El Correo Digital
Miércoles, 22 octubre 2014
claros
Hoy 13 / 26 || Mañana 12 / 22 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > >
Pobre con oficina

EL PISCOLABIS

Pobre con oficina

De ahí lo de dejar el vaso de monedas y el mensaje. Está la cosa como para coger empleados o sustitutos

24.08.13 - 00:31 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Pobre con oficina
Nota y vaso con las donaciones.

Los pies estaban en 2013, pero la mente caminaba por los 80. Aquella tarde intentaba recordar a qué altura estaba antaño el mítico Pub Citröen de General Concha. Y, pese a que soy hombre, puedo hacer dos cosas a la vez. Así que que mis ojos también buscaban por allí un cajero generoso que diera billetes. Encontré uno a la vuelta de la Bodeguilla del 'Palas' y camino de los triángulos del EME. Más allá de la sorpresa que supuso descubrir que había saldo en la cuenta, lo que vi tardaré mucho en olvidarlo. De hecho, saqué una fotografía. Es la que hoy nos acompaña. Alguien había dejado un vaso de plástico y una escueta nota. "Soy el que vive en cajero sin trabajo sin recursos. Una ayuda pa COMER. Muchas gracias Dios te bendiga". Ni una coma, algún punto y un 'pa' en lugar de 'para', que será menos correcto pero resulta más atinado. No sé si me sorprendió más que alguien lo hubiera dejado allí, que tuviera un buen número de monedas o que nadie se las hubiera llevado aún. Era como si se tratara de una escena del 'Show de Truman'. De hecho miré hacia arriba, por si se trataba de una cámara oculta. Pero no. La única cámara era la del cajero. Y les aseguro que me habría gustado ver la grabación.

Descubrir la curiosa oficina, a la par que vivienda, de un misterioso ciudadano supuso para mí una inyección de moral. Lo cual no deja de ser paradógico. Nunca es agradable comprobar que hay gente que no tiene otra opción que mendigar. Y si la tiene, no le compensa lo suficiente como para sentir pudor y dejar de hacerlo. Es como si la carretera que lleva del dar al pedir fuera de sentido único. Por lo que se ve resulta dificil regresar a eso que llamamos vida normal. Hace cosa de un año largo, tuve ocasión de ver 'esa primera vez'. Un hombre, de aspecto impecable, ofrecía pañuelos de papel cerca de la estación de Atocha, en Madrid. Se le veía avergonzado. Como si sus manos ofrecieran los pañuelos y sus ojos no quisieran verlas. Era tan evidente que había decidido dar el paso ese día, que verle allí te rompía el alma. Es lo que tiene esta crisis. Que está llena de espejos. Antes creías que jamás te tocaría. Ahora no pondrías la mano en el fuego. Y te ves en el otro. Como supongo le pasó a aquél hombre. Y por eso me vi en él. No me pareció tan lejano. O al menos, no tanto como antes.

Con el tiempo el hombre perdió verguenza y ganó soltura. Se movía por el paso cebra como si fuera su trabajo de toda la vida. Incluso sin mirar, sabía cuando debía retirarse porque se cambiaba el semáforo. Y aun así, carecía del estatus del mendigo de Bilbao. Un tipo que tiene su horario y que, a veces, no está en la oficina. Cosas del estrés de cada día. De ahí lo de dejar el vaso de monedas y el mensaje. Está la cosa como para coger empleados o sustitutos. Hay que llevar el negocio de manera personal. Y eso, quieras o no, lo entiende el cliente. "¡Vaya, no están ni el director de la oficina, ni el pobre que vive en ella!". Es lo que tienen los Bancos y las Cajas. Su horario es el que es. Por la tarde no abren. Tampoco en festivos. Están a otras cosas. Y lo entiendo. Pero, insisto, sorprende que las monedas sigan allí. Incluso que las donaciones aumenten con el paso del tiempo.

Quizá se deba a que este jodido mundo, aunque no lo parezca, todavía tiene arreglo. Entre canallada y canallada, hay atisbos de una cierta civilización en lontananza. Un tiempo y un espacio en el que un pobre pueda dejar su oficina abierta, con su caja fuerte expuesta y con un papel como única arma ante el infortunio. Tan simple, como efectivo. Puede que sea eso lo que hace que todo siga allí. Hasta el más impresentable e incívico personaje de nuestras calles se sorprendería de la confianza que tiene este mendigo en la humanidad. En esa que le ha dado la espalda o a la que él se la ha dado, vaya usted a saber porqué. Al final, voy a volver a creer en los Bancos. Dentro atan los bolígrafos para que no te los lleves. Pero fuera te dejan dinero en un vaso. Al menos, en cierta sucursal de General Concha. Está en Bilbao. Si van por allí, pregunten por ella.

TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Te ofrecemos todos los eventos de cada día: teatro, conciertos, exposiciones...
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.