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Los herederos del imperio

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Los herederos del imperio

14.07.13 - 01:01 -
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Los herederos del imperio
Marta Ortega. Inditex. El peso del imperio Inditex todavía reposa en las espaldas de un profesional ajeno a la familia, Pablo Isla, pero Amancio Ortega –al que acaban de condenar a pagar otros 30 millones de impuestos– ha programado un plan a medio plazo para su hija, la única de su segundo matrimonio. Marta Ortega, 29 años, formada en los mejores centros, ha pasado por la base de la pirámide: ha vendido al público, ha plegado prendas de ropa, sabe lo que es entrar a trabajar a las 7.30 de la mañana. La joven heredera ha olido la empresa por dentro. El resto del tiempo ha intentado vivir con normalidad. Solo se ha expuesto en los concursos hípicos que frecuenta. Huye de los focos, como su padre, el número 3 de la lista Forbes gracias al imperio Inditex, que en 2012 facturó 15.946 millones de euros y empleó a 120.314 personas.
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Esther Alcocer Koplowitz. FCC. Esther, la primogénita de las tres hijas de Alberto Alcocer y Esther Koplowitz, entró en la empresa materna, FCC, en 1998 para conocer su funcionamiento desde abajo. El pasado invierno, con 41 años, se convirtió en la dirigente más joven de todas las sociedades del Ibex. En 2012, Fomento de Construcciones y Contratas facturó 11.152 millones de euros, tuvo unas pérdidas de 1.028 millones y empleó a cerca de 30.000 personas.
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Ana Patricia Botín. Grupo Santander.Es la hija de uno de los referentes económicos del país, Emilio Botín, el presidente del Banco Santander. Empezó a trabajar en el grupo en 1988, después de haberse formado en varias universidades estadounidenses. Durante años se la ha conocido como la ‘eterna heredera’, pero ella, mientras tanto, se ha hecho fuerte en la filial británica. Hasta el punto de convertirse, según una encuesta de la BBC, en la tercera mujer más poderosa del Reino Unido después de la reina Isabel II y la ministra británica de Interior, Theresa May. Su sueldo como consejera delegada de Santander UK es de 2,1 millones de euros.
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Javier Ormazabal. Grupo Ormazabal. Su padre, Javier Ormazabal Ocerín, era un hombre humilde que comenzó trabajando como operario en un taller de motores eléctricos y que acabó montando una empresa líder en el País Vasco y España. Ahora al frente está su hijo Javier, que también empezó con el mono de trabajo. Grupo Ormazabal supera los 500 millones de facturación y los 3.000 empleados.

Cada vez que nace un Raventós, un paquete llega a casa del recién nacido. La madre ya sabe qué hay dentro: una caja de benjamines Codorníu y el árbol genealógico, en forma de cepa, de la familia que domina esta firma productora de vinos espumosos. La cepa genealógica es francamente frondosa. Los Raventós son cerca de 550 y, prueba de sus profundas raíces, unos 200 son accionistas de Codorníu, el gigante del cava que, desde 1998, por primera vez en sus cinco siglos de historia, dirige una mujer, María del Mar Raventós. Su hija María del Mar de Ros Raventós estuvo el pasado fin de semana en Platja d"En Bossa, la zona más turística de la turística Ibiza. No fue de vacaciones: la elegida de entre siete hermanos participó en el Forum Familiar, punto de encuentro para los hijos-herederos de las grandes sagas empresariales del país.

Codorníu es la compañía familiar más antigua de España. En el mundo solo hay dieciséis de más abolengo. Un documento acredita que en 1551 Jaume Codorníu ya tenía viñedos en propiedad y actividad vinícola en Sant Sadurní d"Anoia. Los Raventós no aparecieron hasta un siglo más tarde, cuando Anna Codorníu se casó con Miguel Raventós. Un descendiente de este matrimonio, Josep Raventós, estuvo de viaje por Champagne en 1872 y, a su vuelta, elaboró la primera botella de vino espumoso. Su hijo Manuel inició la comercialización y proyectó la gran bodega, diseñada por el arquitecto modernista Josep Puig i Cadaflach, que 20 años después, en 1915, se convirtió en un motivo de orgullo para el clan.

