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¡He salido del paro!

UN RAYO DE ESPERANZA

¡He salido del paro!

Desempleados, de mediana edad, que han conseguido la cuadratura del círculo: volver al mercado de trabajo en medio de la peor crisis de la historia reciente

30.06.13 - 00:01 -
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Desempleado, desocupado, cesado, sin trabajo... De todas las palabras para describir a quien se ha quedado sin empleo, hay una, parado, que no va con ellos. Ni parado, ni paralizado, ni estático, ni detenido, ni quieto, ni estancado. Ninguna sirve para describir a Noé, a Javier, a Germán o a María. Todos han salido del drama de ser despedidos gracias a una idea: «no aceptarlo». Desde el momento en que se vieron en el desempleo, no pararon hasta encontrar un nuevo trabajo. Y lo han hecho a través de varios caminos: unos optaron por emprender y otros, por trabajar para otro. Algunos confían más en la suerte, pero todos coinciden en una idea: en cuanto supieron que ya eran parados, se pusieron en movimiento. Y así han conseguido salir de la cifra de 164.700 desempleados que mostraba la Encuesta de Población Activa para el País Vasco en el primer trimestre de 2013. Ahora son parte de la otra esfera, la de las 846.900 personas ocupadas. Ellos ya tienen trabajo.

Germán García de Gurtubay. Ingeniero informático

«La palabra parado es fatal, no hay que ceder al pánico»

¡He salido del paro!

Un samurai de traje y corbata. El Bushido le encontró empleo a Germán García de Gurtubay./ Luis Ángel Gómez

«No ceder al pánico». Más de doce meses después de quedarse desempleado, el ingeniero informático Germán García de Gurtubay, de 45 años, ha encontrado la salida y la seguridad en un nuevo puesto para una multinacional energética. Su caso tiene truco: un cuidado y específico plan de ataque, basado en el Bushido, una filosofía oriental que se apoya en el código samurai y que le ha ayudado en este año sin trabajo.

Cuando todo empezó, dirigía proyectos para la Comisión Europea. Con una hija adolescente, un buen título y una carrera profesional ininterrumpida desde los 22 años, Germán no se imaginaba estar en semejante situación. Pero se quedó desempleado a raíz de un reajuste presupuestario y tuvo que plantearse, de nuevo, encontrar trabajo.

Para ello, necesitaba comprender su posición, definida por dos factores: sus 45 años y que «el país está en mitad de la peor crisis desde la Democracia». «La búsqueda de empleo es probablemente una de las actividades más frustrantes que hay» cuenta, porque «consiste en luchar por algo que normalmente no consigues». Se presentó a unas 80 ofertas de empleo, traducidas en apenas cinco entrevistas. Y al final, ¡paf!, lo logró.

Una rutina diaria, mantener la confianza y seguir desarrollando actividades en línea con las capacidades propias fueron sus claves. Estableció un horario: levantarse a las 8 de la mañana, dedicar cuatro horas a buscar trabajo y hacer ejercicio todos los días. Además de dejarse ver por la red social LinkedIn y fundar una revista digital, "Hincapié". Le ayudó a mantener la confianza hablar con la gente de su situación, pero también, mentalizarse, no pensar en sí mismo como parado. «La palabra parado es fatal. Psicológicamente es nefasta».

Incansable, se había puesto una fecha límite, este verano, para emigrar si no conseguía un puesto de trabajo. Encontró una oferta en Infojobs, el portal online de empleo, y lo intentó. Fue rechazado. Esto desanimaría a cualquiera, pero no paró y, como él dice, «si crees que eres la persona adecuada para el puesto, que te descarten no es suficiente». Por ello, siguió su propia filosofía y contactó directamente con el encargado de recursos humanos que llevaba la vacante. Entabló conversación a través de la web y, a los 4 días de la primera charla, dejó caer que estaba interesado en el puesto. Consiguió la entrevista y, con ella, el trabajo que tanto había buscado.

Noé Arranz y Javier Gaztañaga. Empresariales e ingeniero

«Cuando te tiran en medio del mar, ponte a remar»

¡He salido del paro!

El dúo emprendedor de Javier Gaztañaga y Noé Arranz sigue remando en su cooperativa./ Luis Ángel Gómez

«Te ponen en un barco, te tiran en medio del mar y te pones a remar». Así describe Noé Arranz, licenciado en Empresariales, la incertidumbre del paro. Él y su socio, Javier Gaztañaga, ingeniero industrial, han pasado por la misma situación que otros cerca de seis millones de españoles. «La transición entre quedarnos en el paro tras terminar en la empresa y montar la nueva no fue muy larga porque nos conocíamos, íbamos viendo cómo iba el tema y siempre habíamos hablado sobre ponernos por nuestra cuenta», explica.

