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El sexo del vecino

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El sexo del vecino

Nuestra satisfacción sexual depende de cómo le vaya al vecino. [...] La mía es fantástica. Digamos que es tan buena como la suya

27.04.13 - 00:05 -
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No se trata de usted, sino de su vecino. O vecina. A esa conclusión ha llegado Tim Wadsworth, profesor de Sociología de la Universidad de Colorado. Publicó en febrero un artículo en la revista Social Indicators Research, titulado: Sex and the Pursuit of Happiness: How Other People’s Sex Lives are Related to Our Sense of Well-Being. Y en él, como indica su título, ha llegado a una conclusión: Nuestra satisfacción sexual depende de cómo le vaya al vecino. Vamos a ver profesor, no hace falta ir a la Universidad de Colorado para llegar a tal conclusión. Y aun menos pasarse años revisando las 15.386 encuestas realizadas al respecto entre 1993 y 2006. Basta salir de cena con parejas para comprobarlo. Qué existieran los Roper hizo que la sequía sexual en la vida conyugal de la generación de entonces fuera llevadera. -Debe de ser tan común que hasta hacen series-. Y no hemos mejorado. De ahí las matrimoniadas de José Luís Moreno. Porque, seamos sinceros, raro es el grupito de parejas que no hace gracias al respecto. Suele ser en la sobremesa y tras la segunda copa. Los comentarios son tan clásicos, como habituales. -Ya ni nos acordamos- dice una. -Yo creo que hemos vuelto a ser vírgenes- dice la otra. -La próxima vez que lo hagamos iremos con sherpa, para saber el camino- apunta una tercera. Y, más allá de las risas, está la sensación que se lleva uno tras comprobar que lo suyo es normal. Pero hay más. Porque mentimos. Sobre todo los hombres.

En asuntos de sexo, desde que el primer pariente nuestro salió de la cueva, hemos buscado la satisfacción en la comparativa. No me como un colín pero 'Hug', el vecino troglodita, va igual. Da igual que sea dos veces por semana o al año. La cosa es que estemos a la altura del listón. Y si es por encima, la cosa se torna gloriosa. -Soy una máquina sexual-. Patético, pero real. Es más, a algunos, lo del Rey y Corina les cabrea más por la presunta relación íntima que por los dineros. -¿Se ha llevado pasta? Vale, ¿pero de sexo cómo va? ¿Mejor qué yo?-. No les digo nada desde que salieron las '50 sombras de Grey'. Que te dice tu pareja- ¡A ver si aprendes de Christian!-. Y tú le dices -¿De 'sadomaso' y 'guarreridas'?-. Y ella te dice -No, de cómo le trata, de los regalos...-. Cojonudo, toda la vida perfeccionando los prolegómenos y ahora llega una lista y escribe que tienes que añadir al asunto regalos caros. Y luego decían de Corín Tellado. Por cierto, veo en el metro a mucha mujer leyendo la famosa trilogía. Me sorprende que no se pasen de parada, inmersas en plena escena en el ático. Aunque, como decía, los hombres somos todavía más patéticos. Ya desde la infancia nuestra satisfacción de entrepierna depende de la comparativa con los demás. Ponga usted a tres niños aburridos en un descampado y en cuanto les entren ganas de orinar, se retarán a ver quién llega más lejos con el chorro. O quién escribe más rápido su nombre. Mi amigo Ikazuriagagoitia siempre perdía.

Pero cuando descubrimos el sexo, vamos a peor. Por ejemplo, sobre el tamaño. No se trata de unos centímetros concretos, sino en quedarte de la media hacia arriba. Por eso las conversaciones llevan más preguntas que respuestas. -¿Qué, cuánto me mide? Pues…lo normal...15 o 16…-. Y entonces alguien pregunta -¿Pero en reposo o en estado de pasar revista?-. Tras lo que siempre se responde -Eh…¡en reposo, por supuesto, en reposo!-. Y todos corean -¡Claro, claro, lo normal!-. Incluso hay quien con tal de no desvelar el tema pregunta cosas como -¿Pero se mide por abajo o por arriba? Porque no es lo mismo-. No pongan esa cara. No hay cuadrilla en la que no se haya hablado de esto ni tío que no haya medido, sea a ojo o a palmo, el famoso colgante. Pero no acaba aquí la cosa.

Pongamos que hablamos de la duración de acto o de la eyaculación precoz. Con tanto anuncio para que la grúa se levante y la cosa dure cada día es más tema de debate. Digamos que por el miedo que nos meten. Y también aquí hay más dudas que conclusiones. -¿Cuánto es 'lo normal'?-. Esa es, otra vez, la pregunta. Normal que escuchemos cosas como -¿Pero se cuenta desde los prolegómenos o cuando profundizas? ¿Si paras, hay que volver a empezar a contar o sigue funcionando el reloj?-. Aunque hay cosas peores. Tengo un amigo que mantiene que la cosa empieza cuando abres la puerta de casa. Porque ahí también hay run-run cerebral y son prolegómenos. Al pobre no le decimos nada. De hecho, ayer le aseguramos que una vez cada cuatro años no solo es propio de elefantes, también del ser humano. Una mentira piadosa. O si prefieren, un fingir cariñoso. Al fin y al cabo, ¿no se finge en el sexo de vez en cuando? Vaya, quería poner el punto final y acabo dejando un punto y seguido. –A mí no me han fingido nunca- peligrosa sentencia. Aunque he de advertir que, un servidor, no sabe de eso. Mi vida sexual es fantástica. Mi mujer dice que no me puedo quejar. No porque sea buena. Sino porque no me puedo quejar. Digamos que es tan buena como la suya. ¿Cómo dice que es? ¿Por encima de la media? Pues eso, 'lo normal', aquí y en Colorado.

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