Ahora, cumplida la generación número 18, es el turno de María del Mar Raventós, que se mantiene fiel a la tradición empresarial de la familia, las cuatro iniciales de cepa: confianza, esfuerzo, pasión y apertura. Pero en Ibiza se presentó María del Mar de Ros. Codorníu se esfuerza en recordar que la joven no ocupa ningún cargo ejecutivo en la compañía, aunque es la presidenta del Comité Júnior de Accionistas. Una joven que, cuando nació, no solo recibió el paquete de los Raventós. También cumplió con otra tradición de la "tribu", el sorbo de una cucharadita de cava el día de su bautizo.

Listo, vago o trabajador

María del Mar se codeó en Ibiza con los cachorros del empresariado español. Allí, en la isla, se lució como anfitrión Abel Matutes Prats, vicepresidente ejecutivo del Grupo Matutes, uno de esos jóvenes que siempre había escuchado aquello de que si una empresa ha ido bien durante 40 años, «no la toques». Matutes júnior abrió su deslumbrante Hotel Ushuaïa a los herederos y luego se los llevó de fiesta a la discoteca Pachá. Pero también tuvo sus momentos serios. Cuando explicó, en una conferencia, que los más veteranos de sus empresas acabarían entendiendo los cambios que rondaban por su cabeza si tenían la paciencia de detallarlos con claridad.

Cuando acabó su discurso, sorprendido, vio la mano alzada de Abel Matutes Juan. El padre del anfitrión contó que él estaba acostumbrado «a liderar» y no a recibir órdenes, pero que al final acabó tragando por el bien de la sucesión. El exministro de Asuntos Exteriores, un hombre que circula por la isla en un Rolls Royce blanco, elogió a su sucesor. «Es guapo, joven, con dinero, tiene brillantes iniciativas y un equipo de gente de su edad que se ha ganado el respeto de los viejos». Pero la flor tenía espinas. «Te han salido demasiado bien las cosas en la vida. Sé más desconfiado y más prudente». Y le recordó que, ya sea listo, vago o trabajador, siempre será «el hijo del jefe».

Cambiando ruedas

Esa etiqueta marca. La única forma de disimularla es mezclarse con los "curritos", sudar a su lado, entender lo que ellos sienten hasta que, al final, te vean como a uno más. Algunos patriarcas se han esforzado en educar a sus vástagos como trabajadores, no como jefes. Jacobo Cosmen, presidente de Alsa Asturias, no pasaba las vacaciones en Honolulu bebiendo "sex on the beach". Su padre, José Cosmen, le dejó claro que si quería dinero se lo tenía que ganar. Así que el heredero, o uno de ellos -su hermano Jorge es el actual presidente de Alsa España-, se pasaba el verano cortando tickets en las taquillas de los autobuses, cambiando ruedas en un taller o arrimando el hombro en cualquier almacén. «El tú a tú es imprescindible para conocer la empresa».

Los orígenes de Alsa se remontan a los tiempos de Doña Urraca. La reina de León y Castilla acabó refugiándose de una fuerte nevada en la posada que José Cosmen tenía en Leitariegos, el puerto de montaña que la empresa familiar comenzó a cruzar, para comunicar Asturias con Castilla, a partir de 1728. En aquellos años de carruajes y caminos polvorientos, la línea La Espina-Ponferrada, que ahora se recorre en una hora, implicaba medio día de viaje.

José Cosmen, que se incorporó a la empresa con 26 años, en 1954, fue el gran impulsor del negocio. El nuevo propietario paseó los autobuses Alsa por Europa -creó la línea Oviedo-París-Bruselas- y derrumbó la Gran Muralla para convertirse en pionero y penetrar en China. Allí fueron los primeros en fijar horarios de salida y hasta tuvo que obligar a los trabajadores a descansar porque no paraban nunca.

El espíritu viajero suele anidar en el ADN de los grandes empresarios. La sucesión en Alsa, de hecho, se gestó durante una visita al Tibet, donde los ocho hermanos convinieron que Jorge Cosmen fuera el elegido. Aunque los hijos no desprecian su instinto. «El que tiene criterio, olfato y experiencia es él, así que podemos estar convencidos de lo que opina; pero si mi padre dice que no, nos cuesta medio minuto plegar velas en casa, ya digan los estudios y análisis lo que quieran», zanja Jacobo.