Eran compañeros en la misma empresa, los dos tienen 45 años y ambos, con un par de meses de separación, se encontraron en la calle. Sucedió de un día para otro, aunque se veía venir. Pero de forma rápida, hallaron la solución. Noé estuvo cuatro meses sin ocupación y Javier dos, incluidos los trámites para montar una pequeña empresa que se dedica a implantar software y liderar proyectos tecnológicos: Betea Sociedad Cooperativa. Un proceso que para ellos ha sido «un infierno» por la burocracia y el papeleo. Pero para estos dos bilbaínos, la solución ha sido y es emprender: «ya que tienes que buscar trabajo, tal y como está el tema, búscalo para ti».

En el mar del desempleo, explican, la creación de una empresa es la isla hacia la que remar. Javier cree que el motor para cualquiera que quiera emprender es visualizar su ideal de compañía, algo que sirva de empuje, de motivación. «Verlo en plena ebullición». Y como fórmula, la de la cooperativa, porque «trabajas de igual a igual» y que, a su juicio, «es buena si eres un buen profesional y sirve para cualquier ámbito, desde un mecánico que se ha quedado ahí, en el paro, hasta un albañil».

Para fundar su empresa, optaron por capitalizar el paro, algo esencial porque aunque aconsejan mantener los gastos al mínimo, montar una firma de este tipo requiere cierta inversión. Y ahora ahí están, remando al frente de una empresa que hoy tiene dos empleados y con una cartera de clientes que sigue creciendo. Trabajan, incluso, en algún proyecto para su exempresa, con la que han terminado bien.

María Ortega. Secretaria de Dirección

«Cada día que pasa me dan más ganas de ir a currar»

¡He salido del paro!

Café con una sonrisa y una dosis extra de optimismo. María Ortega está en La Ola y no para./ Luis Ángel Gómez

Sercretaria de Dirección de formación, azafata por cielo y mar, horticultora, comercial del Círculo de Lectores, cocinera, encargada de una tienda de montaña, vendedora de electrodomésticos, limpiadora, hostelera y un largo etcétera. Un «etc» al que la getxotarra María Ortega no tiene miedo: «Haría lo que fuera capaz, carnicera, peluquera, lo que me toque». Ahora es hostelera, aunque también podría definirse como «profesional de casi todo». En cualquier caso, como no se clasifica es como parada. Ni siquiera se ha definido nunca como desempleada, a pesar de los dos últimos años, que han sido «malísimos»; 24 meses en los ha hecho chapuzas, trabajos eventuales en los que a veces ha cobrado cuatro euros la hora. Y cuando no había nada, María estaba con sus tres hijos.

Ahora trabaja, feliz, en el bar La Ola, en la playa de Ereaga, en Getxo. Comenzó de hostelera por necesidad, ya que no encontraba empleo de lo suyo. Había estudiado para secretaria y, de casualidad, cayó en la que sería y es su profesión: estar detrás de una barra de bar. «Me fascinó, me di cuenta de que era lo que más me gustaba hacer en mi vida y cada día que pasa me dan más ganas de ir a currar, que es una cosa muy rara».

En los dos últimos años no ha dejado decaer el ánimo, y lo que aconseja, con insistencia, es pensar en positivo. «Si tú vas a una entrevista en negativo, no te van a coger». No siempre es fácil, porque «hay momentos en los que a mí me ha costado dormir, pero me he levantado sonriendo». A todo le encuentra el lado bueno, incluso al paro, que le ha dado más tiempo para estar con su familia. «A veces pensaba "menos mal que estoy en el paro". Todo lo que he pedido se ha cumplido al final, que era estar todo el rato con ellos».

Y ahora no puede parar, pero de trabajar, y eso se lo ha tenido que explicar a sus hijos: no entendían que quisiera ir incluso fines de semana y festivos. «Lo importante es estar en activo, porque eso te hace más fuerte, más seguro de ti mismo». Y sin despreciar nada, ya que «nunca sabes si vas a aprender algo nuevo y te va a gustar. Si no llego a trabajar en esto porque lo necesitaba, no habría descubierto cuál era mi profesión».

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