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Fuerteventura y la isla de Lobos, destino de invierno

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Fuerteventura y la isla de Lobos, destino de invierno

Esta isleta, separada de Fuerteventura por un brazo de mar, es un pequeño parque natural de paisaje volcánico que se puede recorrer a pie en un día

24.12.13 - 00:49 -
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En 1907 el geólogo cacereño Eduardo Fernández Pacheco, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, organizó una expedición a Lanzarote para estudiar su vulcanismo sobre el terreno. El científico partió hacia la isla conejera desde Gran Canaria en un barco correo que rodeó Fuerteventura. Al enfilar el estrecho de la Bocaina, el canal que separa Fuerteventura de Lanzarote, anotó: "Entre ambas islas está la isleta de Lobos, que aparece como una tierra baja completamente cubierta de pequeños cerros aislados unos de otros y de forma perfectamente cónica, destacándose de entre ellos una montaña mayor unida en un extremo, en figura de cono truncado". Aquella impresión, que apareció publicada en la memoria del viaje publicada con el título 'Por los campos de lava', sigue siendo válida más de un siglo después. Los cambios en la isla, isleta o islote de Lobos -que de estas tres maneras se la llama- han sido mínimos desde entonces. Hasta 1968 solo fue habitada permanentemente por un farero, Antonio Hernández Páez, 'Antoñito', y su familia. El Puertito, lo más parecido que hay en este lugar a un núcleo habitado, es apenas una pequeña aglomeración de barraquitas y chamizos utilizados ocasionalmente por los pescadores de Corralejo.

Fuerteventura y la isla de Lobos, destino de invierno

Un brazo de mar de poco más de 2 kilómetros de anchura y una profundidad máxima de 13 metros separa Lobos del puerto majorero de Corralejo. El islote tiene apenas 6 kilómetros cuadrados de extensión y su cota más alta, 127 metros, es la de la montaña de la Caldera, el volcán que lo formó hace unos 8.000 años. El paisaje de Lobos está compuesto por todas las variantes que pueden darse en el de su hermana mayor, Fuerteventura, pero a pequeña escala: la costa -un contorno de algo más de 13 kilómetros-, está formada por playas, calitas y piscinas naturales; el interior lo componen arenales, burbujas de lava conocidas como 'hornitos', malpaíses, laderas de picón y antiguos ríos de lava. Que la isla no haya sido urbanizada se explica porque ha sido un espacio natural protegido desde hace décadas. Además de la riqueza geológica, Lobos atesora flora y fauna muy interesantes. Fauna de la que ya no forman parte los lobos marinos a los que alude su nombre. Parece que a los últimos ejemplares se los comieron los normandos que utilizaron esta isleta como base de operaciones para emprender la conquista de Fuerteventura. El único ejemplar que queda es una réplica que da la bienvenida a los visitantes que llegan al centro de interpretación del parque, en el muelle del Puertito.

Cómo recorrer el islote

Lobos se puede visitar cómodamente desde Fuerteventura. Del puerto de Corralejo parten varios barcos hasta el muelle del islote. Muchos visitantes cruzan en su propia embarcación, en moto de agua y alguno hay que hasta lo hace a nado, lo que no es en absoluto recomendable. Muchos de los turistas que cruzan a Lobos lo hacen para pasar un día de playa en sus calas, pero lo reducido de la isleta facilita que se pueda dedicar parte del día a recorrerla y otra parte a tomar el sol y darse un baño en sus calas. Lo mejor es asegurarse la comida -si no se trae ya en la mochila- reservando nada más llegar en el único restaurante del Puertito, Casa Antoñito el farero, que obviamente no tiene pérdida y es conocido por sus paellas. Después, se puede elegir un recorrido para realizar a pie. Conviene llevar calzado adecuado, protección solar y la cabeza cubierta. El islote está atravesado por una red de senderos bien marcados, con carteles que señalan los puntos de interés y las especies de aves y flora a observar, así que no hay riesgo de perderse. Toda la isla de Lobos es un espacio protegido en mayor o en menor grado y, en cualquier caso, hay que recordar que no está permitido abandonar los senderos. Aunque no lo parezca por su dureza, el visitante está atravesando un medio ambiente muy delicado y sensible a la actividad humana, en el que crecen una flora liquénica muy variada y arbustos como el espìno, la aulaga y el matomoros, o tabaibas de hasta dos metros de altura. Hay aves que anidan aquí estacionalmente, como los zarapitos, los archibebes, las garcetas y los chorlitejos, o que viven permanentemente en la isleta, como los charranes y las pardelas.

Fuerteventura y la isla de Lobos, destino de invierno

La alternativa más larga para el visitante que quiera recorrer Lobos es atravesar toda la isla por el interior hasta el faro, ahora automatizado, desde donde se puede admirar toda la costa sur de Lanzarote. Otra opción interesante es tomar la bifurcación casi en la mitad de la isla que conduce hasta la corona del volcán. La ascensión es fácil para cualquiera que no tenga ninguna dificultad motriz. Desde arriba el visitante, que luego podrá presumir de haber escalado un volcán, que siempre luce mucho, descubrirá que la montaña está partida por la erosión y abierta al mar por su lado oeste. El fondo del cráter es ahora una playita conocida como la Caldera. Después, podrá admirar una vista de Fuerteventura, al sur, que abarca desde las dunas hasta el conjunto de volcanes que se extiende detrás de Corralejo, hermanos de erupción del de Lobos. El paisajes es de no perdérselo y de los que merece un buen rato de admiración pausada antes de lanzarse a hacer fotos frenéticamente para subirlas al Facebook y dar envidia a los amigos. Al sur, y en el propio islote, llaman la atención una serie de rectángulos en mitad de la llanura. Son unas antiguas salinas abandonadas. Al regresar al Puertito merece la pena acercarse hasta alguna de las playas, la Caleta, por ejemplo, para darse un baño. Pero ojo, conviene recordar la hora de salida del último barco, pues está prohibido acampar en la isla sin permiso.

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