El Correo Digital
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 12 / 27 || Mañana 14 / 25 |
más información sobre el tiempo

el drama de los desahucios

«No salten más»

07.03.13 - 00:01 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
«No salten más»
Laly Arizmendi, en su casa de Bellvey, Tarragona. Ha conseguido la dación en pago y un alquiler social para cinco años. /Vicens Giménez

A Laly Arizmendi la salvaron unos cruasanes. Su marido arrancaba una de las furgonetas de su marchito negocio de transporte cuando se le ocurrió regresar a casa y sorprenderla con los bollos. Llevaba días triste, en la cama. Con la bandeja caliente en las manos, fue directo al dormitorio donde tantos planes habían hecho, incluidos dos hijos:

– ¡Cariño! ¡Cariño! ¿Respiras?

«Me encontró casi inconsciente. Me había atiborrado de pastillas. No veía futuro, me sentía un estorbo. Lo íbamos a perder todo. Su empresa bordeaba la quiebra, yo en el paro... No llegaba para la hipoteca. En ese momento no valoras lo que tienes; no te planteas el gran dolor, la putada que haces a la familia». En Urgencias la salvaron de chiripa. A los pocos meses lo intentó con unas tijeras mal afiladas que no lograron abrirle las venas. Su hijo la llevó al psiquiatra y se quedó ingresada una semana.

La angustia estrangula a veces hasta el final. Pero con Laly, 49 años, no ha podido. Veintidós meses después del tratamiento ha pasado a la acción. Se plantó en la oficina bancaria y le dijo a su director que o le daba la dación en pago de su vivienda de Bellvei (Tarragona) «o me pegaba fuego allí mismo y me abrazaba a él». Como para no creerle. Salió de la entidad con un alquiler social en su propia casa y el firme propósito «de luchar toda mi vida. Tengo una cruzada particular contra los suicidios. Que no se mate nadie más. Solo cabe la prevención. Hay que estar atentos, ayudarles, porque la gente suele avisar».

Como no hay manera de recuperar su puesto de monitora de educación especial, se ha volcado en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), donde ha creado, junto a dos psicólogos, el primer grupo de ayuda mutua (GAM) para gente desesperada como lo estuvo ella. «Nosotros pagábamos todos los impuestos. Llevábamos una vida sencilla. Nada de cruceros de lujo. La niña iba a un colegio privado francés, eso sí. Teníamos un préstamo que podíamos pagar sin problema, pero te quedas sin trabajo, te gastas el último ahorro... ¡empiezas a comer gracias a Cáritas! y te llega el ‘tocho’, así llamamos al expediente de la ejecución de la hipoteca. Cuando te anuncian que te quitan tu hogar pierdes el estatus de persona. Pero ya no estoy deprimida, sino indignada».

Lo que no quita para que «llore de dolor y rabia» cada vez que trasciende un nuevo suicidio, como el de este mismo martes en Cartagena: un estucador de 45 años, padre de tres hijos, en paro y desahuciado hace un año. En los últimos catorce meses podríamos hablar de una veintena de fallecimientos provocados por la desesperación de perder la casa o quedarse sin un chavo. Es el saldo de un rastreo sin ánimo científico realizado en los medios de comunicación. Clavar una cifra en el binomio desahucio-suicidio es complicado por la falta de una estadística objetiva. No existe, no interesa. Los últimos datos, recién salidos del horno del Instituto Nacional de Estadística (INE), hablan de 2.435 hombres y 745 mujeres que se quitaron la vida en 2011, apenas 35 más que el año anterior. Pero no están cruzados con variables económicas. En España ni siquiera sabemos cuántas ejecuciones de primera vivienda se han producido desde el inicio de la crisis.

Por fin habrá buenos datos

Los 400.000 desahucios de los que habla la PAH incluyen lonjas, residencias de veraneo... Cuando la presión en la calle rozó el punto de ebullición, el Ministerio de Economía pidió a los bancos que limpiaran sus cifras, «pero es una tarea ingente, con la dificultad añadida de que hay entidades que no llevan directamente estos procesos, sino despachos exteriores», reconocen en la Asociación Española de Banca (AEB). Así que el ministerio ha encargado la tarea al INE. En el instituto calculan que tardarán un año.

Hay expertos que se niegan a establecer una línea directa entre crisis y aumento de suicidios «porque de entrada no hay más muertes», defiende el sociólogo Javier de Rivera. «En cualquier caso, lo relevante es la sensación de injusticia que tiene la gente. Personas a las que les queda por pagar un 10% del piso y les quitan el 100%. No es tanto la pérdida material, sino la sensación de agravio injusto. Los suicidios por desahucio ya no serían una cuestión de número, sino que estarían señalando un problema social de una manera que la estadística no puede captar».

