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El culo de Jennelle y otros pleitos estrafalarios

el país de las demandas

El culo de Jennelle y otros pleitos estrafalarios

Los litigios insólitos son una tradición en EE UU. La Cámara de Comercio elige los más ridículos del año

09.01.13 - 12:42 -
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En agosto de 2010, Jennelle Carrillo acudió a un partido de entrenamiento de los Dallas Cowboys, su equipo favorito de fútbol americano. Como aún no era la hora, decidió sentarse en un banco del exterior del estadio, cerca de una de las puertas: hacía mucho calor, más de 38 grados, y el asiento de mármol negro estaba al sol. Jennelle, en fin, se abrasó el culo. De hecho, se lo abrasó mucho más de lo que parece concebible: sufrió quemaduras que obligaron a hospitalizarla una semana, o al menos eso argumenta en su querella. Porque la forofa de los Cowboys ha decidido demandar al equipo de sus amores y a su propietario -el magnate Jerry Jones, con una fortuna estimada de 2.000 millones de euros- para que paguen por lo ocurrido a su trasero. «No había ninguna señal en el banco ni cerca de él que avisase de que estaba demasiado caliente, ni habían precintado el banco con cuerdas», expone su abogado. Lo que no llega a aclarar es por qué la mujer no se levantó en cuanto notó el preocupante ardor en las nalgas.
Litigios de este tipo, en los que algún estadounidense exige compensación por acciones que él mismo realizó, saltan cada cierto tiempo a las noticias. Se pueden contemplar con ojos comprensivos, como muestras algo sacadas de quicio de la determinación con la que un país entero reclama sus derechos, o también cabe interpretar que se trata simplemente de dar esquinazo a la responsabilidad personal y obtener la mayor tajada posible. El Instituto para la Reforma Legal, vinculado a la Cámara de Comercio de EE UU, apuesta por esta segunda perspectiva: todos los meses selecciona ejemplos de demandas particularmente grotescas, que a finales del mes pasado, tras una votación popular, sirvieron para confeccionar su "top" de «los diez pleitos más ridículos de 2012». Según argumentan, la justicia civil estadounidense es la más costosa del mundo y tiene acobardado al país, donde hay ayuntamientos que prefieren retirar los columpios y miles de propietarios de negocios temerosos de que un cliente susceptible les demande por... algo.
En la lista, junto a la chamuscada Jennelle, aparecen casos como el de Victoria Jean Church-Dellinger, una mujer que no pagó las letras de su Pontiac. Le embargaron el coche, pero ahora reclama 3,7 millones de euros porque no le devolvieron el combustible que quedaba en el depósito, que según sus cálculos estaba a la mitad. «Es igual que si te dejas la chaqueta dentro y no te la devuelven», justifica su abogado. También figura Elizabeth Lloyd, que pide 115.000 euros al jugador de béisbol que le dio con una pelota en la cara: se trataba de un partido de liga infantil y el deportista en cuestión tenía 11 años. Y Marty Danielle Gann, que celebraba el cumpleaños de una amiga cuando la agredieron con un botellín de cerveza: le pareció lógico demandar a los fabricantes de Budweiser, por sacar al mercado «un producto más peligroso de lo razonable». Y Denise Barton, que pretende que su ciudad le compense con 1.200 millones de euros, porque, según dice, los nuevos parquímetros con wi-fi le producen «infección de oídos y rigidez en el cuello».
Dientes y prepucios
El "hit parade" de 2012 recoge también la queja de Jerry Flanory, que ha emprendido acciones legales contra la prisión en la que cumplió cinco años por asalto. En el momento de entrar en la cárcel, a Jerry solo le quedaban cinco dientes, pero durante su estancia entre rejas la cifra descendió a cuatro: él achaca la dolorosa pérdida a que las autoridades penitenciarias le privaron de pasta dentífrica. La población reclusa da mucho juego en esto de las demandas singulares: once presos de Nueva York han pedido 380 millones porque no les dan hilo dental, mientras que Dean Cochrun, un tipo de 28 años que ha descubierto en la cárcel su condición de circunciso, exige al hospital donde le operaron de bebé que le compense con 750 euros y le reconstruya el prepucio. El caso más conocido -y, seguramente, también el más patológico- es el de Jonathan Lee Riches, un exconvicto que ha demandado a medio mundo, desde Steve Jobs hasta los piratas somalíes, desde los supervivientes del Holocausto hasta el antiguo planeta Plutón. Una de sus últimas iniciativas ha sido acusar a Kim Kardashian y el rapero Kanye West de regentar un campo de entrenamiento de Al-Qaida.
Claro que, en ocasiones, parece que algunos de estos litigantes tienen razón. El Instituto para la Reforma Legal incluye en su selección de pleitos ridículos uno que tuvo resonancia global: Wayne Watson, de Denver, ganó el juicio contra un fabricante de palomitas de maíz para microondas y contra el supermercado donde él las compraba. Durante diez años comió dos paquetes diarios y, según la sentencia, el diacetilo empleado para darles aroma le provocó una enfermedad respiratoria. Se fijó una indemnización de 4,4 millones de euros, aunque, a juicio de los abogados de las empresas, «lo mismo podría haber dicho que le salían alienígenas de la bolsa, porque tendría la misma base».
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