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Para paz, la de Guadalajara, sus hayedos y su románico

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Para paz, la de Guadalajara, sus hayedos y su románico

Ruta por las villas medievales y los pequeños pueblos del norte de la provincia castellano manchega

27.11.12 - 10:33 -
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El norte de la provincia de Guadalajara es un destino que siempre sorprende al viajero despistado. Las guías turísticas lo describen con fórmulas como 'paisaje de contrastes', tópico que en este caso es acertado, porque una historia geológica bastante complicada ha dado como resultado un entorno que se caracteriza por su diversidad. Si el visitante es novelero, habrá zonas que le recuerden a paisajes casi esteparios, en los que se abren valles frondosos y crecen algunos de los hayedos más meridionales de Europa. Es un entorno que merece la pena ser explorado con cualquier excusa, aunque la que mejor se presta a ello es el románico rural, del que en la zona hay ejemplos preciosos.
La ruta que proponemos parte de la vecina provincia de Segovia, en concreto de Ayllón, villa ideal para que el viajero establezca su 'campamento base'. Ayllón luce un patrimonio monumental bien nutrido, en el que destacan el palacio del obispo Velosillo (renacentista, del siglo XVI), ahora biblioteca y museo; el arco medieval de la antigua muralla, el palacio de los Contreras, ahora en restauración; y La Martina, una llamativa torre albarrana que es lo único que queda del castillo medieval y que domina la localidad desde un alto. Pero su atractivo principal es la Plaza Mayor, una de las más bonitas de Castilla. En ella se alzan el Ayuntamiento, del siglo XVI, y la iglesia románica de San Miguel.
Desde Ayllón el viajero saldrá hacia Guadalajara por la carretera de Atienza (CL-114). Pasado un parque eólico, en lo alto de un puerto que supera los 1.500 metros de altura, a unos 20 kilómetros del punto de partida, un desvío señalizado a la derecha le llevará hasta Villacadima, un pueblo que estuvo a punto de desaparecer pero que está perdiendo su adjetivo de 'fantasma' con la recuperación de varias casas y la llegada de nuevos habitantes. La iglesia de Villacadima es uno de los ejemplos destacados del románico rural de Guadalajara. Levantada en el siglo XII y reformada en el XVI, los especialistas aprecian en ella elementos e influencias mudéjares. Los visitantes menos doctos admirarán una portada algo tosca pero armónica, con bonitas arquivoltas que compensan la rusticidad del conjunto.
Desde Villacadima el turista tiene la opción de desviarse hasta la vecina Cantalojas (de la que de hecho, es un barrio), en cuyo término municipal se encuentra el hayedo de la Tejera Negra, que forma parte del Parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara. Si por el contrario, prefiere la historia a la naturaleza, puede continuar por la CM-1006 para visitar a muy pocos kilómetros Galve de Sorbe. Su castillo es privado, pero merece la pena acercarse a echarle un vistazo, porque ofrece muy buenos perfiles a los fotógrafos 'castilleros'.
Desde Galve de Sorbe se puede llegar por varios caminos a Campisábalos, por lo que es recomendable preguntar a algún vecino, aunque la fórmula más cómoda -si no se dispone de GPS, claro- es retroceder hasta la CL-114, y seguir camino de Atienza unos pocos kilómetros hasta llegar al pueblo. En Campisábalos destaca la iglesia románica de San Salvador, de curiosa planta que parece sugerir que, en realidad, se trata de dos templos unidos, con sus dos portadas independientes. Junto a una de ellas se extiende un friso único en su género, aunque maltratado por el paso del tiempo, que describe las faenas agrícolas a lo largo del año.
Siguiendo por la carretera de Atienza y a unos 14 kilómetros, un desvío señalizado conduce a Albendiego. Algo alejada del pueblo y rodeada por una bonita arboleda está la iglesia de Santa Coloma, construida en el siglo XII, cuya cabecera, formada por tres capillas iluminadas por ventanas con celosías de aire mudéjar, es uno de los ejemplos más bellos del románico rural.
A poco menos de 20 kilómetros se encuentra Atienza, cuyo castillo llama la atención a gran de distancia. Levantado sobre una meseta rocosa estrecha de la que parece brotar la torre del homenaje, es una fortaleza de origen musulmán de la que se conservan, además de la torre, los aljibes, parte de las murallas y la puerta flanqueada por dos torreones. A los pies del promontorio del castillo se extiende Atienza, reconocida como conjunto histórico artístico en 1962. El visitante comprenderá el porqué al pasear por sus calles, sobre todo por la Plaza del Trigo o del Mercado y su entorno. Destacan las iglesias de San Juan del Mercado, en la mencionada plaza, renacentista y monumental, la de San Bartolomé, románica, en su día extramuros y decorada con una curiosa galería; y la de San Gil, que alberga un museo de arte sacro.
Si el visitante no ha tenido suficiente dosis de patrimonio histórico cultura y quiere más, puede rematar la excursión acercándose a Sigüenza, a unos 30 kilómetros, en cuyo perfil destacan, por sus volúmenes imponentes, el castillo, hoy estupendo Parador de Turismo, y la catedral románica con toques góticos y remate renacentista, una mezcla de estilos que le da cierto aire de fortaleza pero, paradójicamente, muy airoso. En su interior es casi obligatorio visitar la capilla de los Arce, en la que se encuentra el famoso Doncel de Sigüenza, sepulcro de Martín Vázquez de Arce, noble muerto en la guerra de Granada en 1486. Su estatua de alabastro es una de las joyas de la escultura del gótico tardío. La Plaza Mayor, renacentista, es el lugar ideal para descansar y decidir si regresar al punto de partida o pernoctar en Sigüenza.
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Plaza de Atienza.
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Plaza de Ayllon (Segovia).
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Iglesia de Albendiego.
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Iglesia de Campisábalos.
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