Jorge Mario Bergoglio es desde este miércoles el nuevo Papa, el primero hispanoamericano. Tiene 76 años: nació el 17 de diciembre de 1936 en el seno de una familia modesta de origen italiano, su padre era un trabajador ferroviario de origen piamontés y su madre, ama de casa. En su país de origen, Argentina, es un líder moral que se forjó en tiempos de la crisis económica y tras la admisión pública de culpas de la Iglesia durante la dictadura. Este jesuita, primero que ostenta el cargo, es conocido por su seriedad, su carácter reservado y la escrupulosa coherencia con su puesto.
Rechazó el palacio episcopal y hasta ahora viviá en un pequeño piso con otro cura. Se movía a pie o en metro y vestía con su sotana. Fue elegido cardenal en 2001, pero cuando se organizaba el viaje masivo de feligreses a Roma para asistir a la ceremonia les paró los pies y pidió que dedicaran el dinero a obras de caridad. Pese a su meteórica carrera en la jerarquía católica, sigue siendo un hombre "muy humilde". Su rutina comenzaba hasta ahora a las 4 y media de la mañana y terminaba a las 21 horas. Es un gran lector de los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal y del ruso Fiodor Dostoievsky, y también un gran amante de la ópera.
El rival de Ratzinger
Químico y con estudios de filosofía y psicología, Bergoglio se hizo cura tarde, con 33 años, aunque al cumplir 22 años se unió a la Compañía de Jesús, donde estudió Humanidades y obtuvo una licenciatura en Filosofía. Llegó a ser provincial de su orden de 1973 a 1980, periodo en el que se opuso a la teología de la liberación. Fue en 1992, al ser nombrado auxiliar de Buenos Aires, cuando comenzó su ascensión.
Era papable desde 2003, pese a ser jesuita, y ya solo esta condición le resultaba insufrible. Cuando en 2005 Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI, Bergoglio quedó segundo en las votaciones. El Arzobispo goza de general prestigio por sus dotes intelectuales y dentro del Episcopado argentino es considerado un moderado, a mitad de camino entre los prelados más conservadores y la minoría "progresista".
En un país de mayoría católica, se opuso tenazmente en 2010 a la aprobación de la ley que consagró el matrimonio homosexual, la primera en América latina. "No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios", dijo Bergoglio poco antes de la sanción de la norma. También se opuso a una más reciente ley de identidad de género que autorizó a travestis y transexuales a registrar sus datos con el sexo elegido. Estas dos iniciativas enfriaron las relaciones entre la Iglesia argentina y la presidenta Cristina Kirchner, aunque la mandataria, que se declara creyente, es contraria a la legalización del aborto.
Un Papa 'futbolero'
Bergoglio es un reconocido aficionado al fútbol y declarado seguidor del equipo argentino San Lorenzo de Almagro, como ha dicho en varias ocasiones. De hecho, este club fue fundado por el padre Lorenzo Massa en 1908. Según la prensa deportiva argentina, Francisco I lleva en su corazón a San Lorenzo de Almagro, cuyo centenario se conmemoró con una misa oficiada por él. En distintos actos recibió camisetas y hasta el carné de socio del club. Él mismo recordó que su padre fue jugador de baloncesto en el club Boedo, por lo que frecuentaba las instalaciones del Cuervo, sobrenombre del San Lorenzo.