Ya lo palpan las plataformas ciudadanas PAH y Stop Desahucios, presentes en un centenar de localidades. El teléfono no deja de sonar. «Nos llaman personas que nos dicen que se plantean acabar con su vida. Nosotros atendemos casos desde 2009 y cada vez son más. El suicidio ha dejado de ser tabú, ahora la gente nos lo cuenta. Yo misma lo he barajado. Tengo 39 años y llevo cuatro peleando. Estamos pensando en solicitar al Gobierno un teléfono para atender las emergencias emocionales», habla desde Girona Marta Afuera, comercial en paro.

A partir de este mes, en Barcelona –una de las ciudades donde más se ha presionado en la calle– no se ejecutarán los desahucios por impago de hipoteca sin que lo sepan los servicios sociales. Lo acaban de acordar la Generalitat y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. En Córdoba, la Junta de Andalucía ha ordenado a dos funcionarios que atiendan específicamente a la gente que llega con el ‘tocho’ y que luego la derive a Stop Desahucios, premiada la semana pasada como la mejor plataforma de la comunidad. Se organizan en grupos de doce personas «para detectar a los más afectados. Hay que estar muy pendientes para que no cometan una locura», explica Rafael Cidres.

Aquí, la muerte que rebasó el vaso fue la del compañero de Stop Desahucios Fran Lema Bretón. Había pedido dos créditos para construir su casa. El préstamo se reconvirtió en una hipoteca y al final la caja de ahorros se quedó con la vivienda. Pero la dación a veces no es gratis. Debía 25.000 euros por costas. Y de postre, Hacienda le reclamó 436 euros. El 8 de febrero, cuando recibió la carta de la Agencia Tributaria, dejó a su hija de 8 años en el colegio y se tiró desde un cuarto piso. Córdoba lloró en la calle, con Mari Carmen, la viuda, a la cabeza. A la niña se lo escondieron. Le contaron que su papá estaba fuera, mientras las cartas del banco seguían llegando a casa y su madre buscaba fotos «alegres» de Fran. «Pero no he encontrado ninguna. En los últimos años no hemos celebrado nada». La cría se ha enterado esta semana de que su padre no va a volver. Mari Carmen, arropada por la plataforma que va a poner un bote para ayudarla, pelea con abogados y bancos.

Maruja Arranz no tuvo fuerzas para hacerlo. No sabía cómo. Vecina de Peñafiel (Valladolid), su caso apenas trascendió. Una muerte sin velas ni gritos de «bancos asesinos». Nadie sabe muy bien qué pasó por la cabeza de esta mujer de 62 años. «Andaba con depresiones», rumoreaban hace tres meses en el pueblo. Su hermano Ángel cuenta ahora qué la llevó a subirse al taburete donde pasaba las tardes cosiendo y arrojarse al vacío: «Con su pensión y la de su marido sumaban 1.400 euros y pagaban un alquiler de 500 por la vivienda. Para vivir de sobra en el pueblo. Pero llevaban un año sin abonar un euro. El casero era vecino de toda la vida y no les apretó, pero se murió y lo hicieron los herederos. Me llamó alarmada y vi sus cuentas. Sabía que andaban mal, pero no hasta ese punto. Hace años ayudó a su hija, cuando se divorció, y ahí empezó el embrollo. Pidió dinero al banco y le dieron dos tarjetas con las que fue trampeando sin entender que era un dinero que se lo prestaban al 20%. Todo lo que ingresaba de pensión se lo quitaban de forma automática. No jugaba, ni derrochaba. Simplemente no entendía cómo funcionaba el sistema, y en el banco tampoco se esmeraron en explicárselo, sabiendo que no tenía estudios, que no entendía».

El pasado 9 de diciembre Alberto subió a casa de Maruja y le comentó lo que estaba pasando. «Le dije que tenía que hablar con los de la oficina bancaria, intentar arreglarlo e ir pagando poco a poco y dejar las tarjetas. Yo le había ayudado algo, pero no podía seguir así. Mi hermana nos dejó en el pasillo, se fue a su taburete de la cocina y se tiró. Es un tercer piso, murió desangrada... No me expliqué bien, lo hice mal».

El primer caso

A esta casa de Peñafiel también siguen llegando las cartas del banco. Y a la de José Miguel Domingo, el kiosquero granadino que se ahorcó una hora antes de que una comisión judicial se presentara en casa. 25 de octubre de 2012. Primera víctima mortal de los desahucios reconocida en España al manifestarse la gente en la calle. Quizás porque era tan popular en el barrio de La Chana y la crisis atenazaba ya hasta el último rincón, sus vecinos sacaron de paseo toda su indignación después de enterrarlo. Su hermana Carmen jamás olvidará al joven policía que se guardó la porra y le habló con el corazón: «Lo siento mucho, señora». Tampoco borrará la conversación que mantuvo al día siguiente en la sucursal. «Revolví en los papeles de mi hermano, que vivía solo. Tenía más trampas que un leñador. No pagaba nada desde mayo. Antes vendía miles de revistas, pero ahora la gente necesita ese dinero para la leche. Se quedó sin el local y la casa. Y el del banco me suelta que si quería recuperarlos, me daba un crédito. Eso me mató».

