora será un bucle. Tras visitar las lagunas de Antuzanos (también conocidas como de Gayangos), regresaremos a este mismo punto.
Desde el alto de Bocos podemos ver abajo, a nuestra derecha, los ojos repletos de agua que asoman desde una llanura agostada durante la mayor parte del año. A su alrededor bulle la vida. Esta zona húmeda da cobijo a un buen número de aves. De hecho existe un observatorio de madera que podemos visitar para contemplar, con un poco de suerte, a la focha común, el rascón europeo, la gallineta común o la elegante garza real. Una parte de la laguna más grande es apta para el baño. Y en julio se desarrolla allí una gran fiesta promovida por grupos conservacionistas y amantes de los animales. Se anillan pájaros, se dan cursos de observación y se organizan visitas guiadas.
Tras rodear los pequeños embalses naturales llegaremos al pueblo de Bárcena de Pienza. Momento para relajarse, comer algo y recuperar energías. Merece la pena acercarse hasta su cementerio y observar los restos de una ermita románica. Dejando atrás la pedanía, subiremos de nuevo hasta el punto en el que iniciamos el descenso hacia los lagos. Y, desde aquí, enfilaremos un adrenalítico descenso, muy emocionante, aunque corto, hasta Barrosuso.
Lo que nos queda ya para concluir la aventura es enlazar con el pueblo de Céspedes y perdernos, de nuevo, por bosques de encinas hasta llegar al viejo puente de Páganos, hoy derruido pero que atrae a un buen número de veraneantes en las tardes soleadas del estío. Desde aquí, muy cerca de Medina de Pomar, emprenderemos camino por pistas de asfalto hasta Villarcayo, donde pondremos fin a nuestra excursión.











