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Relato de Eguiguren, un hombre «de cristal»

LOS SECRETOS DE UNA NEGOCIACIÓN CON ETA

Relato de Eguiguren, un hombre «de cristal»

Jesús Eguiguren repasa en un documental cómo se desarrolló el fallido proceso de paz de 2006 y su desgaste personal

26.03.13 - 00:01 -
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«No es que me pasara al otro bando, pero entré en su cabeza». Jesús Eguiguren fue uno de los artífices del fallido proceso de paz de 2006, al que se llegó tras las conversaciones mantenidas en un caserío de Elgoibar con Arnaldo Otegi, que desembocó en una negociación con 'Josu Ternera' en Ginebra y Oslo y que acabó con la frustración de la T4. Un recorrido vital y político reflejado en el documental de Ángel Amigo 'Memoria de un conspirador', que emitió ETB la noche del lunes 18 y que concluye con una reflexión personal del político guipuzcoano: «Se me fueron todas las energías por dentro, me siento como de cristal».

La parte central de la cinta, grabada a mediados del año pasado, es una entrevista al propio Eguiguren. No aparecen las preguntas, sólo sus respuestas. Sobre ellas se superponen imágenes del baserri Txillarre, de Ginebra, de Oslo... Del centro Henry Dunant –que medió en las negociaciones–, del hotel donde conversó con ‘Ternera’...

La narración comienza en el caserío de Elgoibar. Su dueño es Pello Ruiz. Es amigo de Otegi. También de Paco Egea, exconsejero socialista y natural de la localidad. «Todo empezó de forma natural, hablábamos de política y un día dijimos, '¿por qué no llamamos a Eguiguren?'», explica Ruiz.

Las conversaciones avanzan. «Era una conspiración para obligar a los gobiernos y a ETA a hablar», dice el presidente del PSE. Otegi no representaba a la banda «ni yo al PSOE». El documental muestra a Ruiz sacando un papel escondido detrás de una reproducción del 'Guernica'. Es el acuerdo alcanzado en Txillarre. El texto está fechado el 27 de noviembre de 2002 y está firmado por Eguiguren, Egea, Otegi y Pernando Barrena. Eguiguren sostiene que nunca informó a la dirección del PSOE, aunque también confirma que, al menos una vez, llevó a Patxi López. Comieron alubias.

Se ponía en marcha la Ley de Partidos. «La defendí porque no soportaba que las víctimas estuviesen mal y los que apoyaban a los que mataban se pasasen tranquilamente por los ayuntamientos». ETA estaba en plena ofensiva. «Era la época en la que hacíamos testamentos porque no sabíamos quién iba a ser el siguiente». El diálogo profundiza. Se intenta la vía vaticana con monseñor Uriarte y el cardenal vascofrancés Roger Etchegaray.

Todo se acelera en marzo de 2004. «De la noche a la mañana», Zapatero llega a La Moncloa. La misma noche electoral,Eguiguren llama a José Blanco, secretario de Organización del PSOE. «Tengo aquí un asunto del que tenemos que hablar». ETA hace llegar al menos tres cartas al Gobierno. La banda pide la intervención del centro Henry Dunant, especializado en conflictos internacionales. Se concreta la primera cita. Es en el hotel Wilson de Ginebra. Eguiguren come en un chino, se queda dormido en un sofá. Él pregunta por 'George', nombre clave que los mediadores habían dado a ‘Ternera’; el dirigente etarra tiene que buscar a 'Miguel'.

El representante de ETA no hace énfasis ni en la autodeterminación, ni en Navarra «ni en nada». «Yo le dejé claro los límites, aunque se podría aceptar el derecho a decidir». El documental no indica ninguna fecha concreta. Pero Eguiguren sostiene que, el segundo día, el Gobierno le pide que vuelva tras producirse un atentado en el estadio de La Peineta de Madrid. Fue el 25 de junio de 2005.

A pesar de los parones, se alcanza un acuerdo. Se pacta que el Ejecutivo respetará «las decisiones que adopte el pueblo vasco», que «me parece que es algo que entra dentro de la Constitución». «Todo estaba redactado en términos constitucionales, no nacionalistas», razona Eguiguren. El guión establece la creación de dos mesas, la declaración de tregua...

«Cosas terribles»

El presidente del PSE regresa a Madrid. Enseña la propuesta. No hay contraorden. La siguiente cita es en Oslo. Las reuniones con ‘Ternera’ les permiten intimar. El dirigente etarra se muestra como un «maniático» de la vida sana, «obsesionado» con el tema de los niños. Eguiguren especula. «Quizá por lo del atentado de Zaragoza». ETA hizo explotar en 1987 un coche bomba contra la casa cuartel de la capital aragonesa». De los once muertos, cinco eran niñas.

La 'hoja de ruta' está «cerrada» en noviembre de 2005. El alto el fuego se confirma en marzo de 2006. Pero «todo se tuerce». «Comienzan las detenciones, Otegi va a la cárcel, se prohíben las ruedas de prensa... Era como si en las dos partes, los dos extremos hubiesen adquirido un protagonismo».

Los socialistas esperan que la izquierda abertzale dé pasos para su legalización en agosto. Pero no se produce. Ante el parón, se ponen en marcha las conversaciones de Loiola. «Arnaldo me pide que metamos al PNV» pensando que un acuerdo a tres bandas no lo podría frenar ETA.

Aparece en escena Javier López Peña, 'Thierry', otro dirigente etarra. Decía cosas «terribles». «Era ciclotímico. Me pedía que le pusiese por teléfono con el presidente del Gobierno». Eguiguren sostiene que trasladó a Madrid su pesimismo. Las reuniones se habían vuelto «tensas y desagradables». El 30 de diciembre estalla la T-4. Aún hay esperanzas. Interviene Tony Blair. No sirvió para nada. Aquel proceso falló, pero Eguiguren sostiene que sirvió para algo. «Por primera vez, ETA no le pudo echar la culpa al Gobierno». Y la izquierda abertzale se hartó.

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