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El 'agua oscura' de Fukushima

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El 'agua oscura' de Fukushima

Día tras día, desde hace meses, la central vierte al Pacífico 300 toneladas de agua radiactiva. ¿Y no pasa nada?

22.08.13 - 00:01 -
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Los aficionados al cine japonés de terror saben que hay un elemento recurrente: el agua como presagio de algo horrible -ver 'Dark Water', una película de Hideo Nakata de 2002 con espíritu de niña asesinada- o bien como el lugar del que emergen criaturas que podrían acabar con la humanidad, es el caso de 'Godzilla' (Ishiro Honda, 1954), el dinosaurio mutante debido a unas pruebas nucleares que supone la encarnación del miedo que sintió el país tras el bombardeo atómico de la década anterior. El agua vista como amenaza; no en vano se trata de una isla que el 1 de marzo de 2011 sufría un terremoto del que aún estamos padeciendo las consecuencias. Ayer, el Gobierno japonés subía el nivel de alerta radiactiva en Fukushima del 1 (anomalía) al 3 (incidente grave) -la escala llega al 7, alcanzado en esta misma central cuando se produjo el tsunami y en Chernobyl-. ¿La causa? La fuga de 300 toneladas de líquido muy radiactivo de uno de los tanques utilizado para almacenar el agua que refrigera los reactores. Al parecer, y según la empresa gestora, Tepco, se dieron cuenta del problema al detectar charcos en el suelo que, aseguran, están intentando recoger, aunque parte ya se ha infiltrado en el terreno. Afirman que, como la central está a cien metros de la costa, este ‘agua oscura’ no ha llegado al mar.

Pero es que el pasado 22 de julio, dicha empresa admitía, de forma tardía después de haberlo negado con anterioridad, que la planta lleva meses, puede que dos años, vertiendo otras 300 toneladas diarias de agua subterránea contaminada desde los sótanos de los reactores al océano Pacífico. Haciendo cuentas, es lo mismo que se necesitaría para llenar una piscina olímpica cada semana. Se han recogido muestras de agua de mar cercana a la central con altas dosis de la partícula radiactiva tritio. ¿Y no pasa nada? Corea del Sur ya ha pedido explicaciones a Japón sobre las medidas que están tomando para detener este vertido. El Gobierno nipón insiste en que la mayor parte del agua contaminada se limita a las zonas cercanas a la central y alega que su puerto está aislado del mar abierto por diversos rompeolas y diques que protegen la planta. Hay un proyecto para congelar la tierra que rodea el recinto con nitrógeno líquido para bloquear así la salida del agua, pero de momento es un futurible que costaría unos 309 millones de euros.

Julio Barea, responsable de la campaña de energía y residuos de Greenpeace, bromea sobre la imposibilidad de poner puertas al mar y denuncia las mentiras y ocultaciones de la empresa Tepco y del propio Ejecutivo japonés en la gestión de esta catástrofe. "Es difícil saber qué está pasando con ese agua. La gente de la zona lleva dos años sin poder pescar allí, pero se han reabierto playas cercanas que permanecían cerradas desde la crisis. Ese agua contaminada vaga libre por el océano gracias a las corrientes marinas. ¿Quién sabe lo que puede pasar, lo que está pasando con los peces en esa bahía frente a la central? No se trata sólo de los animales que puedan morir, sino que a su vez estos sean ingeridos por otros organismos. Imagina lo que sucedería si en peces capturados en el Atlántico se encontraran niveles de radiactividad".

La organización Ecologistas en Acción explica en uno de sus informes que "se desconocen los efectos dañinos de la exposición prolongada a la radiación para los ecosistemas marinos, así como los niveles nocivos que pueden acumular en la cadena trófica y llegar a afectar la población". Recuerda que durante el accidente se tomó la decisión de emergencia de verter "aproximadamente 11.500 toneladas de agua débilmente radiactiva al océano para enfriar los reactores. Sumadas a las continuas fugas accidentales y, en menor medida, a la deposición atmosférica, la contaminación de radiactividad en el mar en las inmediaciones de la planta llegó a ser en ese momento hasta 7,5 millones de veces superior al límite legal”. Según esta organización, estas costas son recorridas por una de las corrientes marinas más importantes del mundo, "llevando muy lejos las aguas contaminadas por el Pacífico". "La radiactividad -prosiguen- tanto en el mar como en la tierra, se absorbe de los organismos expuestos y se deposita en sus órganos provocando patologías graves como el cáncer. Según los niveles de la exposición, los efectos agudos pueden ser mortales. Los organismos bentónicos filtradores de interés pesquero, como los moluscos y los crustáceos, son los más sensibles porque filtran y acumulan la contaminación, y a la vez pueden ser fuente de exposición a la radiactividad".

De momento, lo que sí se sabe gracias a los exámenes practicados por las autoridades sanitarias sobre 360.000 menores de edad de la zona es que 18 niños de Fukushima han desarrollado cáncer de tiroides en este tiempo y otros 25 podrían padecerlo también, aunque es demasiado pronto para que los expertos puedan hablar ya de un incremento en la incidencia de tumores desde el tsunami. Tanto Greenpeace como Ecologistas en Acción insisten en que Fukushima es la prueba palpable de las consecuencias que puede tener la energía nuclear y abogan por apostar por otras fuentes más limpias y seguras.

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