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Sabino Arana: primera noche de paz... en pleno mayo

madrugada sin ruidos después de 38 años

Sabino Arana: primera noche de paz... en pleno mayo

"Aunque llevamos aquí 30 años, al no haber ruido estamos como si hubiésemos estrenado casa", afirman los vecinos que viven junto al viaducto, cortado ya para siempre hace unas horas

17.05.13 - 09:30 -
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Sabino Arana: primera noche de paz... en pleno mayo
Celes y Alicia, con el viaducto de fondo. /Borja Agudo

El día de hoy en Sabino Arana podría bautizarse como 'jornada de ventanas abiertas'. Porque tras la clausura esta noche del viaducto que amargaba con su estruendo la vida a los vecinos, todos ellos coinciden en que lo primero que han hecho al levantarse ha sido correr a la ventana, abrirla con el corazón a cien y..."percibir el silencio y el aire fresco de la mañana". Así relata este momento Alicia Borobia, una mujer, que, aunque les cueste creerlo, casi puede "tocar con la mopa" el 'scalextric'. Como lo oyen. Es una de las personas que más cerca han vivido del 'monstruo'. "Aunque a mis cincuenta y pico años no me he emborrachado nunca, ni siquiera pillado un puntito, de verdad que me han dado ganas de beberme una botella de champán entera", bromea. Y hubiese sido comprensible: ésta ha sido la primera noche de paz en su casa, sin tráfico de fondo, desde hace más de 30 años.

"Era algo que esperaba con mucha ilusión... y con la misma dosis de escepticismo", añade. Alicia no quiere ser aguafiestas, pero es que se ha llevado "tantos palos" por culpa de las promesas incumplidas de derribar el 'scalextric' que ha ido forjándose una coraza de desconfianza que va a tardar en quitarse. ¿Pero puede continuar sin fiarse de la desaparición de la infraestructura cuando no transita por ella ni un sólo coche, cuando ya parece el juguete feo y abandonado de un niño caprichoso? "Claro que sí, hasta que no vea el primer porrazo del derribo... Me he ganado el derecho a ser escéptica todos estos años. He visto ya por lo menos cuatro maquetas de cosas que supuestamente iban a ir en lugar del viaducto, he oído por parte de los políticos demasiadas buenas palabras, promesas luego incumplidas, 'verdades' impolutas sobre presupuestos 'cerrados' para arreglar el problema... y todo mentira. Así que puedo creer en el Espírtu Santo, pero no en el ser humano", recalca con un resquemor que se abre paso en medio de la alegría de ver su casa libre del retumbar y los bocinazos de los vehículos.

¿Focos o abducción alienígena?

Ahora le toca disfrutar de algo que siempre ha ansiado: escuchar la banda sonora -la normal, leve y amortiguada- de la noche, algo que durante estos años le ha sorprendido siempre que ha dormido fuera de Bilbao. "Anda, si hay pájaros que cantan de noche", apunta. Con cosas pequeñas como ésta -que para los afectados por el impacto acústico del tráfico del coloso de cemento no son nada pequeñas-, Alicia espera dejar atrás mil y un episodios insólitos y a veces dramáticos que ha vivido por su extrema proximidad al viaducto. Como cuando en una ocasión, en mitad de la madrugada, oyó un golpe tremendo y, a continuación, a sus dos hijos, entonces niños, llorando histéricos en su dormitorio, deslumbrados por una luz. Parece la escena de una película de abducciones alienígenas, pero no, era un coche que había chocado contra la barandilla del 'scalextric' -recordémoslo, a dos metros de su casa- con los faros apuntando hacia la habitación de los peques. "¿Accidentes? He visto un montón. A veces, me asomaba a la ventana y preguntaba a los heridos si estaban bien o si querían que llamase a una ambulancia o a la Policía. Es que en el viaducto ha pasado de todo, si hasta se han caído camiones y se ha quedado el conductor colgando".

Su calvario es imposible de borrar con una sola noche de paz, pero los vecinos tienen muchas ganas de mirar hacia adelante. Y eso que alguno hasta se ha resistido a quitar el cartel de protesta. "Quedan dos en el barrio", dice una chica, quien, seguramente, "hasta el lunes, cuando ya esté más que confirmado que los coches no van a volver", no retirará el papelote que la ha acompañado durante tantos años. Otros, igual que Alicia, no se quieren 'relajar' hasta no ver como cae el viaducto, previsiblemente en verano. "Estaremos un tiempo aquí con una cosa muerta, por eso esperamos que lo cierren bien para que no se meta gente a hacer locuras, botellón o bajar en patinete...", indica otra residente en la zona.

Aunque con muchas dudas respecto al futuro y al destino del suelo que quedará libre tras la demolición, el marido de Alicia, Celestino Gómez, prefiere disfrutar del momento. "Es que no me lo creo. Ya desde que nos dijeron que iban a derruir esto empecé como a notar como que el ruido disminuía -confiesa mitad divertido, mitad estupefacto-. Y ahora, después de 30 años aquí, estamos como si hubiésemos estrenado casa, porque sin ruido todo cambia".

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