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'Holy Motors', la película más provocadora y fascinante del año

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'Holy Motors', la película más provocadora y fascinante del año

Leos Carax, director maldito del cine francés, arrasó en Sitges con una arrebatadora reflexión sobre el cine cuyas imágenes permanecen en la cabeza durante días

14.11.12 - 18:01 -
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Denis Lavant, actor fetiche de Carax, salta de personaje en personaje.
'Holy Motors', la película más provocadora y fascinante del año
El protagonista, en otro momento de la película
'Holy Motors', la película más provocadora y fascinante del año
Otra escena nocturna el filme
«No sé quién es el público y no me importa que entiendan la película», reta Leos Carax. La arrogante proclama adquiere el rango de 'boutade' después de sumergirse en la película más fascinante y arrebatadora del año. 'Holy Motors', la gran triunfadora del último Festival de Sitges, propone un viaje por París de la mano de un guía que cambia de aspecto y personalidad cada diez minutos. Como en otra cinta reciente, 'Cosmópolis', de David Cronenberg, una limusina desplaza al protagonista por una urbe convulsa.
¿De qué va 'Holy Motors'? A lo largo de un día, casi en tiempo real, asistimos a la agotadora jornada de ¿trabajo? de Monsieur Oscar, que viaja por las calles de París a bordo de su vehículo-camerino. Cuando le vemos por primera vez parece un banquero camino de su oficina, pero en la primera parada se disfraza de viejecita pedigüeña. Poco después se desmaquilla y penetra en unas futuristas instalaciones donde baila un 'coito virtual' enfundado en un traje con sensores. En otra ocasión sale del coche convertido en asesino. Y así hasta nueve veces.
¿Son las 'misiones' de Monsieur Oscar representaciones de un actor que no tiene cámaras que le enfoquen? ¿Ficciones ordenadas por un superior? Al inicio de 'Holy Motors', el propio Leos Carax se despierta en su habitación y abre una puerta que da un cine con el patio de butacas lleno de un público que parece hastiado. Un bebé camina por el pasillo hacia la pantalla. ¿Está hablando el director de la muerte del cine? ¿Es 'Holy Motors' una elegía melancólica, hermosa y loquísima sobre un arte en trance de transformación?
Tampoco importa demasiado intelectualizar una cinta cuyas imágenes se quedan en la cabeza durante días. Denis Lavant, actor fetiche de Carax, salta de personaje en personaje en un ‘tour de force’ sin parangón en el cine reciente. Ahí es nada verle transmutado en un demente brincando entre las tumbas del cementerio Père Lachaise y raptando a la mismísima Eva Mendes para llevársela a las alcantarillas. Un Quasimodo que muestra su pene erecto en una imagen insólita en una cinta comercial. ¿Cómo convencería el director a la Mendes para intervenir en la bizarra escena?
Y es que 'Holy Motors' salta de lo grotesco a lo sublime sin solución de continuidad. Concentra todos los géneros en uno: drama, comedia, ciencia-ficción, terror y hasta musical, como en la maravillosa secuencia que transcurre en los grandes almacenes La Samaritaine, derruidos por dentro para acoger un hotel de lujo, donde Kylie Minogue canta como si hubiera salido de 'Los paraguas de Cherburgo'. Desde la azotea, el Pont Neuf refulge en la noche parisina para recordarnos la película que convirtió a Carax en director maldito, 'Los amantes del Pont Neuf', filme de culto y uno de los mayores descalabros del cine francés.
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