Los Cosmen, al menos, tienen una brújula con la que guiarse por la selva de los negocios, las cuatro haches que siempre predica esta saga de asturianos: «Honradez, humanidad, humildad... y un poco de humor».

La sucesión, explican desde el Instituto de la Empresa Familiar (IEF), no es algo que se pueda improvisar. Juan Cámara, director académico del IEF, advierte que el proceso de sucesión es un punto muy peliagudo. «Siempre que hay un cambio de generación es un momento muy crítico. Hay que planificarlo porque la sucesión espontánea, desgraciadamente, tiene pocas probabilidades de éxito».

Cámara recomienda programar el momento del cambio, cuando el propietario vaya a cumplir «65, 70, 75 años o los que quiera». Y elegir al que tenga más conocimientos técnicos, capacidad de trabajo y liderazgo, al que sea capaz de conseguir el apoyo familiar suficiente para desarrollar el nuevo proyecto.

Reverencias al patriarca

Con el nuevo siglo, los empresarios con instinto, hombres hechos a sí mismos, están siendo reemplazados por sus hijos, universitarios con un MBA, un inglés perfecto al que suman algún otro idioma y cierta experiencia profesional. Su adiestramiento, en realidad, debe formar parte del plan de sucesión urdido por el patriarca.

Este es el caso de Tomás Fuertes, presidente del Grupo Fuertes, que tiene ElPozo como buque insignia. Los doce hijos de los tres hermanos formaban el G-12, pero una primera selección desembocó en un G-6. Aunque muchos sospechan que el cetro irá a parar a las manos de su primer varón, Rafael Fuertes, con quien ya comparte despacho.

Rafael se prepara para coger el volante de una empresa descomunal, nada que ver con la pequeña chacinería que sirvió de punto de partida en 1936, el modesto negocio situado en una plaza de Alhama de Murcia que tenía un pozo. Ahora es una empresa que se rige por la filosofía del jefe -un hombre al que le gusta distinguir entre un empresario, donde se encaja, y un negociante-, partidario de reinventir antes que de repartir dividendos, la persona que obliga a todo el mundo a vestir batas blancas en ElPozo, como si fueran médicos dispuestos a solventar cualquier problema que surja.

Raúl Royo es otro de esos empresarios que ha tomado las riendas de un potente negocio familiar, el Grupo Royo, líder en muebles de baño. Este valenciano, como todos los herederos de los grandes empresarios, sabe muy bien qué es el respeto reverencial hacia su padre y su obra. «A la mayoría nos pasa. De hecho, siempre he intentado desarrollar proyectos en los que él no estuviera involucrado o chocar de forma elegante».

La ruta de Amancio

¿Y si la compañía es un imperio? ¿Y si el empresario tiene una fortuna de 43.800 millones de euros? Entonces se llama Amancio Ortega y el negocio a heredar, sintetizando mucho, se denomina Inditex. La tercera fortuna mundial ha depositado el peso sobre las espaldas de Pablo Isla, pero por detrás se va agigantando la figura de Marta Ortega, la única hija que ha tenido con su segunda pareja, Flora Pérez Marcote.

Esta fanática de la hípica aún es muy joven (29 años), pero sigue el milimétrico plan trazado por su padre para ascender a las elevadas cumbres de la moda. Su educación en un colegio suizo y en la European Business School de Londres descubrieron a una estudiante más tenaz que brillante. De ahí que no le importara correr por la "fast track rail" (se podría traducir por carrera rápida sobre raíles) trazada por Amancio Ortega. En su caso, eso supuso adentrarse en una tienda como vendedora -solo trascendió que trabajó en un Berskha de Oxford Street, en Londres- o pasar por diversos departamentos.

Su padre, que huye de la popularidad como de la peste, le inculcó una vida sin las extravagancias que puede permitirse un multimillonario. Solo una concesión: la construcción del centro hípico Casas Novas para satisfacer la fascinación de su hija por los saltos. No tiraron la casa por la ventana ni en su boda: Sergio Álvarez se casó con un traje de Massimo Dutti y ella con un vestido diseñado por un amigo. Solo 200 personas recibieron la invitación para entrar en el pazo de Drozo, muy cerca de Coruña y Arteixo, sede del imperio.

