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Cazadores de cabelleras en Pensacola

BATALLITAS

Cazadores de cabelleras en Pensacola

Se cumple el quinto centenario del descubrimiento de la Florida, recuperada por España en 1781 tras una guerra contra los casacas rojas británicos y sus aliados indios

05.05.13 - 01:55 -
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Cazadores de cabelleras en Pensacola
Campbell pide más tropas para defender Pensacola.

Respuesta del general John Campbell al mariscal de campo Bernardo de Gálvez: «Las amenazas del enemigo que nos embiste no son consideradas bajo otro aspecto que el de un ardid o estratagema de guerra de que se vale para seguir sus propias ideas».

El 21 de marzo de 1781, cuando se escribieron esas líneas, un ejército de 7.500 soldados formado por reclutas que habían zarpado de Cádiz, colonos de Luisiana, negros de La Habana y varios cientos de franceses tomaba posiciones en Pensacola, un puerto del noroeste de Florida donde los casacas rojas se preparaban para resistir con sus aliados indios.

El general Campbell se replegó en Fort George y acordó con Gálvez que los dos bandos respetaran los edificios civiles (convenía aclararlo, porque los británicos habían incendiado La Habana unos años antes). Las incursiones se sucedían. El 25 de marzo, una partida de indios atacó los puestos avanzados de los sitiadores y mató a varios hombres que estaban de guardia, «cometiendo con los cadáveres su acostumbrada crueldad de arrancarles las cabelleras y otras».

El pasado 8 de abril se cumplieron quinientos del descubrimiento de la Florida por Juan Ponce de León, efeméride que ha permitido desempolvar la guerra que España declaró al Reino Unido en ese territorio a finales del siglo XVIII. El protagonista fue Bernardo de Gálvez (1746-1786), gobernador de Luisiana, un militar malagueño que había luchado antes contra los piratas en Argel, contra los portugueses en Uruguay y contra los apaches en Texas.

En 1781, su rival era el escocés John Campbell of Strachur, que rechazó la oferta de rendición pacífica de los españoles, aunque intercambió correspondencia con Gálvez. Ambos militares encajarían en una película de John Ford o de Raoul Walsh. Los escolares, abrumados por la monotonía de las clases, se aficionarían a la historia si les contaran novelas sobre el Caribe en el XVIII: conspiradores y espías, barcos azotados por huracanes y hostigados por la artillería de costa, enfermedades tropicales, incursiones indias tras las líneas enemigas...

La batalla de Pensacola arranca en 1779, cuando Gálvez parte desde Nueva Orleans con una tropa variopinta de soldados, colonos e indios, y ataca por tierra y mar las posesiones del Reino Unido en la otra orilla del río Misisipí. Una tras otra caen Fort Bute, Baton Rouge, Mobile... La ofensiva, plagada de infortunios, se inscribe en la alianza del rey Carlos III con el francés Luis XVI, otro Borbón como él que está ayudando a los rebeldes estadounidenses con armas y dinero. El monarca español también los apoya, pero de forma clandestina, a través de redes marítimas de suministro organizadas por el empresario bilbaíno Diego de Gardoqui (homenajeado con una estatua en Filadelfia) y por el comerciante de La Habana Juan de Miralles.

94 españoles muertos

Sin embargo, Madrid decide dar un cariz oficial a su intervención en 1779. En virtud del tercer pacto de familia con Francia declara la guerra al Reino Unido y abre un frente a los ingleses en el bajo Misisipí, donde se habían instalado colonos canarios y malagueños. El objetivo es debilitar el imperio británico, obligándolo a restituir Gibraltar y Menorca, y a entregar también las Bahamas y Jamaica. En ese contexto se plantea la recuperación de la Florida, que España había cedido al Reino Unido en 1763 a cambio de La Habana.

La llave de aquel vasto territorio era Pensacola, una posición estratégica desde la cual el general Campbell defendía toda la región. En la primavera de 1781, presionado por una flota naval llegada desde La Habana, el militar británico se repliega con 1.800 hombres de los regimientos Waldeck, Maryland Loyalist, Pensilvania, West Florida y Royal Artillery, además de los milicianos locales y los indios. El cerco concluye el 8 de mayo, cuando un proyectil alcanza el polvorín de los defensores, conocido como el Reducto de la Media Luna, y mata a 85 soldados. El enemigo aprovecha la confusión para lanzar el asalto definitivo, que concluye a las tres de la tarde, momento en que ondea la bandera blanca. A los derrotados les ofrecen una capitulación honrosa. Los vencedores ofician un Te Deum días después.

Pensacola se cobró 94 vidas entre los españoles y 128 entre los británicos. La batalla aceleró la independencia de Estados Unidos (Gálvez tiene una estatua ecuestre en Washington) y permitió a España ocupar la Florida durante cuarenta años más (en 1821 se incorporó al nuevo país). El Reino Unido devolvió Menorca, pero retuvo Gibraltar, una pieza que había estado dispuesto a entregar dos años antes a cambio de la neutralidad española. Bernardo de Gálvez aún quiso atacar Jamaica con el almirante francés De Grasse, pero los británicos desbarataron sus planes al derrotar a la flota francesa en la isla caribeña de Santa Lucía.

Carlos III otorgó al militar malagueño el derecho a escribir ‘Yo solo’ en su divisa. Recibió el título de vizconde de Galveston, ciudad de Texas fundada, irónicamente, con ingleses que huyeron de la rebelión americana. Murió en 1786 en México, donde había sido enviado como virrey.

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