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¿Quién come por 3,05 euros?

el menú chollo de sus señorías

¿Quién come por 3,05 euros?

Los políticos pagan 3,05 euros por comer en las Cortes de Aragón, la mitad de lo que cuesta un menú escolar. Salvo en Castilla-La Mancha, en ningún parlamento apoquinan más de diez euros

16.11.12 - 18:00 -
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La comida, aunque no haya sido sofisticada, tampoco ha estado mal: un primero ligerito, crema de espárragos, para dejar sitio al marmitako de bonito de después y, para terminar con buen sabor de boca, al helado. Aquí llega la cuenta. A ver, a ver… ¡son 3,05 euros! Si el camarero no se ha equivocado y no estamos en Albania, solo hay un sitio donde se pueda almorzar así a tan buen precio: el comedor de las Cortes de Aragón. Sus diputados tienen la fortuna de disponer del menú más económico de todas las cámaras regionales del país, que consiguen alimentar a sus parlamentarios por menos de diez euros con la única excepción de Castilla-La Mancha, donde pagan once. ¿Se trata de productos de mala calidad? ¿Son clientes de una tienda de chinos? Nada de eso: la palabra mágica se llama subvención.
Como suele pasar, es difícil que llueva a gusto de todos. Es lo que sucede con muchos padres aragoneses que vienen a gastarse el doble cada vez que sus hijos se quedan a comer en el colegio; más aún para aquellos que en cursos anteriores se beneficiaban de becas de comedor y que este año han quedado fuera al endurecerse las condiciones para acceder a las ayudas: ahora, casi se les exige estar en la indigencia. Para ellos constituye una tentación irresistible comparar los requisitos que se les piden con las bonificaciones sin peros de que disfrutan sus representantes políticos.
Un niño paga más
Idéntica polémica se originó en Madrid al comienzo del curso escolar, después de que trascendiese que los miembros de la Asamblea –y, como en el caso anterior, también el resto de trabajadores de sus instalaciones–, pueden quitar el hambre por 3,55 con un menú bastante más atractivo que el de sus colegas de Aragón (a elegir entre cinco primeros platos y cinco segundos). Resulta que en Madrid la comida de un diputado regional cuesta menos que los 3,80 euros que un niño tiene que pagar por sacar en el cole la tartera que le han preparado en casa. La cuenta, por supuesto, tiene truco: los 358.000 euros que cobra anualmente la empresa adjudicataria del servicio.
UPyD ha propuesto, de momento sin resultado, que se eliminen las ayudas que permiten a los diputados comer a precios de risa. Para Ramón Marcos, portavoz adjunto de la formación en la Asamblea, resulta imposible pedir sacrificios a los ciudadanos mientras los políticos disfrutan de prebendas como éstas. «Uno debe ser ejemplar: claro que con esto no se arregla la deuda de España, pero das ejemplo». «Yo no sabía estas cosas, y me enteré cuando empecé a trabajar aquí. Son cosas que a uno no le entran en la cabeza, como que en el Ayuntamiento los concejales del equipo de Gobierno y los de la oposición tengan chófer y guardaespaldas. Uno intuía que había cosas que se hacían mal, pero hasta que no he estado dentro no me he enterado».
El recorrido político-gastronómico de la capital tiene otras dos paradas en el Congreso y el Senado. El restaurante de la Cámara Alta goza de mejor fama, curiosamente, pues tanto el uno como el otro –y también el de la Asamblea– tiene el mismo concesionario: el Grupo Cantoblanco, de Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE y presidente de la Patronal madrileña –además de consejero de Bankia hasta el pasado mes de mayo–. Aunque más caros, no se puede hablar de precios prohibitivos: los diputados nacionales comen por 8,60 y los senadores por 8,10 (en el centro de la capital el menú no baja de 11,5). Es verdad que el resto de empleados de ambas sedes abona la mitad, pero también que sus señorías disfrutan de otra larga lista de ventajas, entre otras la «indemnización» en concepto de gastos de manutención y alojamiento (870 euros para los de Madrid y 1.823 euros para el resto). ¿Deberían renunciar a este chollo? En el PSOE subrayan que en el Congreso paga lo mismo un parlamentario que, pongamos por caso, un periodista que anda por allí, para dejar claro que no se trata de un privilegio. «Aquí el precio del menú es para todos, lo mismo para un diputado que para quien viene de visita –coincide un miembro de la dirección de Izquierda Plural–. Pero si se plantease que los diputados no pueden acceder a este menú, IU lo valoraría y no tendría más problema en aceptarlo. No obstante, las decisiones sobre convenios y subvenciones con los servicios de la Cámara las toma la Mesa del Congreso, de la que no formamos parte». La componen PP, PSOE y CiU.
