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Entre Ché Guevara yJomeini

LOS SEÑORES DE LA GUERRA

Entre Ché Guevara yJomeini

Hasán Nasralá dirige con mano firme Hizbolá, el Partido de Dios. Está casado y tiene cuatro hijos. Dicen que vive bajo tierra en Líbano para estar a salvo de un ataque de Israel

01.09.13 - 00:00 -
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Entre Ché Guevara yJomeini
Hassan Nasrallah, escoltado por guardaespaldas, saluda a sus partidarios en en los suburbios del sur de Beirut./ Reuters

«Tímido», «educado», «reservado», «casero», «profundamente religioso», «honesto»... son algunos de los calificativos que dedicaban en agosto de 2006 los vecinos de Bazorieh, pequeña localidad del sur del Líbano, al hombre que dirige con mano firme Hizbolá, el Partido de Dios. Nacido en el barrio armenio Burj Hammud del sur de Beirut hace 52 años, la familia de Hasán Nasralá se trasladó a Bazorieh en 1975. Hassan tenía apenas quince años y aquí empezó su carrera política y religiosa, primero en el movimiento chií Amal y más adelante en Hizbolá, donde pasó a convertirse en secretario general en 1992, tras el asesinato a manos de Israel del anterior líder, Abbas Al Musawi.

Sus estudios religiosos le llevaron a las ciudades santas chiíes de Nayaf, en Irak, o Qom, en Irán, pero siempre mantuvo a su familia en la región sur del Líbano, zona donde vive la mayor parte de la población chií del país. Bazorieh está situado a solo cinco kilómetros de Tiro, ciudad más importante antes de la frontera con Israel, y la carretera discurre entre extensos campos de plataneros y limoneros, lugares utilizados por Hizbolá durante la guerra de 2006 para el lanzamiento de cohetes 'Katiusha'.

Permanecer en Bazorieh, como en el resto de pueblos de la región de Tiro, era durante la guerra una muestra de coraje ya que los israelíes avisaron en numerosas ocasiones a la población civil sobre los bombardeos. Tras 33 días de ofensiva, que dejaron más de mil muertos, la mayoría civiles, el casco urbano no quedó muy dañado, pero el barrio donde residía la familia del jeque fue reducido a escombros. Tan solo una bandera del partido hecha jirones y una foto del líder en una farola recordaban que uno estaba frente a la que fue la casa familiar.

Nasralá está casado y tiene cuatro hijos. Un quinto, Mohammed Haddi, el primogénito, falleció en 1997 luchando contra Israel en la localidad fronteriza de Jabal al-Rafaei. El hecho de que su hijo sea un mártir es muy apreciado por sus seguidores que siguen sus intervenciones televisivas con devoción, decoran el salpicadero de los coches con sus fotos, usan su imagen de salvapantallas en los ordenadores y ponen fragmentos de sus discursos como melodía para móviles.

Es un líder carismático, una mezcla de político, guerrillero y religioso. 'The Washington Post' le definió como «un cruce entre Ché Guevara y el Imam Jomeini» y lo calificó como el «líder más astuto y peligroso del mundo árabe». En la guerra de 2006 le dieron por muerto en dos ocasiones, pero siempre salió ileso y al final de la misma reunió a un millón de fieles al sur de Beirut para celebrar «la victoria divina» sobre Israel.

Con su discurso directo y sencillo y su inseparable turbante negro –muestra de que es descendiente del profeta Mahoma– ha sabido llegar al corazón de miles de personas que están dispuestas a dar la vida por su causa, por su palabra, por su partido, el Partido de Dios, y ahora además del Líbano ha extendido su campo de acción a Siria.

Nasralá vive bajo tierra para estar a salvo de un ataque de Israel, eso dice al menos la leyenda urbana que le rodea. En 2008 perdió a su número dos y jefe del aparato militar de la milicia, Imad Mugniyeh, en un atentado ocurrido en Damasco. Sus apariciones en público son escasas, pero desde el estallido de la crisis en Siria se prodiga en discursos televisados para justificar el papel de su milicia en apoyo a Bashar Al Assad. Este apoyo abierto y fuera de sus fronteras, que los analistas interpretan como un intento de salvar el eje chií entre Teherán, Damasco y Beirut, le ha costado la crítica de gran parte del mundo árabe. Muchos que le veían como el icono de la resistencia frente a Israel, ahora le ven como un líder sectario que se limita a cumplir las órdenes de Irán y que es parte esencial de la maquinaria represora del régimen sirio.

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