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En el 'chabolo' con Bárcenas

VIDA EN PRISIÓN

En el 'chabolo' con Bárcenas

El antiguo tesorero del PP cumple en la cárcel de Soto del Real con la rutina de los ocho recuentos diarios. Su chófer, junto a camisetas y pantalones de chándal, le llevó su inseparable tubo de gomina para el pelo

12.07.13 - 21:08 -
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En el 'chabolo' con Bárcenas
1- Miguel Blesa. El expresidente de Caja Madrid pasó dos semanas en Soto del Real y quedó en libertad tras anularse su causa. | 2- Gerardo Díaz Ferrán. El empresario permanece encarcelado en el Módulo I y a día de hoy no ha mantenido contacto con Bárcenas. 3-Francisco Correa. Fue un habitual de la enfermería de Soto del Real. Entró en febrero de 2009 y salió el pasado 11 de junio.

A nada que les dé cuartel, Bárcenas va a ser el puto ídolo del talego. Con dinero, en Soto del Real eres dios». Así de claro y rutilante dibuja un recluso veterano el panorama que le espera en prisión a Luis Bárcenas. El antiguo tesorero del Partido Popular ingresó el 28 de junio en el Centro Penitenciario Madrid V, en Soto del Real, por orden del juez Ruz que investiga su relación con la trama del 'caso Gürtel' y la financiación ilegal del PP.

Vestido con el buzo blanco que se entrega a los recién llegados tras ser desinfectados y calzado con sus zapatos castellanos, ocupa una de las sesenta celdas del Módulo IV, el lugar al que van a parar «los liantes», un espacio con capacidad para 115 reclusos, distribuidos en 'chabolos', las celdas dobles. Como mandan las normas no escritas del talego, Bárcenas se acomodó en la litera de arriba y su compañero, más veterano, permaneció abajo. «El que es listo en la calle, es listo allí dentro. Le habrán metido con alguno que le pondrá al tanto enseguida. La rutina de la cárcel se aprende pronto. Si no espabilas, te comen», cuenta a este periódico Eusebio, un expreso.

Que a la cárcel solo van los pobres es una verdad como un castillo, aunque tenga sus excepciones, claro. Allí dentro, como aquí fuera, el dinero manda. Bárcenas, como cualquier otro recluso, tiene derecho a disponer de 100 euros por semana, cantidad que sus familiares deben ingresar al menos cuatro días antes en una cuenta del Banco Santander, y que él retirará cada martes. Los presos usan en prisión una especie de tarjeta de crédito interna, la 'catumba', con la que compran comida y enseres en el supermercado de cada módulo. También pueden encargar al demandadero (una persona de confianza del centro) cualquier cosa del exterior. Si Bárcenas tiene en su entorno a alguien ducho en manejos carcelarios, podrá ingresar dinero en las 'catumbas' de sus compañeros de módulo y, previo pago de un porcentaje, disponer de todo lo demás. Los más de 40 millones de euros que Bárcenas guarda en paraísos fiscales dan para mucho.

«Lo que quieras, con dinero en la cárcel puedes tener lo que quieras. Bárcenas, con lo que maneja, se puede dar el lujo de invitar a café a los cien tíos de su módulo. Cuesta quince céntimos. Con pasta puedes fumar, tener un DVD, vestir como quieras... Una televisión de 15 pulgadas te puede costar 200 euros. Drogas, cedés, comida... todo lo que se te ocurra. Hasta un teléfono móvil, que está prohibidísimo. Hay inhibidores de frecuencias, pero funcionan», relata Eusebio. Hace unos años, un funcionario de Soto, apodado 'Harry Potter' y que operaba en el Módulo IV, fue suspendido de empleo y sueldo por vender alcohol a los reclusos: 100 euros costaba una botellita de whisky. Y se han abierto expedientes por supuesto tráfico de móviles y ordenadores.

Todos son juguetes para los presos famosos que se mueven entre las líneas difusas del reglamento penitenciario, muertos de tedio. Y son unos cuantos. Por estas celdas de Soto del Real, a 40 kilómetros de los juzgados de Plaza Castilla, y donde cumplen condena también una quincena de presos de ETA, han desfilado ya Francisco Correa, Gerardo Díaz Ferrán, Miguel Blesa, Ángel de Cabo y hasta el chino Gao Ping.