La oferta en el resto de parlamentos autonómicos varía como la noche y el día. Los estómagos más tristes se encuentran en La Rioja, Murcia, Baleares, Canarias o Extremadura, donde peregrinan hasta las máquinas de café y patatas fritas en busca de consuelo. A partir de este tramo bajo, todo mejora. La Junta de Asturias, por ejemplo, no dispone de restaurante, pero se arreglan con una cafetería que, gracias a una subvención anual de 16.630 euros, ofrece pinchos a buen precio.
En Cantabria solo se puede comer los lunes, día de pleno, por la buena voluntad de la mujer que atiende el servicio y que trae el guiso ya preparado y a 7,50. En el País Vasco cuentan con un menú casero a diario (ensalada, macarrones, pescado, albóndigas,...) por 8,30. No está tirado, pero en los alrededores del Parlamento de Vitoria no te sirven por menos de 11-12 euros.
Uno podría esperar algo más elaborado en Andalucía, aunque solo sea porque el servicio está subvencionado con 160.657 euros al año. Por 8,10, un día cualquiera se pudo elegir entre sopa de tomate, revuelto de judías, huevos a la flamenca y ensalada de queso con nueces y, de segundo, albóndigas caseras, empanadillas de atún, filete de ternera y croquetas. Para los más preocupados por mantener la línea, un menú con menos calorías consistente en espárragos con mayonesa y dorada a la plancha.
Las Cortes de Castilla y León son el sueño de cualquier diputado con apetito: gracias a la ayuda de 188.800 euros (la factura puede bajar un poco a final de año, en función de las comidas de menos que se den), es posible sentarse a la mesa y abandonarla completamente satisfecho por 5 euros. ¿Se puede mejorar? Sí: según aseguran clientes habituales, las propias Cortes se encargan de distribuir mensualmente a cada grupo 200 tiques amarillos, valederos por otras tantas comidas gratis.
Como el sha de Persia
Pero, sin lugar a dudas, Valencia ocupa el primer puesto del ranking de la excelencia culinaria. Su menú completo tiene una magnífica relación calidad-precio: 5,55 euros (sin café, 4,85), apoyada en una subvención de 206.000 euros. Lo que sucede es que, no contentos con ello, durante la legislatura 2003-2007, con el popular Julio de España como presidente de las Cortes, se decidió construir un restaurante a la medida tanto de sus diputados como del sha de Persia. Si bien es necesario el ojo del decorador experto para descubrir tesoros detrás de un mobiliario de aspecto funcional, la verdad es que en ese comedor lograron enterrar 1,8 millones de euros. Siguiendo la directriz del ‘aquí, solo lo mejor’, consiguieron gastar 1.113,82 euros en un baño maría eléctrico –como un calienta biberones, pero perfeccionado–, 1.608,32 en una báscula y 11.174 en el orgullo de la cocina: la instalación de una cámara frigorífica para guardar las basuras.
Es en este punto donde se echa en falta la opinión de un entendido. Pero, por esta vez, en lugar de Adriá, Arzak o Arguiñano, quien habla es José Luis Fernández, profesor del ICADE en la Universidad Pontificia de Comillas y experto en Ética. «Desde un punto de vista ético, en situaciones como la que vivimos, a ese tipo de ventajas les pondría por lo menos un interrogante; desde el estético, no tienen un pase. Este tipo de privilegios autoconcedidos no son elegantes, constituyen un mal ejemplo y son ocasión de escándalo. Lo que están consiguiendo es un rechazo, una deslegitimación peligrosa: uno tira por elevación y piensa que todos son unos impresentables y que el sistema montado es un tinglado».
«Cuando era época de vacas gordas, todo el mundo miraba para otro lado. Ahora se empiezan a mirar esos dispendios, esas ganguillas, ese dinero gestionado alegremente, y no solo a nivel de ayuntamientos o comunidades, sino de toda la región europea: si ves ahora para qué proyectos se estaba concediendo dinero, dan ganas de llorar. Cuando somos conscientes de la realidad –insiste Fernández–, los que no tienen miran con lupa a quienes tienen la llave de la despensa, y éstos deberían tener cuidado para que la gente no les reprochase injustamente».
Ya, pero si me dicen que todo esto es demagogia y que me estoy cargando la democracia, ¿qué hago? «Pues lo que hay que decir es que no me asustes además de tomarme el pelo. Puede que ese dinero que se gasta de más sea el chocolate del loro, pero es que hay muchos loros comiendo mucho chocolate».
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