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euskadi, La comunidad con menos practicantes

La siesta mundial

Ni los españoles la dormimos tanto como dicen, ni somos los únicos. Eso sí, por mucho que se empeñe "Der Spiegel", el Gobierno todavía no nos ha prohibido echar una cabezadita

15.07.13 - 00:01 -
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La siesta mundial
La comunidad con más practicantes de la siesta diaria es Murcia.

Los españoles nos enteramos hace unos días que el Gobierno nos prohibió la siesta hace más de medio año. Nosotros lo ignorábamos, algunos incluso seguíamos durmiéndola de manera insensata y delincuente, pero el semanario alemán "Der Spiegel" nos ha dado la noticia en un artículo poco dado a interpretaciones: «La siesta en España no ha existido desde el otoño de 2012. Fue entonces cuando el Gobierno español, bajo la presión de la troika del euro, la eliminó», explica el texto, que plantea la medida de Rajoy como un remate de la iniciativa de Zapatero, que en 2005 «eliminó la siesta de los funcionarios». Estas afirmaciones sirven de base para una argumentación que se mete en honduras, con planteamientos interesantes como que «el capitalismo global está colonizando el sueño» o que asistimos a «una radicalización de la ética de trabajo protestante», pero desde aquí lo leemos todo desde el asombro y el mosqueo por el delirante punto de partida. Al informar sobre la falsa muerte de un tópico, la siesta española, el autor se ha cargado otro, la fiabilidad germánica.

La siesta es un cliché de nuestro país que fascina al mundo. El concepto también se suele manejar desde dentro -ahí está Fernando Sánchez Dragó con su mortífera definición de España como «fiesta, siesta e Iniesta»-, pero su aparición parece casi inexcusable en cuanto un extranjero, y más aún si se trata de un anglosajón o un alemán, se pone a analizar lo que ocurre por debajo de los Pirineos. En sus manifestaciones más graves, esta obsesión viene acompañada por otros síntomas preocupantes, como las referencias a la paella, el flamenco o las corridas de toros: el artículo de "Der Spiegel", por cierto, está ilustrado con una foto de dos mozos que dormitan en un banco de Pamplona durante los sanfermines, con su traje blanco, su fajica, su pañuelo y la cara protegida de la luz por sombreros, así que en el resumen gráfico solo falta Iniesta asomando por la banda.

Y el caso es que los españoles no dormimos tanto la siesta. «¡En absoluto! Eso es un mito que en estos momentos de la historia no tiene ningún sentido. Desde luego, no es válido para las personas que desempeñan un trabajo en los centros urbanos», plantea Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. Nuestros peculiares tiempos de trabajo, con un paréntesis a mediodía más largo que en otros países, no tienen nada que ver con nuestra supuesta costumbre de echar un sueñecito tras la comida: «De hecho, los españoles acabamos durmiendo menos que la media europea por culpa de esos horarios, con esta cultura presentista que nos obliga a permanecer hasta muy tarde en el lugar de trabajo», puntualiza Buqueras, que, aunque pueda sorprender a algunos, es un decidido partidario de la siesta: «Siempre hemos aconsejado un descanso de diez o quince minutos, una siesta "light". Cuando indicamos que para almorzar bastan 45 minutos o una hora, contemplamos la posibilidad de esos cinco, diez o doce minutos de descanso».

La estadística más reciente sobre la siesta en España fue elaborada hace cuatro años por la Fundación de Educación para la Salud (Fundadeps) junto a la asociación nacional de fabricantes de colchones, y sus resultados sorprenderán a muchos prisioneros del tópico: solo el 16,2% de los españoles duerme la siesta a diario, frente a un 58,6% que jamás pega ojo después de comer. El resto se reparte entre quienes se conceden esa satisfacción de manera esporádica (22%) y quienes se entregan a ella los fines de semana (3,2%). La comunidad con la proporción más alta de siesta diaria es Murcia (21,2%), mientras que el último puesto de esa tabla corresponde a Euskadi (12,2%), y siete de cada diez amantes de la cabezadita optan por el sofá frente a la cama. La siesta se ha convertido en «un mito que únicamente interesa para el turismo», según el resumen de la presidenta de Fundadeps, María Sainz.

