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Cartas desde el frente

El Gobierno británico rescata de los archivos más de 230.000 cartas de soldados que combatieron durante la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918

01.09.13 - 09:16 -
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Cartas desde el frente
Soldados de la Infantería Real Británica saltando una trinchera en junio de 1915. / AP

Los archivos son esos lugares recónditos donde se almacenan documentos de diversa naturaleza de la historia de un país o una localidad más concreta. En el presente caso, el Gobierno británico, ha decidido rescatar del olvido, el testimonio de más de 230.000 soldados que entre 1914 y 1918 sirvieron en el ejército de Su Graciosa Majestad. Más de 250.000 cajas que contienen la correspondencia personal de miles de soldados, jóvenes en la flor de la vida en su mayoría, que redactaron testamento o las últimas voluntades a sabiendas que la guerra más salvaje que hasta entonces había conocido el hombre, acabaría con sus vidas.

El proyecto emanó de la voluntad del Gobierno. Para tal ingente tarea se pusieron en contacto con la empresa Iron Mountain para clasificar, catalogar, digitalizar y conservar los cientos de miles de documentos que no llegaron a ver la luz y que muchas familias no pudieron recibir narrando las últimas voluntades de sus hijos. De esta manera, miles de familias, cuyos descendientes combatieron en las trincheras de Francia o en la calurosa costa de Gallipoli, podrán acceder a través de la siguiente página, al testimonio de sus familiares por un coste de aproximadamente siete euros.

Los historiadores que han accedido al fondo digitalizado, han dejado constancia de la gran utilidad de esta fuente para conocer de primera mano las impresiones, inquietudes y miedos que perseguían a los soldados que lucharon fervientemente en las trincheras. El profesor en el Imperial War Museum, Peter Simkins, es uno de los historiadores que ha tenido acceso a estos documentos. Mediante esta herramienta logró encontrar una de las cartas que su tío abuelo escribió durante la contienda en 1917. Uno de los años más críticos de la Gran Guerra. Se calcula que en ese año, al día, quedaban inoperativos por baja o herida, el equivalente a tres batallones de infantería según el diario Mail Online.

Haciendo un esfuerzo, se puede imaginar al soldado del segundo batallón de infantería ligera Durham, Joseph Ditchburn, agazapado en un hueco de la trinchera, rodeado de camaradas vestidos con ropas andrajosas, después de aguantar y ver lo inimaginable, escribiendo con su temblorosa mano a su madre en Inglaterra horas antes de escuchar el aterrador silbído del oficial señalando el inicio del asalto a la trinchera enemiga. "Madre, ten coraje, estaré bien. Hay cientos de madres en las mismas circunstancias y si yo muriera, lo haré con buen corazón y con todo tu amor sobre mis labios”. Palabras que sin duda hubiesen consolado a la madre el día que recibió la notificación del fallecimiento de su hijo, caído un mes más tarde de redactar la carta en el frente de Francia.

Otro soldado escribió en 1915 a su amada: "Querida, esta guerra va a ser peor de lo que pensaba, algunos parecen pensar que no va a durar un mes y algunos dicen que tendrá una duración de tres años, los oficiales nos dijeron esta mañana que sería una guerra dura y larga (...) Si me matan en servicio activo, habrá una medalla para mí en alguna parte y espero que trates de guardarla para el niño, para que la use cuando sea grande". La correspondencia del soldado finaliza con una despedida que esconde un trasfondo claro, el soldado sospechaba en los más profundo de su ser, que sería más complicado de lo esperado el emprender el regreso a casa: "Dale recuerdos de mi parte a los hombres que están en la cosecha, diles que estoy bien hasta ahora".

El joven soldado de 26 años, cayó en combate el 5 de mayo de 1915 en Ypres. No tiene tumba, pero al menos ahora, sus familiares podrán recobrar su testimonio. Una huella imborrable que perdurará en el tiempo sobre los horrores que el ser humano es capaz de cometer. Terroríficos actos que aún hoy día perduran en lugares no tan remotos...

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