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Fin de año en el circo de Gavarnie

un buen plan para despedir 2012

Fin de año en el circo de Gavarnie

Pistas de esquí y travesías de montaña en uno de los paisajes más espectaculares de los Pirineos

07.12.12 - 18:32 -
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Fin de año en el circo de Gavarnie
«Coloso de la naturaleza». Así rebautizó el circo de Gavarnie el escritor Víctor Hugo cuando se topó con esta espectacular muralla de 1.700 metros de altura. El encanto de este paraje sedujo al autor de ‘Los miserables’, como lo hizo antes y lo ha seguido haciendo a miles de enamorados de la montaña. Gavarnie es la cuna del pirineísmo y, para que no quede ninguna duda, la estatua del conde Henry Russell recibe al visitante cuando llega a esta pequeña aldea de la vertiende francesa del Parque Nacional de los Pirineos. En el cementerio pegado a la iglesia de Notre Dame du Bon Port, las lápidas que se abren camino entre la nieve recuerdan a quienes firmaron gestas épicas sobre las paredes de estos interminables farallones.
Si la crisis y el trabajo lo permite, las fiestas de Navidad y Año Nuevo son una gran oportunidad para acercarse a disfrutar de este paraíso, a solo tres horas de la frontera de Biriatou. Hay que tomar la dirección de Pau, atravesar Lourdes y llegar a Luz-Saint- Sauveur. En Gavarnie hay varios hotelitos, albergues, casas rurales y casas que alquilan habitaciones. En Gédre, un pueblo cercano por el que hay que pasar si el destino es Gavarnie, también alquilan casas y apartamentos. Algunos de los hoteles organizan cenas de Nochevieja con cotillón, si bien algunas familias y parejas se lo montan por libre en sus alojamientos.
Los aficionados al esquí tienen allí una estación coqueta –se abre este sábado, 22 de diciembre–, sin las agobiantes aglomeraciones de otras instalaciones. Cuenta con 29 pistas para todos los niveles, entre ellas la verde más larga de los Pirineos. Los debutantes, asistidos por monitores de primera línea, se encuentran a gusto, lo mismo que los niños. Y los partidarios de las emociones fuertes tienen alguna pista negra de infarto. El descenso desde el punto más alto, a casi 2.400 metros, es espectacular y ofrece el regalo añadido de una magnífica postal de la Brecha de Roland.
Crepes con vino caliente

La recompensa está luego en el pueblo. Abstenerse quienes buscan escenarios para lucir palmito o el último restaurante de moda para dejarse ver. Aquí se trata de calles tranquilas y restaurantes familiares y bares con chimenea para hacer la tertulia más agradable. Pueden ser un buen refugio después de la imprescindible subida hasta la pared del circo, a la vera del río, y entre bosques de pino negro. En frente, la legendaria cascada, que se desploma en 427 metros. En esta época se encuentra helada, lo que aprovechan experimentados alpinistas para escalarla. Es un paisaje singular en el que es posible reconciliarse con todo y con todos. Para encontrarse con uno mismo y reencontrarse con los otros.
Al regreso, puede ser el momento para probar unas crepes con vino caliente, o acompañados por una buena ‘pelforth’, una cerveza ‘brune’, con carácter, coronada con tres dedos de espuma. El momento para releer a Víctor Hugo, protagonista de una titánica producción literaria e impresionado por estos titanes de piedra que son el circo de Gavarnie y los picos que le escoltan: el Taillón, el Gabieto, el Casco, la Torre, el Marboré, el Asteazú y el Cilindro, entre otros, que se asoman por encima de los 3.000 metros. Un soberbio skyline con altura de miras.
Porque el esquí se puede combinar con otras actividades. Incluso, se puede pasar de él. Se pueden dar paseos con raquetas o probar las travesías de esquí de fondo. Hay muchas rutas con Gavarnie como base. Una de ellas sale por la ladera derecha del pueblo, hacia el plateau de Belleuve, camino de la Brecha. En esta época la nieve corta pronto la ruta, pero merece la pena acercarse. Otras opciones pasan por bajar hasta el pueblo anterior, Gédre, –en invierno la carretera muere en Gavarnie– y aproximarse a los otros dos circos hermanos.
El de Troumouse tiene un aspecto muy salvaje, pero el impacto para despertar las emociones está garantizado. Merece la pena contemplarlo aunque sea de lejos. Lo mismo que el de Estaubé, más suave, al que se puede acceder por la presa de Gloriettes. Si se baja de Gavarnie, hay que desviarse a la derecha en Gédre y llegar hasta una barrera que corta el paso a los coches por la nieve y el hielo. A partir de ahí, lanzarse hacia alguno de los dos circos –los caminos se bifurcan en la pequeña aldea de Héas– hasta que el cuerpo aguante. Estamos hablando de pequeñas excursiones, sencillas, para disfrutar. En Gedre, que cuenta con una pista de patinaje y rocódromo, hay un circuito de gran valor etnográfico por varios molinos ancestrales. La grandeza y la mística de la montaña.
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