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El piojo cotiza al alza

Eliminar al molesto parásito es de los pocos negocios que prosperan en España. En dos años se han abierto una docena de centros

23.03.13 - 00:02 -
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Que una de las pocas oportunidades de negocio que prospera en nuestros días en España guarde relación con los piojos tiene algo de cruel metáfora. Eliminar los molestos parásitos que colonizan las cabelleras de los niños, en efecto, se ha revelado como una de las contadas actividades lucrativas que florecen en nuestro maltrecho mercado. Los centros para el tratamiento de la pediculosis, que es el nombre que recibe la patología producida por los piojos, han tenido tan buena acogida que en menos de dos años hay ya una decena de ellos repartidos por la geografía española. Haciendo un chiste fácil, podría decirse que se multiplican con la misma energía que los parásitos contra los que combaten.

Al menos tres empresas capitalizan la iniciativa: Fuig Poll, Kinds & Nits y Bye Piojito. Las dos primeras operan como franquicias y han abierto consultas en Barcelona, Madrid, Valencia, Las Palmas de Gran Canaria, Girona, Pamplona, Granada, San Sebastián y Málaga. La pionera fue Fuig Poll, que en catalán quiere decir ‘huye piojo’, puesta en marcha por la barcelonesa Neus Quimasó. «Todo surgió un día que estaba comentando con un grupo de madres de la escuela de mi hija la guerra que nos daban los piojos. Una de ellas dijo que estaría dispuesta a pagar si alguien fuese capaz de eliminarlos de la cabeza de su hija y entonces se me encendió la bombilla».

Neus, que acababa de quedarse en paro, hizo un doctorado acelerado en parasitología por su propia cuenta y descubrió que el oficio de ‘despiojador’ venía de lejos, de cuando los ejércitos de la antigüedad disponían de sus propias unidades de desparasitadores. También se dio cuenta de que no hay remedios mágicos y de que el único antídoto realmente eficaz contra el parásito es la paciencia. «Empecé a interesarme y descubrí que en la práctica totalidad de los centros escolares se daban casos de piojos, así que capitalicé el paro y monté una consulta en Barcelona». Las cosas marcharon viento en popa desde el principio. Los primeros tratamientos resultaron un éxito y el boca en boca hizo el resto. «Al poco tiempo pudimos poner en marcha otra consulta en régimen de franquicia en San Cugat y luego nos hemos extendido a varias ciudades más», resume la responsable de Fuig Poll.

María Pérez de Larraya, de 31 años, es de momento el último eslabón de la cruzada contra los piojos. Esta joven pamplonesa estudió Relaciones Públicas, Publicidad y Periodismo pero pronto percibió que aquello no le iba a llevar muy lejos. «Algunos de mis amigos son maestros y en muchas conversaciones salía el tema de que todos sus alumnos andaban con piojos, así que empecé a interesarme y descubrí la empresa Fuig Poll. Me fui unos días a Barcelona a aprender su método y a la vuelta monté con su ayuda una franquicia en Pamplona. Abrí el 1 de febrero y de momento no me puedo quejar».

Corte de pelo

El tratamiento completo cuesta 100 euros y comprende tres etapas: la aspiración de los parásitos con una máquina diseñada al efecto, el paso por el pelo de la lendrera (el peine especial para los piojos) y una última que es quizás la más importante: el repaso cabello a cabello con la ayuda de unas lentes y una luz especial para retirar las liendres (los huevos) que puedan haber esquivado los pasos anteriores. «El único secreto es la paciencia», insiste la desparasitadora. Son en total tres horas de minuciosa y exhaustiva revista al cuero cabelludo que se realizan en dos sesiones. «Los champús y las lociones pueden acabar con los piojos, pero las liendres solo desaparecen cuando las retiras», insiste la desparasitadora pamplonesa.

En la guerra contra los piojos no hay nuevos remedios. Las recomendaciones pasan por un buen corte de pelo para los chavales –«es lo más efectivo»– y por llevar la melena recogida en el caso de las niñas. Los piojos, aclara Pérez de Larraya, no vuelan y tampoco saltan, así que el contagio se produce por contacto al juntar las cabezas. Lavar mucho el pelo no es la solución, ya que a los parásitos les da igual la higiene.

La vida media de un piojo es de un mes; se alimentan chupando sangre, lo que quiere decir que cuando empieza a picarnos la cabeza el insecto está en pleno banquete. Cada hembra pone hasta 300 huevos que eclosionan al cabo de una semana. Si las liendres no se retiran, por lo tanto, la nueva generación de piojos hace acto de presencia a los pocos días.

Vista la buena marcha del negocio, la pregunta es inevitable: ¿hay más piojos ahora? «Los piojos han acompañado siempre al ser humano, lo que pasa es que antes las madres y las abuelas tenían más tiempo y estaban acostumbradas a echar de vez en cuando un vistazo al pelo de los niños y, si veían algo, lo retiraban».

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María Pérez de Larraya, periodista metida a desparasitadora, en su consulta./ Eduardo Buxens
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