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Un clásico navideño

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Un clásico navideño

Nueve kilómetros de penitencia ciclista, desde el Guggenheim hasta la cima del Pagasarri por su ruta más clásica, para quemar los excesos de las fiestas

03.01.13 - 19:49 -
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Una tradición muy arraigada en Bilbao es subir el primer día del año al Pagasarri y darse el lujo de brindar con champán en la cima, a 673 metros de altitud, con la capital vizcaína a tus pies. Si fallaste en Año Nuevo, este fin de semana tienes una buena ocasión de cumplir con el ritual y, además, hacerlo a lo grande: marcándote una ascensión en bicicleta. ¿Qué mejor manera existe de quemar los excesos gastronómicos navideños? La ruta que hoy os proponemos te llevará directamente desde el Museo Guggenheim hasta lo alto del pico más querido de la villa. Son nueve kilómetros de una dureza apreciable, a través de la subida que resulta más clásica: la de Larraskitu.
Comienza la excursión en el edificio cuya piel de titanio simboliza el nuevo Bilbao, con la intimidatoria presencia de la gigantesca Torre Iberdrola a nuestro lado. Conviene fijarse bien en su fachada de vidrio, porque se trata del mismo cristal que nos deslumbrará en breve cuando miremos hacia abajo desde las faldas del Pagasarri, siempre y cuando el día resulte soleado. Tras callejear por el centro de la ciudad enfilaremos Hurtado Amezaga para llegar a Zabalburu.
En esta plaza comienza propiamente la ascensión. En los próximos 7 kilómetros apenas habrá tregua. Salvaremos más de 600 metros de desnivel, con dos kilómetros finales con pendientes medias que sobrepasan el 12 y el 15%, respectivamente. Tras remontar Juan De Garay pasaremos por encima de la autopista para adentrarnos en Larraskitu. Aquí el Pagasarri se nos pone un poco más cuesta arriba.
La zona está repleta de caseríos y antiguos txakolís, a donde los bilbaínos acudían para tomar vino, cerveza o, simplemente, para disfrutar de un día de ocio. El Ayuntamiento ha abierto diversos caminos forestales, que nos permitirán evadirnos de la circulación de coches que, aunque esporádica, entraña cierto riesgo. Los atajos, sin embargo, obligan a apretar un poco más los dientes, ya que la pendiente se eleva un punto más.
Metidos ya en faena y sintiendo que aplicamos toda nuestra fuerza sobre los pedales de la bicicleta, no es difícil meterse en la piel de aquellos pioneros del montañismo que hace un siglo participaron en la primera Copa Pagasarri. Corría el año 1912 y cuentan las crónicas que miles de vecinos de la villa se echaron a los caminos y cunetas para ver ascender a toda velocidad a los atletas. Subían jadeando y resoplando, encordados en grupos de cuatro o cinco valientes. Sólo había una regla: estaba prohibido correr. La prueba se celebró durante seis años. Y tuvo gran éxito, antes de caer en un prolongado olvido.
Pasamos cerca del campo de tiro que mira a Arnotegi, donde durante muchas décadas se hicieron prácticas de tiro. Tampoco dejamos muy lejos algunas de las neveras más llamativas de Bilbao. Algunas tienen varios siglos de historia. Se trata de estructuras de piedra, con forma circular, en cuyo interior se conservaba durante buena parte del año el hielo que se formaba por acumulación de la nieve caída en el invierno.
Ahora afrontamos unas rampas más suaves, con la vista puesta en el Bolintxu, esa joya húmeda que llena de vida los barrancos y vaguadas del Pagasarri. Una pena que las lluvias torrenciales destrozaran hace un par de décadas algunas de las pozas donde se bañaban muchos mendizales. La parte final de la ascensión nos deja unas vistas privilegiadas. El Botxo aparece en todo su esplendor. Y, si levantamos la vista, podremos divisar los montes de Triano e incluso el mar. Ya en la cima sólo nos queda sacar el champán (un benjamín a poder ser, por aquello del peso y de enfilar con seguridad la bajada, claro) y compartirlo con nuestras amistades.
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Mapa de Google Earth.
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