Resulta igualmente falso, desde luego, que sestear sea una singularidad española. El descanso en medio de la jornada es costumbre en buena parte de Hispanoamérica y Asia, y ahí están también el "riposo" italiano o el "qailulah" musulmán, justificado mediante episodios biográficos y citas del propio Profeta: «Dormir temprano por la mañana delata ignorancia; en mitad del día, es correcto; al final del día, es estúpido», dicen que dijo Mahoma. Pero, más allá de esa hermandad más o menos meridional, en el propio mundo anglosajón abundan los partidarios de esta práctica. Si la siesta fuese una disciplina deportiva, los británicos habrían tenido un auténtico campeón en Winston Churchill, portentoso dormilón que después de comer se quitaba la ropa, se acostaba y se cascaba un sueño de un par de horas, para después darse un baño como si afrontase una nueva mañana. Ni siquiera dudaba en hacer apología de su manera de distribuir el tiempo: «No penséis que vais a trabajar menos por dormir durante el día. Eso es una idea boba sostenida por gente que no tiene imaginación: seréis capaces de hacer más cosas. Consigues dos días en uno o, al menos, uno y medio». Entre los presidentes de Estados Unidos, Kennedy no renunciaba a sus siestas de tres cuartos de hora, también en la cama, aunque las grandes frases sobre el asunto las dejó Ronald Reagan, hombre de proverbial somnolencia y aún mayor sentido del humor: «Despiértenme de inmediato si sucede algo importante en algún lugar del mundo, incluso si estoy en una reunión del gabinete», bromeó una vez, y al dejar el puesto comentó que su silla debería lucir una placa con la inscripción «Ronald Reagan durmió aquí».

Institutos japoneses

Las encuestas demuestran esta condición global de la siesta. Los investigadores del centro Pew pusieron en marcha un sondeo para ver cuántos estadounidenses la habían dormido en las últimas 24 horas, y les salió un 34%. Otro estudio comparó la afición por el sueño de sobremesa en diversos países, con unos resultados que seguramente causaron consternación en "Der Spiegel": en cabeza aparecía Alemania, con un 22% de ciudadanos que hacían la siesta al menos tres veces a la semana. Más allá de las cifras dispares de las estadísticas, cada cierto tiempo aparecen noticias sobre la promoción de este hábito en diversos lugares del planeta, como el descanso de quince minutos implantado a primera hora de la tarde por los institutos japoneses, para que los alumnos recuperen la lucidez mental, o la recomendación a los controladores aéreos de Estados Unidos de que duerman 26 minutos a mitad de la jornada.

La doctora Sara C. Mednick, de la Universidad de California, es una de las activistas más destacadas en favor de la siesta. Su libro "Take A Nap" ("echate una siesta") se presenta como «el plan científico para hacerte más inteligente, saludable y productivo» e incluye un procedimiento para calcular, según los ciclos del sueño, el momento y la duración del reposo ideal. «La más corta debería durar al menos cinco minutos, y nunca se necesita más de hora y media», aclara a este periódico la especialista, que sigue asombrándose ante la mala prensa que tiene la siesta en buena parte del planeta: «Probablemente se debe a la noción equivocada de que, mientras dormimos, la vida sigue pasando y nos lo perdemos todo. La verdad es que, durante el sueño, estamos consolidando las lecciones de la vida, de manera que al despertar nos hemos colocado por delante de la gente que no ha dormido. Yo creo que echar una cabezadita es una costumbre enraizada en muchas personas de todo el mundo: es un sueño más breve que el de la noche, pero aporta los mismos beneficios».

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