A las ocho de la tarde de un viernes, el Bar Museo Chicote, en la Gran Vía madrileña, está relativamente tranquilo. Fuera, el trajín habitual, engordado por un anuncio de ciclogénesis para el fin de semana que finalmente no llegará y una protesta contra la corrupción de nuestra devaluada clase política en la calle Génova que el cordón policial ha alejado un buen trecho.
Quizá por eso, porque el bar está medio vacío, ha entrado Dani Mateo, habitual de ‘El Club de la comedia’ y compañero de Wyoming en ‘El intermedio’ (La Sexta). Pide un zumo, luego un refresco y se sienta a leer el periódico en una mesita alejada del pequeño bullicio que montan dos cuadrillas. La tranquilidad le dura hasta la página 2, porque en ese momento una señora del grupo más bullanguero le reconoce y le asalta, literalmente: ‘Me encantas, y a mi hija, ni te cuento. ¡Vengo de Gandía’ (¿de ‘Gandía Shore’?) y Dani sonríe y asiente, entre la gratitud por el piropo y el desconcierto por la excitación de la mujer.
Entonces le pide hacerse una foto con el móvil, aunque salga oscura y borrosa. Se apunta a la foto un amigo de la señora y un tercero que llega ‘in extremis’ y que con suerte ha metido un trozo de la cabeza, para poder decir eso de: ‘Yo también estuve allí... con Dani Mateo’. Besos y apretones de manos y cada uno vuelta a los suyo.
Retoma Dani Mateo la lectura por la página 2 y no ha llegado a la 3 cuando vuelve a la carga la misma señora, que ya ha contado al resto del grupo su encuentro fortuito con el cómico de La Sexta. ‘Tengo a mi hija al teléfono. ¡Dile algo!”. No es una invitación, es una orden y Dani Mateo, con una paciencia infinita, coge el teléfono y resuelve como puede la situación, que empieza a resultar violenta para el ‘espectador’.
Porque a esas alturas todo el bar sabe que está allí Dani Mateo. Claro que afortunadamente también hay gente prudente y no vuelven a interrumpirle la lectura, aunque el pobre ya no sabe ni por qué página va. Ahora es él el que llama por teléfono, quizá para pedir ayuda, porque enseguida le vienen a buscar y se marcha del bar.
Si esta es la rutina habitual de Dani Mateo habría que preguntarse si realmente compensa la tele. Porque sin menospreciar su fama, tampoco es Wyoming o Jesús Hermida. Ellos quizá miraran en el Museo Chicote antes de entrar. No vaya a ser que la señora de Gandía siga por allí.