Cada 'chabolo' tiene diez metros cuadrados, capacidad para dos personas, y consta de dos literas, una mesa, dos sillas, estanterías, un lugar para dejar los enseres, una ducha, un váter, un lavabo (todo abierto, sin posibilidad de intimidad) y una pequeña ventana. «¿Vistas? Sí. Al perímetro de seguridad por donde patrulla la Guardia Civil. A veces, saltan las alarmas cuando se cuela algún conejo... Sí, por la ventana de la celda también se ve la sierra», dice otro antiguo interno. Cada módulo de Soto del Real se divide en una planta baja, donde están los servicios comunes, como el comedor y la sala de juegos con ping-pong y futbolín, y dos plantas con las celdas.

En estos primeros días, Bárcenas ya ha recibido la visita de su abogado -ya exabogado tras dejar su defensa por la entrevista concedida por el extesorero a 'El Mundo'- y la de su chófer, que le hizo llegar ropa y su inseparable tubo de gomina. Lo mismo que, junto a una maquinilla para el pelo valorada en 183 euros, solicitó en su día Gerardo Díaz Ferrán, encerrado casi al lado de Bárcenas, en el Módulo I, el de los gays, según dicen. No tienen contacto.

El extesorero del PP, aseguran desde dentro del talego, es un tipo popular a quien los reclusos, con retranca, le han pedido ya que reparta sobres entre sus compañeros de módulo. Aunque la moneda de cambio en el trullo es el pitillo. Cualquier tarea, cualquier favor, cualquier cambio, se 'paga' con cigarros. Bárcenas viste camisetas, deportivas y un pantalón de chándal azul. Un look que comparte con el expreso Francisco Correa -cerebro de la red Gürtel-, al borde del suicidio durante sus primeros meses en Soto del Real, agobiado y depresivo, con un amago de infarto y crisis de asma y bronquitis, que salió de prisión hace un año tras pagar una fianza de 200.000 euros.

La cárcel es pura rutina, un lugar donde la única tarea es tachar los días del calendario de la condena. Todas las horas son lo mismo. No hay diana, pero los presos saben que a las siete y media hay que levantarse porque a las ocho pasa el funcionario que abre las rejillas de las celdas y para esa hora hay que estar levantado, aseado, con la cama hecha y la celda recogida. «Si no lo haces, te cae un parte», recuerda el mismo preso. A las ocho y media es el desayuno: café con leche y unas galletas envueltas en celofán, «el desayuno del pobre», servido en una bandeja de lata y con cubiertos de plástico. Después se cierran las celdas y se sale al patio hasta la una y media. Paseos, fútbol, cartas o parchís en la zona común. A esa hora es la comida, que toman sentados en unos asientos amarillos de plástico a los que llaman 'el autobús'. «Con los recortes, la comida es pura bazofia; un puré y congelados de pescado retorcido, a precio puta», rememora el recluso. El coste diario de la comida de un interno como Bárcenas es de 3,65 euros, cantidad en la que entra el sueldo de los cocineros.

A las dos de la tarde se produce otro recuento (hay ocho al día). Hasta las cinco, todos los presos vuelven a las celdas. A las cinco y media nuevo recuento y otra vez al patio, hasta las siete y media. Se cena a las ocho y a las nueve y media de la noche las puertas de las celdas se cierran hasta la mañana siguiente.

En el 'vis a vis'

Como cualquier recluso, Bárcenas tiene derecho a diez llamadas telefónicas de cinco minutos por semana (que paga de su peculio con la tarjeta) y a dos comunicaciones 'vis a vis'. Una, llamada 'íntima y familiar' (de una a tres horas) y otra 'de convivencia', con el cónyuge e hijos menores de 10 años. También dispone de una visita semanal de 40 minutos de duración, durante el fin de semana. La disponibilidad para encontrarse con su abogado es mayor. Por pura cuestión de cartera. La minuta que puede cobrar un letrado de Madrid por atender en prisión a un recluso ronda los 300 euros. Y muy pocos pueden pagarlos.

El régimen penitenciario impone que Bárcenas atienda a las tareas domésticas del módulo, como la limpieza de pasillos y 'tigres' (WC). Pero, por diez cigarrillos, cualquier compañero cargará con el cubo y los dos 'mochos' y se encargará de sacar brillo al módulo durante el tiempo que haga falta, eximiendo a Bárcenas de la tarea. Los presos miran al extesorero del PP como a una hucha con patas, una oportunidad. «Si me pilla dentro -se emociona nuestro preso veterano- a mí ese hombre me hace de oro».

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