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Güiza y el paraíso

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Güiza y el paraíso

A sus 32 años, el controvertido delantero jerezano emprende una nueva aventura en Malasia

14.11.12 - 18:14 -
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Tuvo que ser digna de escucharse la conversación entre Dani Güiza y su abogado, Vicente Montes, cuando éste le comunicó que había recibido una oferta de Malasia. Me imagino al jerezano, quitándose los cascos con los que escuchaba a La Felipa.

– ¿De dónde dices?

– De Malasia.

– ¿Y dónde está eso?

– Pues en Asia, coño. Cerca de China.

– No jodas.

– ¿Te acuerdas de Sandokán?

– ¿El que jugó en el Cádiz?

– No, otro. Bueno, es igual. Es una buena oferta para ir cedido un año.

– Vicente, joder. ¿Pero no hay nada más cerca?

– Tú hazme caso que puede ser una oferta cojonuda. El tío es un sultán. Está 'forrao'.

– No jodas.

– Que sí, que sí.

También tuvo que ser muy interesante el encuentro que Dani Güiza y su actual pareja mantuvieron con el príncipe Tunku Abdul Majid Idris Ismail Abu Bakar, de 28 años, en una sala 'vip' del impresionante hotel Casino Bay Sands de Singapur. Por lo que ha trascendido, el multimillonario propietario del Johor F.C. agasajó al jerezano de tal manera que éste empezó a alucinar y todavía no ha parado. Por supuesto, firmó el contrato, se convirtió con esa rúbrica en la gran estrella del fútbol malayo y, como tal, fue recibido en el sultanato de Johor, un pequeño paraíso unido por un puente a Singapur. Güiza recibió tratamiento real a su llegada al aeropuerto, donde le recogieron en uno de los 350 coches de lujo del príncipe y le llevaron a uno de sus tres palacios. Las últimas noticias que llegan de él es que ha regresado a España para recoger sus cosas y despedirse de sus compañeros del Getafe. En breve, se incorporará a su nuevo club, con el que realizará la pretemporada en Bali. ¡En Bali!

A uno le alegra mucho que a Dani Güiza le vayan bien las cosas y que, a sus 32 años, cuando todos le dábamos un poco por muerto y los aficionados más cabrones ya le vacilaban en los campos exigiéndole que pague sus numerosas pensiones de paternidad, caiga de repente en un paraíso. No he llegado a conocerle en persona. Lo más cerca que he estado de él fue hace seis años, en un bar de ibéricos que hay cerca del Coliseo Alfonso Pérez. Mientras terminaba de preparar el cuestionario de mi entrevista con Ángel Torres, el presidente del Getafe, unas mesas más allá Güiza fumaba rubio y bebía en compañía de la que entonces era su novia y representante, la exfamosa Nuria Bermúdez, aquella chica experta en futbolistas de cuya reputación se podía decir que era manifiestamente mejorable. Pero el caso es que, sin conocerle en persona, siempre me cayó bien. Quizá porque era diferente, como de otro tiempo.

Güiza nació en la barriada de La Liberación, un arrabal de casas bajas y chabolas que se inundaba en cada tormenta incluso cuando sus vecinos rezaban al Cristo de la Aspiración. Se podría decir de él que es el último producto genuino de un tipo de futbolista que en España está en peligro de extinción o ya se ha extinguido, no lo sé: el talento forjado en la calle, en los descampados yermos de un barrio pobre. En los potreros, que diría un argentino. El nuevo héroe del Johor creció allí, travieso e indomable, soñando con ser como Kiko Narváez, su gran ídolo. Él mismo ha confesado más de una vez que sólo le interesaba el fútbol y que en clase se dedicaba a armar bulla y a utilizar su bolígrafo como cerbatana, lo que le valió ser expulsado del colegio antes de terminar la EGB. Fue una lástima que sus profesores no probaran con él un remedio del estilo del que utilizó con Genaro Gattuso su maestro en la escuela de Corigliano: ponerle cada mañana encima del pupitre el 'Marca' –a Gattuso era 'La Gazetta dello Sport', lógicamente– para tenerle entretenido y que no revolucionara a sus compañeros.

Somos muchos los que hemos seguido con interés su carrera, que ha estado llena de altibajos y de equipos, algo inevitable en un futbolista que se quedó dormido como un lirón durante una sesión de video de Luis Aragonés en Son Moix y del que Bernd Schuster llegó a decir que algunas mañanas, cuando le veía llegar al entrenamiento, tenía la sensación de que había dormido en la calle. No es extraño que Quique Pina, el que fuera propietario del Ciudad de Murcia (y ahora del Granada y quién sabe si también del Real Oviedo) se saliera aquella mañana de 2003 cuando les dijo a los periodistas aquello de «hoy os presento al jugador más golfo de España». No iba descaminado. Güiza nunca ha dejado de ser un golferas, pero su talento llegó a ser más poderoso que sus debilidades de malandra. Al menos, durante unos pocos años, los que ha tenido de gloria. Hay que ser muy bueno para marcar en Primera 27 goles con el Mallorca en una sola temporada, por ejemplo. Personalmente, es uno de los futbolistas más inteligentes que he visto para vivir en el alambre de la línea del fuera de juego y para leer los mejores desmarques. Ello le permitió llegar a internacional y coronarse con España en la Eurocopa 2008. Otra cosa es lo que hubiera conseguido de no haber sido un balarrasa incorregible. Pero es que entonces no hubiera sido Dani Güiza.

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