No vamos a echar de menos a Constantino Romero. Es que ya le echábamos de menos desde hacía mucho tiempo. A él le debemos uno de los mejores programas de nuestra televisión. ‘El tiempo es oro’ (TVE 1, 1987-1992) fue el concurso intelectual de finales de los años 80, antes de que llegaran las cadenas privadas y se empezaran a poner de moda los llamados ‘concursos de gran formato’, que premiaban la habilidad del concursante corriendo por una superficie mojada, bailando, escalando... como ‘Humor amarillo’ pero sin chinos. Ahora ya no se hacen concursos de ese tipo porque cuestan un dineral. Y no sabemos si alegrarnos o sentir nostalgia.
Constantino y Janine (la azafata) entretenían las tardes del fin de semana con una propuesta para todos, porque los chavales, como no había otra cosa en aquellos tiempos de la televisión única, también lo veíamos. Constantino ponía aquel rictus severo del profesor a punto de amonestar al alumno que se despistaba pero también dejaba ver la entrega del maestro que ha nacido para enseñar. Sin duda, alguna, aquello era mucho más divertido que ir a clase.
La mejor parte del programa era la prueba final, cuando el concursante tenía que corretear por aquella biblioteca televisiva que era el modesto y sobrio plató de TVE en busca de una respuesta puñetera como ella sola. Aunque para él resultara un poco estresante, visto desde fuera, el trajín del concursante resultaba muy entretenido y a uno le entraban ganas de coger la enciclopedia y cronometrar cuánto tiempo tardaba en encontrar esta o aquella palabra, aunque luego no hubiera premio. Siempre había algún figura que la clavaba y no necesitaba ni llamar a casa para que le ayudaran. Y entonces Constantino, que siempre fue un señor muy serio pero tiene también una de las sonrisas más cálidas de la televisión, parecía alegrarse de verdad, como el profesor que por fin puede poner un diez al alumno.
En aquellos años no había familia que pudiera permitírselo y que no tuviera una enciclopedia llenando los huecos del armario del salón. Seguro que muchos vendedores de los que iban puerta a puerta ganaron buenas comisiones por venta gracias a ‘El tiempo es oro’. ¡Cuánto te echamos de menos, Constantino!