El Correo Digital
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 2 / 10 || Mañana 1 / 12 |
más información sobre el tiempo
Temas de ocio
Estás en: > >
El gigantón extremeño

medía 235 centímetros

El gigantón extremeño

20.11.12 - 12:23 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Vivo o muerto, en el siglo XIX o en el XXI, vestido de pie o en la yacente desnudez de sus huesos, Agustín Luengo Capilla siempre fue un hombre asombroso, un gigantón que paseaba entre caras de sorpresa sus 235 centímetros de altura (veinte más que Gasol) por aquella España decimonónica de gentes pequeñitas, donde la talla media rondaba el 1,60 (hoy, es de 1,73). Cuentan de Agustín, que nació en 1849 en la Puebla de Alcocer (Badajoz) y murió 26 años después en Madrid, que en su casa tuvieron que abrir un butrón en la pared para que pudiera dormir con las piernas totalmente estiradas. También cuentan que en aquella España pueblerina que se reía de las malformaciones (y pagaba por verlas), el amigo Agustín se ganaba la vida en uno de aquellos circos de monstruos con enanos, mujeres barbudas y hombres elefantes, tan del (mal) gusto de la época. Su número, que se anunciaba como una de las mayores atracciones, consistía básicamente en mostrarse tal cual era y pasear bien cerca del público para que niños, mujeres y hombres se deleitaran con su anatomía exagerada. El momento cumbre de la función llegaba cuando, como el que se esconde dos monedas, Agustín ocultaba en sus descomunales manos un par de panes redondos de kilo y medio cada uno. Puede que los aplausos que retumbaban bajo la lona aliviaran el terrible dolor físico de aquellos huesos hundidos bajo el peso de un cuerpo desproporcionado. O puede que quizá le resultaran humillantes socavando aún más su autoestima. Nunca lo sabremos.
Lo cierto es que gracias al éxito de sus exhibiciones circenses, la fama del gigante Agustín (un caso claro de acromegalia, un trastorno causado por un tumor que dispara la producción de la hormona del crecimiento) llegó a oídos del doctor Pedro González de Velasco, catedrático de Anatomía de la Universidad de Madrid, que impresionado por las peculiaridades y rareza antropológica de aquel esqueleto, hizo a Agustín una oferta que no pudo rechazar. Le compraría su cuerpo en vida a cambio de una renta de 3.000 pesetas, una fortuna en aquella época, equivalente al salario medio de ocho años. Agustín recibiría 2,50 pesetas al día mientras viviese y a su muerte, su cuerpo pasaría a una especie de museo anatómico que por aquellos años, González de Velasco estaba montando en su propia casa del barrio de Atocha. Digamos, de paso, que el doctor era un personaje singular.
Hijo de un humilde matrimonio de labradores segovianos, se forjó una brillante trayectoria profesional sin renunciar a su obsesión de recuperar cadáveres para la enseñanza de la Medicina. El reconocido galeno invirtió todos sus ahorros en la construcción del edificio del museo (que fue su vivienda habitual y donde murió en 1882) y allí fundó en 1875 el Museo Nacional de Antropología, en cuya sala principal reposan los restos del que todos conocen como El Gigante Extremeño, que no es otro que Agustín Luengo Capilla, quien, por cierto, no pudo disfrutar de aquella suculenta renta vitalicia pues murió al poco de tiempo.
Restos capilares
En el ‘vaciado’ del cuerpo del gigante que acometió el propio catedrático de Anatomía, el esqueleto perdió diez centímetros y así, con una impresionante osamenta de 2,25 metros, es como se exhibe en la actualidad en el Museo. Sus restos, resguardados en una vitrina acristalada, están custodiados por un vetusto armario repleto de cráneos, por la llamada ‘Momia guanche’ (el cadáver perfectamente embalsamado de un lugareño canario de tiempo inmemorial) y una escultura a tamaño natural del propio Agustín (resultante del vaciado practicado por el doctor) que áun conserva minúsculos restos capilares.
Ni que decir tiene que el colosal esqueleto es la pieza más admirada por los más de 40.000 visitantes que recibe el Museo cada año, muchos de ellos escolares de colegios que solicitan un (muy recomendable) recorrido guiado.
Mareos y desmayos
“Los niños son los que más preguntan”, cuenta Nelly Ognio, educadora del museo, que casi siempre tiene que aclarar a los chavales dubitativos que sí, que lo que están viendo es un muerto de verdad. “Hay niños”, explica Nelly, “que se marean al encontrarse en una sala llena de huesos y les tenemos que sacar fuera. Hemos tenido también algún desmayo, pero la mayoría de los chavales observan detenidamente el cuerpo mientras atienden las explicaciones”. Los escolares se fijan en todo: en el deterioro de las rótulas, en que le falta un dedo del pie, en los ‘dientes’ picudos de la calavera (aunque en realidad solo le queda una muela), en las líneas que cosen su cráneo… y también se interesan por quién le hacía los pantalones, las muletas o los zapatos, alguno de los cuales, por cierto, se exhibe en el Museo Etnográfico de Puebla de Alcocer. Muchos niños, tan entusiasmados con el descubrimiento, dejan un recuerdo en forma de dibujo.
La educadora aprovecha la empatía que al final se crea entre los niños y su amigo el gigante para tocarles la fibra de ese valor humano tan imprescindible en estos tiempos como el respeto al diferente. En un museo como el de Antropología, que también reúne antigüedades, objetos etnográficos y colecciones de culturas tan distintas como la africana o la sudamericana, el Gigante Extremeño transmite a los escolares que negros o blancos, altos o bajos, por dentro todos somos iguales. Una hermosa lección de conocimiento en un Museo, que, claro, tiene como lema ‘Nosce te ipsum’.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
El gigantón extremeño
El esqueleto de Agustín Luengo Capilla. / V.M. Pizarro
Pasarelas de moda
Fotos de las propuestas de todos los diseñadores
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.