La maldición china de la leche para bebé

Pekín lanza una ofensiva contra las marcas extranjeras, a las que acusa de haber fijado precios y bajado su calidad

ZIGOR ALDAMABILBAO
Un niño en un carro de la compra mientras su madre elige leche en China./ AFP/
Un niño en un carro de la compra mientras su madre elige leche en China./ AFP

Pocas cosas hay más codiciadas en China que la leche en polvo para bebé producida en el extranjero. Lo deja claro una estadística más que contundente: en lo que llevamos de año se han producido en Hong Kong más arrestos por contrabando de este producto que los realizados en todo 2012 por tráfico o posesión de heroína. Claro que es fácil entender la razón de este extraño hecho: la excolonia británica restringe desde el 1 de marzo la exportación de fórmula láctea a dos latas de menos de un kilo por persona.

Pero la demanda es tan elevada en la China continental que muchos no tienen reparo en jugarse unos días en el calabozo. Al fin y al cabo, el beneficio es muy superior al que se obtiene con las drogas. Incluso países como Holanda han reconocido que están sufriendo escasez en el suministro de leche para bebés por culpa de la voracidad china. No en vano, en el primer trimestre del año las ventas se han disparado un 50% en el principal productor europeo, pero la población local tiene dificultades para abastecerse. Gran parte de la producción va por canales ilegales hasta el Gran Dragón, que gasta 12.000 millones de euros cada año en estos productos.

Pero, la fe en los productos importados se ha desmoronado en el país más poblado del mundo. La neozelandesa Fonterra, el mayor fabricante de productos lácteos del mundo, ha descubierto que al menos 38 toneladas de una proteína utilizada en la leche en polvo están contaminadas con clostridium, una bacteria que provoca botulismo, una intoxicación que puede acarrear parálisis y hasta la muerte. Como consecuencia de este hallazgo, que ha provocado el desplome de las acciones de la empresa e incluso la caída del dólar neozelandés, China ha retirado del mercado 420 toneladas de leche en polvo contaminada y ha prohibido la importación de todos los productos procedentes de Nueva Zelanda.

Por si fuese poco, el Gobierno de Pekín ha acusado a las principales marcas internacionales de haber acordado unos precios mínimos y haberse saltado así la ley antimonopolio. Por esa razón, el 7 de agosto hizo públicas unas multas récord (que suman 83,5 millones de euros) a seis empresas, entre las que también se encuentra Fonterra. Sin duda, con todo este embrollo, quienes están de enhorabuena son las marcas chinas. Y el propio Gobierno se ha asegurado de que se meta el dedo en la llaga: según diferentes periodistas, los medios estatales han recibido órdenes de dar un espacio generoso al escándalo. 'El Diario del Pueblo', siempre voluntarioso, llamó "supersticiosos" a quienes compran la leche en el extranjero y aseguró que se puede confiar en los productores nacionales.

Problemas de confianza

Pero va a tener difícil conseguir que la gente muerda el anzuelo. Porque el origen de este culebrón se remonta a septiembre de 2008, cuando se encontraron elevados niveles de melamina en los productos de 26 marcas locales, con la empresa líder Sanlu -de la cual Fonterra tenía un 43%- en cabeza. Como consecuencia de uno de los escándalos alimentarios más sonados en un país acostumbrado a todo tipo de desmanes, al menos seis bebés murieron y unos 300.000 cayeron enfermos.

Desde entonces, la reputación de las marcas chinas ha caído por los suelos. "Yo compro por Internet botes de leche en polvo de Nestlé importados", reconoce a EL CORREO una madre de Nanjing, capital de la provincia oriental de Jiangsu. "Pero ahora ya no sé qué hacer. No entiendo cómo hay tanta gente que no tiene un mínimo de ética y juega con la vida de nuestros hijos".

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