Otro "monstruo" que no deja de crecer es Mercadona. Su dueño es Juan Roig, un hombre que ha desarrollado una filosofía alrededor de su empresa. Las pocas personas que escuchan sus confidencias aseguran que ni él mismo sabe quién será su sucesor, aunque en su círculo se especula entre una de sus cuatro hijas, Hortensia Roig, y uno de sus yernos, Roberto Centeno, casado con Carolina Roig.

Pero el hijo del porquero siempre ha sido muy claro al respecto. «Me jubilaré cuando me muera». Una frase que ataja cualquier especulación. Una oración a la que sumar una segunda. «Cualquier empleado de Mercadona puede ser el próximo presidente de la empresa. El patrimonio se hereda, pero el puesto de trabajo no». Aunque otros, como la familia Fluxá, dueños de Camper, Lotusse o Grupo Iberostar, han tomado una decisión salomónica: una empresa para cada hijo (Lorenzo, Antonio y Miguel), aunque todos participan de las otras dos.

Las familias pesan como el plomo en España. Los datos del IEF desvelan que las dinastías controlan el 85% de las compañías nacionales, el 70% del Producto Interior Bruto. Son 2,9 millones de empresas familiares que dan trabajo a 13,9 millones de personas. El mayor reto para este sector empresarial es la sucesión. Únicamente el 24% pasa a la segunda generación, y el 34% de estos, a la tercera.

De esta forma, y sin dejar de lado que la crisis ha destruido el 17% del tejido empresarial español, el 65% de las compañías familiares son de primera generación; el 25%, de segunda; el 9%, de tercera, y solo un 1% ha llegado más allá.

En la segunda generación se encuentra otro gigante de la confección, Mango. Isak Andic ha comenzado a delegar en su hijo Jonathan. El joven empresario empieza a palpar las riendas y le gustan. Se ha hecho cargo de He by Mango, la línea masculina de una firma a la que no paran de salirle tentáculos, la cadena europea de moda presente en más países.

Dos camisas por 450 pesetas

Su padre levantó la empresa desde la nada. Con 14 años, dejó Estambul y se plantó en Barcelona con su familia, judíos de origen sefardí. Su primera operación mercantil le marcó para siempre. Isak Andic compró dos camisas por 450 pesetas y las vendió por 900. Ya nunca abandonaría ese camino. Primero importó, desde la calle Balmes, zuecos y prendas de vestir junto a su hermano Nahman. Después abrió una tienda de ropa vaquera (Isak), pero en 1984 comenzó el gran negocio. Su primera tienda de moda en paseo de Gracia a la que puso el nombre de Mango después de un viaje a Filipinas en el que sació su pasión por la fruta.

Una de las primeras en heredar formalmente la dirección de una de las grandes empresas familiares de España ha sido Esther Alcocer Koplowitz, presidente de FCC desde enero. Su madre, Esther Koplowitz, una de las mujeres más ricas del mundo (este año ha salido de las mil primeras), le ha cedido el testigo y sigue como vicepresidenta primera y máxima accionista.

Ha heredado el carácter empresarial de su madre -aunque también de su padre, Alberto Alcocer- y su discreción. No tiene apenas vida pública y le gusta encerrarse los fines de semana en La Gata, la finca que tienen en Ciudad Real. También se casó muy joven, con 20 años, con su primer novio, Pablo Santos, hijo de otra familia del sector (Constructora Santos) y han tenido tres hijos: Esther, Alicia y Pablo. Su padre, uno de los albertos (los maridos, que luego se separarían casi a la vez, de las Koplowitz) comenzó a formarla en el Banco Zaragozano, pero en 1998 ya comenzó a conocer FCC por dentro.

Es tiempo de cambios. Como en Leche Pascual, Grupo Ormazabal, Pikolín, Mayoral y tantos y tantos negocios donde la familia es lo fundamental. Y de eso saben mucho en Osborne: solo hay un requisito para entrar en la cúpula del imperio español del vino y los ibéricos, llevar el apellido de aquel aventurero inglés que hace 200 años comenzó a vender "spanish brandy". Y el clan ya está formado por 277 Osbornes.

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