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Obama, Messi, el Papa Francisco y la diplomacia del ping-pong

ARCA DE NOÉ

Obama, Messi, el Papa Francisco y la diplomacia del ping-pong

Los gestos de figuras del deporte pueden hacer más por la paz que las maquinarias políticas de los grandes países

27.03.13 - 00:01 -
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Obama se ha adelantado a Bergoglio. El presidente de Estados Unidos ha roto una sequía de cuatro años y ha viajado a Israel, país al que ha jurado una «alianza eterna». También ha estado en Ramala, donde ha reiterado la teoría de los dos Estados. Pero, hoy por hoy, el país que dirige Netanyahu sigue siendo el portaaviones norteamericano en Oriente Próximo, donde continúa pendiente la asignatura de la paz. Francisco, el nuevo Papa, también viajará en su momento a Tierra Santa, donde cada año un millar de cristianos abandona su casa en busca de un futuro mejor, sin ataques sectarios. La oferta del Barça para jugar un partido con judíos y árabes –y con Messi en la alineación– ha desempolvado el recuerdo de la diplomacia del ping-pong, cuando dos jugadores de esta especialidad contribuyeron a que China y EE UU restablecieran sus relaciones.

Hace cuatro semanas, el FC Barcelona se ofreció a jugar un partido con un combinado judío-musulmán en el marco para fomentar la paz entre israelíes y palestinos. Los presidentes Mahmud Abás y Simón Peres lo vieron con buenos ojos e incluso el mandatario hebreo comentó que «Messi puede traer la paz», como en su día ocurrió con la diplomacia del ping-pong. Casi por esos mismo días, el pasado 10 de febrero, falleció en Pekín Zhuang Zedong, el protagonista chino de aquel episodio en el que el deporte fue capaz de desbrozar el camino de los obstáculos políticos. Fueron unos peloteos que cambiaron el mundo.

La historia se remonta a marzo de 1971, en la ciudad japonesa de Nagoya, sede del campeonato mundial de ping-pong. El jugador estadounidense Glenn Cowan perdió su autobús y se subió al de la delegación china. Entonces eran dos países enfrentados. China continental enviaba armas al Vietcong y EE UU apoyaba a Vietnam del Sur. Los chinos construían refugios porque temían un ataque nuclear norteamericano. En el autobús, ajenos a la guerra fría, Zedong y Cowan entablaron amistad y el primero le regaló un pañuelo de seda con el dibujo de las montañas de Huangshan. La imagen del apretón de manos de ambos deportistas dio la vuelta al mundo.

Una vez finalizado el campeonato, China invitó al equipo estadounidense a jugar en China. Tres meses después, el primer ministro, Zhou Enlai, aceptó una visita secreta de Henry Kissinger, entonces secretario de Estado del gabinete de Richard Nixon, quien un año después también viajó a Pekín. En 1979 ambos países restablecieron las relaciones diplomáticas. El deporte logró derribar la gran muralla que les separaba.

Obama reafirmó en Ramala su compromiso con «la solución de los dos estados, un objetivo sólo alcanzable a través de negociaciones directas», dijo. Antes, en Jerusalén defendió que «debe haber un Estado palestino soberano conviviendo junto a un Estado judío con su seguridad garantizada». Sin embargo, la política de nuevos asentamientos impulsada por Netanyahu supone un gran obstáculo para la paz. Así lo entienden los palestinos, y así lo reconoce el propio Obama, que ha decepcionado a la comunidad árabe, pese a su relación superfría con el primer ministro israelí.

¿Puede hacer algo en esta cuestión el nuevo Papa Francisco? A los pontífices les gusta visitar Tierra Santa –Juan Pablo II lo hizo en 2000 y Benedicto XVI en 2009–, donde los cristianos viven atemorizados por el acoso musulmán y la radicalización de la población israelí. El patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomeo I, ha propuesto a Francisco realizar juntos en 2014 un viaje a Jerusalén, en un homenaje al histórico encuentro en 1964 entre Pablo VI y el patriarca Atenágoras. Pero, en Oriente Próximo los problemas son de distinta índole y de muy difícil solución.

Los palestinos han denunciado estos días las restricciones israelíes para que los cristianos que viven en Cisjordania puedan viajar a Jerusalén para visitar los Santos Lugares en Semana Santa. La Oficina de Coordinación del Ejército ha rechazado el 60% de las solicitudes, sobre todo en Ramala y Belén, según ha denunciado Hanán Ashrawi, dirigente de la OLP. En Cisjordania viven ahora unos 50.000 cristianos y en la franja de Gaza 3.000. En Jerusalén este son unos 10.000, entre una masa musulmana de 244.000 y judía de 445.000.

El patriarca latino de Jerusalén, Fuad Twal, asegura que viven «tiempos muy duros, somos la Iglesia del Calvario», por lo que confía en que «el Papa no nos dejará solos». La máxima autoridad católica en la zona considera «muy positivo» el reciente reconocimiento a Palestina como Estado observador de la ONU y llama a los israelíes a «no tener miedo». Por su parte, el custodio de Tierra Santa, el padre franciscano Pierbattista Pizzaballa, también advierte de la «fragilidad» de la comunidad cristiana en Oriente Próximo. Italiano con antepasados navarros, el custodio defiende que la solución «más justa» para solucionar el conflicto en la región es la creación de un Estado palestino. Los franciscanos mantienen la salvaguarda de 74 lugares considerados bíblicos, pero los frailes desarrollan una labor mucho más amplia en una zona en el que el diálogo, ya sea religioso o político, resulta clave e imprescindible.

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