El Correo Digital
Miércoles, 1 octubre 2014
claros
Hoy 14 / 23 || Mañana 15 / 24 |
más información sobre el tiempo

un siglo de Fu Manchú

El villano de limón

El pérfido doctor Fu Manchú, creado por el escritor Sax Rohmer y llevado al cine en decenas de películas, cumple cien años

07.04.13 - 01:13 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios

Fu Manchú es amarillo como la ictericia, doctor en filosofía, experto lingüista y químico genial, jamás se corta las uñas de las manos (por razones prácticas hay que suponer que sí las de los pies) y dirige con mesianismo la siniestra sociedad Si-Fan, un contubernio con sabor de limón que persigue dominar el mundo. Fu Manchú es místico y pragmático, «tiene la frente de Shakespeare y el rostro de Satanás», y posee el dominio de la alquimia, una provisión de fondos inagotable, un odio eterno hacia el blanco anglosajón y una legión de estranguladores Tongs ciegos de opio que hablan poco, preguntan menos y son aniquilados con frecuencia para ser inmediatamente reemplazados confirmando el rigor de la infinita camada mandarina.

Fu Manchú desciende de Fantomas, el archimalvado de los folletines de Marcel Allain y Pierre Souvestre, pertenece a la estirpe de villanos con grandes expectativas como el profesor Moriarty y el Doctor No y es el precedente de Bin Laden como genio del mal, con el que tuvo en común la cueva ignota, el discurso místico y la intangibilidad. En "La pequeña historia de los grandes criminales", Jacques Bergier calcula que a lo largo de sus trece aventuras Fu Manchú ha exterminado a una población equivalente a la de un país como Bélgica y sin embargo, sus planes para instalar en el mundo la era del jade y del marfil son desbaratados por su enemigo Denis Nayland-Smith, alto comisario de Birmania, diplomático y agente secreto, y su fiel compañero el doctor Petrie, que son como Sherlock Holmes y Watson pero con una cuarta parte de su carisma.

Las novelas de Fu Manchú hicieron rico a su autor, Sax Rohmer, un escritor mediocre que se las daba de egiptólogo porque echó una tarde leyendo un par de libros de momias, creía en el más allá y tenía mala suerte en el naipe. Sax Rohmer nació en Birmingham en 1883 y se llamaba en realidad Arthur Henry Ward, pero añadió por su cuenta el apellido Sarsfield porque se le antojó descender del general irlandés Patrick Sarsfield, primer conde de Lucan y mariscal de campo de Luis XIV que murió en 1693 en la batalla de Landen, durante la Guerra de los Nueve Años.

Rohmer fue la segunda prioridad de su madre después de la ginebra y hasta los diez años no pisó una escuela. Antes de cumplir los veinte había sido mozo de una compañía de gas, recadista en un periódico y empleado de banca y en 1903 vendió el relato "La momia misteriosa" a la revista semanal "Pearson", en la que colaboraban Gorki y George Bernard Shaw. A partir de entonces se dedicó a escribir seriales para los periódicos y chistes para el cabaret. En 1909 se casó con Rose Elizabeth Knox, malabarista de circo y artista clarividente que le inició en el juego de la ouija y en las tertulias con los fantasmas. Recogió una colección de monólogos cómicos que publicó anónimamente, le escribió las memorias al comediante Harry Relph, un bailarín de music hall que se hacía llamar El Pequeño Tich y medía un metro cuarenta, y en 1913 publicó su primera novela de Fu Manchú basándose, según él, en la figura de Mister King, el jefe de una triada del barrio londinense de Limehouse que controlaba las timbas chinas y el tráfico de opio.

Setas antropófagas

Fu Manchú le hizo rico y exacerbó en Inglaterra el terror al Peligro Amarillo del que ya había avisado Napoleón cuando dijo: «Cuando China despierte el mundo temblará». En realidad, desde 1900 hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la población china del barrio del East End estaba formada por unos pocos cientos de limones que se mataban de sol a sol en las lavanderías y casi todo el tráfico de cocaína venía de Alemania, donde se comercializaba sin restricciones. Sin embargo, los londinenses acabaron convencidos de que todos los chinos eran miembros de una triada o contrabandistas de opio.

El doctor Fu Manchú es un personaje excesivo mirándolo desde cualquier esquina y fabrica oro con sus conocimientos de alquimia, tiene más de cien años y cuando presencia sus masacres exclama (porque Fu Manchú no dice, exclama): «¡Soy el dios de la destrucción!». Sin embargo no tiene ningún fundamento lingüístico, botánico ni médico: los dos términos de su nombre, Fu y Manchú, son incompatibles en la nomenclatura oriental; en su primera aventura crea unas setas antropófagas que se zampan a una dotación de detectives y Sax Rohmer le añade la circunstancia fisiológica de tener velado el globo del ojo por la membrana nictitante, el tercer párpado de los animales. Tampoco se sostiene desde el punto de vista del London Detection Club, la asociación británica de escritores de novelas policíacas a la que pertenecieron Agatha Christie, Dorothy Sayers y Chesterton, cuya cuarta regla advertía de no usar en las tramas venenos imposibles, pasadizos secretos ni casualidades afortunadas.

Las novelas de Fu Manchú no se levantan sobre la verosimilitud, que brilla por su ausencia, ni sobre sus cualidades literarias (Julian Symons escribió que eran «horrores de a penique vestidos con tapas duras») sino sobre el carisma de su villano misterioso, que desdibuja a los héroes de la función, Nayland-Smith y Petrie, y termina por dar igual que estén armadas a base de vigas de cartón. Con el tiempo, a Fu Manchú le salió un primo, que fue el emperador Ming de los tebeos de Flash Gordon de Alex Raymond, y Sax Rohmer se inició en la orden de los rosacruces, habló con ectoplasmas, viajó a Egipto y se arruinó en Montecarlo jugando al bacarrá. Se recuperó vendiendo los derechos de sus novelas al cine por cuatro millones de dólares y murió el 1 de junio de 1959 de gripe aviar.

Hoy ya casi nadie se acuerda de Fu Manchú pero el miedo al chino sobrevive con salud porque aunque es pequeñajo sabe llaves de kung-fú. Ahora no acomete en triadas sino en bazares en los que libera móviles y vende gatos dorados que mueven el brazo compulsivamente, como un metrónomo, pero para combatir le no hace falta el viejo y soso Nay land-Smith sino enseñarle a disfrutar del fin de semana de paellas de merendero, vino con gaseosa en el porrón y fútbol en el transistor.

TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
El villano de limón
Christopher Lee dio vida al malvado Fu Manchú en cinco ocasiones, la última de ellas, "El castillo de Fu Manchú", dirigida por Jesús Franco. / EL CORREO
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.