Federico González López, de la empresa Boinas Elosegui, de Tolosa.
ORÍGENES DE LA BOINA
La primera referencia histórica de la boina en Europa se remonta a la Baja Edad Media. En aquellos tiempos, tenía un tamaño de hasta dos veces el diámetro de la cabeza que la sustentaba. El pintor holandés Rembrandt era muy aficionado a usarla, siendo numerosos los autorretratos en los que aparece con una gran boina.
Esta prenda también fue adoptada como indumentaria militar por los ejércitos imperiales y conocida como Parlota aunque todavía entonces su cinta o lazo se llevaba por fuera.
La Revolución francesa resulta clave para poder explicar el origen de la txapela en Euskadi. A Francia llegan desde los valles pirenaicos septentrionales vasco franceses, donde su uso aún se había mantenido desde tiempo inmemorial.
El intercambio comercial entre ambos lados de los Pirineos se hace muy activo tras el Tratado de Valençay y así pasan a utilizar también la boina los vascos, que la compran en Francia. Y es que no es hasta mediados del siglo XIX cuando surgen las primeras fábricas de txapelas en el País Vasco.
Durante mucho tiempo la boina o txapela ha sido exclusiva de la gente mayor. Más allá de su uso como prenda o complemento, en la cultura deportiva vasca también se ha utilizado como distintivo del campeón. Lo comprobamos en los torneos de pelota, en las pruebas ciclistas que recorren Euskadi o en las distintas competiciones de deporte rural. En el ámbito cultural también tiene su significado especial (concurso de bertsos), así como en el gastronómico.
Hoy, los fashionistas de todas las edades han recuperado la moda para conseguir un look francés: elegante y chic. Ladeada hacia la derecha, hacia la izquierda, tapando la oreja o de forma regular. Hay muchas formas de ponerse la boina, pero ¿cuál es la correcta? Federico González López, de Boinas Elosegui -empresa de Tolosa que lleva funcionando desde 1858-, nos da algunas pistas.