El Correo Digital
Sábado, 19 abril 2014
nuboso
Hoy 4 / 16 || Mañana 6 / 15 |
más información sobre el tiempo
Temas de ocio
Estás en: > >
Sic transit gloria mundi

DESMARQUES

Sic transit gloria mundi

En seis meses, Roberto di Matteo ha pasado de ganar la Champions y la FA Cup a ser despedido de forma fulminante

22.11.12 - 17:33 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
El pasado 19 de mayo, rompiendo todos los pronósticos gracias a una poderosísima mezcla de determinación y fortuna, sobre todo fortuna, el Chelsea se proclamó campeón de Europa por primera vez en su historia. Su victoria en la tanda de penaltis ante el Bayern en el mismísimo Bayern Arena fue un auténtico ‘maracanazo’ del que el club bávaro, como le sucedió con la derrota en 1999 ante Manchester United en el Camp Nou, nunca se repondrá del todo. La Champions era el gran título que le faltaba al Chelsea, un club peculiar que en las tres últimas décadas ha vivido una transformación extraordinaria. Dicho de un modo resumido: los ‘blues’ han pasado de ser un club modesto del Oeste de Londres cuyas mayores emociones eran sus derbis con el Fulham, una institución deportiva sin mayores pretensiones que en 1982 hizo quiebra y fue vendido al empresario Ken Bates por ¡una libra!, a convertirse, tras una primera eclosión en los noventa y la llegada de Roman Abramovich en 2003 –Bates hizo un negocio redondo y vendió el club por 140 millones de libras– en uno de los grandes cocos del fútbol europeo.
Roberto di Matteo, exjugador del club, fue el artífice de que el Chelsea lograra por fin un título que ya se había convertido en una obsesión para Abramovich. Lo que no pudieron conseguir ni Claudio Ranieri, ni Jose Mourinho, ni Luis Felipe Scolari, ni Avram Grant, que perdió la final de 2008 en la tanda de penaltis, ni Carlo Ancelotti lo consiguió Di Matteo, que era un segundón, una solución de urgencia por la que nadie apostaba demasiado. Su éxito histórico en Europa, además, estuvo acompañado de otro en la competición doméstica, ni más ni menos que la FA Cup. El exjugador italo-suizo tenía, por tanto, sobradas razones para sentirse muy orgulloso este verano. Él, un técnico sin experiencia en la élite –sólo había dirigido una temporada al Milton Keynes Dons y dos campañas al West Bromwich Albion– podía mirar por encima del hombro a cualquiera de sus ilustres predecesores. Y había conseguido ese privilegio en poco más de dos meses, ya que fue el 4 de marzo de 2012 cuando accedió al banquillo de los ‘blues’ tras la destitución de Andre Vilas-Boas.
El pasado martes, tras perder ante la Juventus y dejar más que comprometido su pase a los octavos de final de la Champions, Roberto di Matteo fue despedido de manera fulminante. La decisión de Abramovich podía haber sido vista como el mayor ejemplo de arbitrariedad e ingratitud en la historia del fútbol. Es cierto que el equipo llevaba cuatro jornadas seguidas sin ganar en la Premier y que la tufarrada en Turín había sido como para ir al Tribunal de la Haya, pero ¿cómo se podía hacer eso a un entrenador que, hace apenas seis meses, había conseguido el mayor éxito de la historia del club? ¿Cómo podía el magnate ruso ser tan injusto con el hombre que le había dado la mayor alegría deportiva de su vida? ¿Cómo puede perder su crédito tan rápido un campeón de Europa?
Ante una situación así, lo normal era que los aficionados de Stamford Bridge, los mismos que corearon el nombre de Di Matteo durante la celebración del título de la Champions por las calles de Londres, salieran de nuevo en procesión protestando por su despido. O que hicieran una huelga de pintas de cerveza y se encartelaran en los pubs de Fulham Road. Las redes sociales deberían haber echado chispas denunciando la injusticia de Abramovich. La prensa inglesa debería haber sido un clamor contra semejante atropello. Pues bien, nada de eso. Ni vestiduras rasgadas ni furtivas lágrimas. Salvo sus allegados, pocos han llorado a Di Matteo. Es más, si los hinchas del Chelsea se han unido estos días no es para protestar por el cese del exinternacional italiano sino para mostrar su desagrado porque su sustituto haya sido Rafa Benítez, al que soportan poco y mal desde sus tiempos en el Liverpool.
¿Cómo se explica todo esto? Me temo que todo es bien sencillo. No es cuestión de ingratitud. Se llama cansancio. Cansancio ante la pequeñez, que era lo que destilaba este Chelsea. Es cierto que los fichajes de Hazard y Oscar este verano fueron una demostración de buen gusto y, sin duda, la confirmación de un propósito regenerador. También es verdad que los londinenses, tras superar el estacazo que le dio el Atlético en la final de la Supercopa de Europa, hicieron algunos buenos partidos en la Premier a comienzo de temporada. Sin embargo, la cabra tira al monte y han vuelto a las andadas, a la racanería, a la especulación, a una falta de grandeza que resulta insoportable cuando uno tiene la plantilla que tiene el Chelsea. De ahí que ni siquiera el título de la Champions haya servido como aval a Di Matteo.
¿Por qué? Pues porque desde Abramovich hasta el último hincha de los ‘bleus’ sabían que la razón profunda de ese título no tenía tanto que ver con los méritos que el equipo había contraído con su fútbol como con la purita casualidad. Y el problema es que eso, una casualidad feliz, la puede tener a cualquiera. De ahí que al bueno de Di Matteo lo hayan despedido como a un cualquiera. Sic transit gloria mundi, estará pensando el técnico a estas horas. Efectivamente, es efímera la gloria en este mundo. Sobre todo para aquellos que no han entendido que nada bueno y perdurable se puede construir desde la pequeñez.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Sic transit gloria mundi
Roberto di Matteo fue despedido el pasado martes.
Pasarelas de moda
Fotos de las propuestas de todos los diseñadores
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.