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Dios y Alá nos libren de los pacificadores

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Dios y Alá nos libren de los pacificadores

El caso de Boston recuerda la película de Mimir Leder en la que dos hermanos serbios intentan poner una bomba en la ONU

24.04.13 - 00:01 -
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'Gastarán su dinero y se arrepentirán y serán derrotados'. La versión reducida de este versículo del Corán, citado por extremistas islámicos y utilizado por los hermanos Tsarnaev, ha puesto en la pista a la Policía de por dónde pueden ir los tiros en el brutal atentado de Boston. Otra vez la perversión de la religión, otra vez la deriva militarista de un credo, otra vez matar en nombre de Dios. Las características del ataque evocan el guión de una película, 'El Pacificador', en la que dos hermanos serbios, también musulmanes, viajan a Estados Unidos para colocar una bomba en la sede de la ONU. La ficción va por delante de la realidad, aunque muchas veces esta última la supera.

La noria cinematográfica de las televisiones desempolva cada cierto tiempo películas que en su momento provocaron algún tipo de impacto, aunque no fuera por su calidad. Hace muy poco tiempo volví a ver la cinta en la que Mimi Leder aborda la cuestión del terrorismo. El terrrorismo de sello islámico contra el imperio, esta vez con la guerra de los Balcanes como telón de fondo. Lo hizo en 1997 y su argumento, un ataque masivo contra la población norteamericana, cobró una macabra realidad en 2001 con los atentados contra las torres gemelas. De hecho, el filme –de la factoría de Steven Spielberg– fue censurado en EE UU como ocurrió con títulos como 'Independence Day' o 'Estado de sitio'.

La historia de 'El pacificador' se inicia con el supuesto accidente de un tren cargado con ojivas nucleares. En realidad se trata de un robo de una banda terrorista rusa. Una experta en armas nucleares de la Casa Blanca –Nicole Kidman– y un oficial de Inteligencia militar –George Clooney– descubren el complot, que lleva hasta dos hermanos de la antigua Yugoslavia que pretenden colocar una bomba en la sede de la ONU. El FBI les localiza y se organiza una caza al hombre por las calles de Nueva York . En la persecución muere el menor de los hermanos. El otro, con la bomba en una mochila, se refugia en una iglesia católica donde intenta suicidarse pegándose un tiro.

El templo es el contrapunto a un terrorista que se declara «serbio y croata y musulmán», aunque con esa declaración de identidad parece reivindicar a la extinta Yugoslavia antes de su desintegración. Ahora pretende vengar la muerte de su mujer y de su hija a manos de un francotirador en Sarajevo y culpa a Occidente de su tragedia familiar. En una de las escenas de este thriller, el terrorista se emociona cuando escucha a una niña tocar una pieza al piano, pero eso no le detiene en su decisión de provocar una masacre de inocentes.

¿Qué ha activado la espoleta de Boston? ¿De qué fundamentalismo se han alimentado estos dos jóvenes, aparentemente integrados, pero apocalípticos? En su libro 'Gomorra', Roberto Saviano escribe que los chavales de la mafia imitaban a los gánsters de las películas. En el caso de los hermanos Tsarnaev, el rastro se pierde en Chechenia –otra vez el Cáucaso– donde el independentismo se ha reconvertido en integrismo radical. Todos hemos vuelto a las hemerotecas a buscar los perfiles de Dzhojar –se llama igual que uno de los hermanos de Boston– Dudayev, una leyenda tras conseguir las estrellas de general en el Ejército soviético.

En el Cáucaso la religión era un elemento de identificación cultural. «Si en el siglo IV penetró el cristianismo en la parte más occidental, hubo que aguardar al siglo VII para que el islam se hiciese fuerte en la porción más oriental», recuerda Carlos Taibo en 'El conflicto de Chechenia' (Los Libros de la Catarata). El islam avanzó por las estepas rusas a lomos de caballos tártaros tras la descomposición del imperio mongol. A finales del siglo XVIII se verificó la definitiva introducción de este credo. La desintegración de la Unión Soviética también fragmentó el viejo islam. Y por su agujeros se infiltraron los yihadistas para socializar la 'guerra santa a los infieles'.

En mi tiempo de ocio del fin de semana se ha colado otra película, 'Ironclad', dirigida por Jonathan English y protagonizada por un templario que luchó en Tierra Santa, que habla de lo «noble» que es matar por una causa como la suya. Es la época del rey Juan I de Inglaterra, que quiere volverse atrás, con el apoyo del Papa, de la firma que ha estampado en la Carta Magna que consagra las libertades del pueblo. Juan sin Tierra, encarnado por el actor Paul Giamatti, es un déspota sin escrúpulos que se siente apoyado por la autoridad de la Iglesia «Dios está con nosotros», repite una y otra vez en su alocado y trágico reinado. Dios y Alá nos libren de estos pacificadores.

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