Resentimiento, culpabilidad, rabia... Un suicidio lastra mucha carga para el que se queda, «y en estos casos más, por el morbo, la presión social y esa sensación de que puede haber unos culpables que no van a ser juzgados». Analiza Ernolando Parra, uno de los coordinadores de Psicólogos Sin Fronteras, otro grupo de voluntarios nacido al calor de tanta desesperación. «Hay gente que dice que se matan porque estaban deprimidos. ¡Claro! El desahucio es el remate. Vaya que si la crisis está influyendo. Nos lo dice nuestra experiencia, los congresos que se están celebrando en el País Vasco o Cataluña y el Instituto Nacional de Toxicología». Ernolando, en realidad, es bombero en Madrid, como esos compañeros de Galicia o Palma de Mallorca que se han plantado y no desatrancan una puerta más. «Yo soy licenciado en Psicología y no me podía quedar parado ante tanto desamparo. Atendemos a gente que vive un infierno, sin trabajo, dinero, algunos sin la confianza de la familia, ya sin autocontrol. Son padres de familia o gente que al final de su vida laboral se ve en la calle. Y lo que tratamos de hacer es difundir esperanza. No una esperanza boba de que esto se va a arreglar sin más, sino que el futuro está en crear redes de apoyo, en ayudarnos».

Jorge Ponce, Pedro Taberner, Jovita Rovira, Iñaki Vesga, Fran Lema, Maruja Arranz, Jordi García, Vitoria Mesa, Amaia Egaña, José Miguel Domingo, José Antonio Diéguez... más de veinte. Lo último que quiere Ada Colau, una de las voces de la PAH que más ha gritado en el Congreso de los Diputados –fue abroncada por llamar criminal a un representante de la banca– es que «cale el suicidio como solución. Eso no. Nos da mucho miedo. Que vengan a hablar a las plataformas. Ha habido gente a la que hemos salvado por muy poco». Ada recibió un correo donde un hombre con su nombre y DNI anunciaba su suicidio inminente. Le escribieron, pero no dio señales. Avisaron al 112. A los dos días, envió un correo: la Guardia Civil le había localizado a tiempo y le llevó al hospital donde le limpiaron el estómago. Otros agentes evitaron que Inocencia Lucha ardiera del todo en Castellón, hace dos semanas. Con el 48% de su cuerpo quemado, «sigue muy grave y nosotros no podemos más. La presión ha sido terrible», se duele Javier Estébez, uno de sus tres hijos.

No son muertes blancas. Pep Caballol, de la ONG Sicom (Solidaridad y Comunicación), formada por periodistas que fomentan el pensamiento crítico y denuncian los desequilibrios informativos, sabe bastante de esto. Ha buceado al fondo de la crisis con documentales que cuesta difundir en canales oficiales. «No es casual esta avalancha de muertes. Y tampoco es cierto que hablar de ellas provoque un efecto llamada. Lo realmente dramático son las peleas de familia con la culpabilidad por medio».

Algo de ello hay en el caso que desencadenó que bancos y cajas otorgaran una moratoria de dos años para ejecutar nuevos desahucios. Amaia Egaña. Nada sabíamos de esta exconcejala socialista vizcaína que nos puso un nudo en la garganta al tirarse por la ventana cuando la iban a echar de su casa de Barakaldo. Su hermano Alberto cuenta que su relación con Manolo, el viudo, está rota: «Antes ya era fría, pero ahora es inexistente. Hubo un malentendido. Los periodistas dijisteis que la deuda era porque Amaia me había avalado a mí, y eso es totalmente falso. Pero la otra parte de la familia no se ha molestado en desmentirlo. A mí alguien me metió en el lío y no lo ha aclarado. El motivo del suicidio es un misterio porque los dos tenían buenos trabajos. Lo que ya no tiene arreglo es lo de mi hermana. Los políticos tienen que tomar la determinación de arreglar el problema de la calle. Siempre habrá justos por pecadores. Yo pienso en Amaia... si un día me viene el chaval –su hijo– con un problema, le ayudaré». Manolo sigue sin decir palabra. No le salen. Al teléfono, solo solloza: «no puedo hablar, sigo muy mal. Por qué lo hizo me lo guardo para mí y para ella».

Laly, la que lo intentó dos veces, también lleva a Amaia en el corazón, el que dibujó aquel 9 de noviembre. «Me afectó mucho, me la imaginé en la ventana... Las mujeres tomamos pastillas, no nos matamos de manera violenta. Esa noche apunté su nombre en mi camiseta de las concentraciones y la dejé en la ventana junto a una vela. La cera se quedó pegada y dibujé un corazón. Luego salí a la calle con ella puesta y grité a los bancos que la habían matado. Es un símbolo. No la olvidemos». Desde ayer, a José Antonio Diéguez tampoco.

TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
pliega/despliegaLo más leído
pliega/despliegaLo más comentado
pliega/despliegaLo último de elcorreo.com
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.