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Haifaa Al Mansour, cámara, ¡acción!

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Haifaa Al Mansour, cámara, ¡acción!

La directora saudí rompe moldes al rodar una película de denuncia en su país, donde las mujeres no tienen casi derechos

02.07.13 - 01:45 -
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Haifaa Al Mansour es una directora de 37 años que acaba de rodar su ‘opera prima’. Hasta aquí todo es normal, el sueño cumplido de cualquier profesional que tiene una idea y consigue financiación, en este caso de un príncipe y de una productora alemana, para llevarla adelante. Lo extraordinario del asunto es que la cineasta es de Arabia Saudí, donde las mujeres casi no tienen derechos y las salas de proyección sencillamente no existen porque se consideran malignas. Pero lo más inusual es que ha logrado rodar la película en su propio país, un trabajo no exento de dificultades que incluso le obligó en ocasiones a esconderse en una furgoneta cuando tenía que plasmar escenas en las zonas más conservadoras de una nación en la que las mujeres, tapadas de arriba a abajo, tienen prohibido dejarse ver en público con un hombre. La cinta, sencilla y magnífica al mismo tiempo, se titula ‘La bicicleta verde’, un encabezamiento de una gran carga simbólica ya que las niñas saudíes las tienen vetadas sólo por razón de su sexo. Increíble, pero cierto.

Al Mansour ha roto moldes y ha agitado conciencias en el Estado en el que nació y también en el resto del mundo, que asiste atónito a una realidad inimaginable en el mundo occidental. Su película es una denuncia de la situación de sus compatriotas y también un homenaje a los esfuerzos que hacen muchas de ellas para intentar educar a sus hijos en valores diferentes a pesar de las dificultades que encuentran a diario incluso en su propio hogar. La directora, residente en Bahréin y casada con un diplomático estadounidense, tuvo ‘suerte’ en ese sentido. Octava de doce hermanos, nació en una pequeña aldea en el seno de una familia de ideología netamente liberal. La pasión por el cine le llegó a través de su padre, que varios días a la semana acudía a un videoclub para alquilar una cinta y reunir a la prole. Las únicas que no estaban prohibidas eran las de artes marciales, así que la cineasta descubrió a Bruce Lee y Jackie Chan, entre otros. Era puro divertimento, pero empezó a darse cuenta del poder de las imágenes.

Sus padres concedían mucha importancia a la formación, así que no pusieron pegas cuando la joven Haifaa les dijo que quería cursar estudios superiores –se licenció en Literatura en la Universidad Americana de El Cairo, en Egipto– y tampoco cuando les anunció que deseaba irse a Sydney, en Australia, para adquirir conocimientos de cine. Después llegarían varios cortometrajes hasta que la historia de ‘La bicicleta verde’ fructificó y logró reunir el dinero para filmarla. Tuvo muchísimos problemas en el casting, porque las mujeres y sobre todo las niñas de su país no querían ponerse delante de una cámara. Cuando vio a Waad Mohammed, la niña de 10 años que protagoniza el filme junto a la actriz de culebrones Reem Abdullah (su ‘madre’ ficticia’) supo que había dado en el clavo. Sus miradas y sus silencios componen una mezcla perfecta de madurez e ingenuidad que mantiene en todo momento el interés del espectador, entregado a una historia que llama a perseguir los sueños aunque parezcan inalcanzables.

El de la niña protagonista es tener una bici para poder echar carreras con un amigo de su edad –en realidad otra vulneración de la intransigente normativa social en Arabia Saudí, según la cual no debería jugar con un niño–. La bicicleta verde es una metáfora de las ansias de cambio de infinidad de mujeres de numerosos países cuyos derechos son pisoteados con leyes abominables mientras numerosos gobiernos de las naciones occidentales prefieren mirar a otro lado por intereses económicos y comerciales. «Abrazo con mucho orgullo el ser la primera mujer saudí en hacer una película y espero animar a las mujeres a creer en sí mismas y en perseguir sus metas porque es muy duro hacerlo en lugares como Arabia Saudí», ha declarado Haifaa en una de las enésimas entrevistas que ha concedido en las últimas semanas en el tour internacional de presentación de la cinta, estrenada en las salas españolas el pasado viernes. «Es una historia sobre el poder que pueden llegar a tener las mujeres y la importancia de no rendirse», explica.

Su película ha tenido una gran aceptación y ya acumula varios premios –Venecia, Dubai, Friburgo Innsbruck...–. Sin embargo, ha recibido críticas desde algunos organismos internacional de diferente tinte político que la catalogan como demasiado blanda a la hora de describir la situación de las mujeres saudíes. En realidad la denuncia amable, pero no por ello certera, está buscada por la directora de forma intencionada. Una crítica feroz habría encendido sin posibilidad de remisión a los sectores más tradicionales de su país y quizás la cinta ni siquiera hubiera podido ser comercializada. Las transformaciones, los cambios sociales, sólo son posibles con estrategias inteligentes y bien meditadas. «Nuestra sociedad camina en la dirección adecuada, pero muy lentamente. Es todavía un país muy joven, con un 70% de población menor de 27 años, y quiero contar sus historias porque es un lugar sorprendente, con muchas contradicciones y con mucho que contar», ha manifestado Haifaa Al Mansour.

En Arabia Saudí, por ejemplo, las mujeres van al trabajo con un chófer. Si, por cualquier circunstancia, el conductor no aparece, día perdido. Su invisibilidad social es inasumible. También en algunas jornadas de rodaje en exteriores Haifaa se tuvo que volver invisible para evitar dificultades en zonas de ideas ultraconservadoras, como en un suburbio de Riad. Entonces se ocultaba en una furgoneta provista de monitores y transmitía las instrucciones a las intérpretes a través de walkie talkies. «Fue muy difícil y muy frustrante porque quería estar allí con los actores, pero también tenía claro que ese era otro desafío que no me iba a detener». Poco a poco su sueño, su bicicleta verde, fue cogiendo forma. Verde esperanza para las mujeres de Arabia Saudí.

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