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¿Cómo nace una portada de ?The New Yorker??

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¿Cómo nace una portada de ‘The New Yorker’?

Las 'covers' de la prestigiosa revista son auténticas obras de arte. La española Ana Juan ha ilustrado 19 de ellas

07.03.13 - 00:01 -
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¿Cómo nace una portada de ‘The New Yorker’?
A la izquierda, la primera portada de 'The New Yorker' en 1925. A la derecha, 'Debut on the Beach', de Ana Juan, en 2005.

Ana Juan (Valencia, 1961) es la artista española con más portadas de 'The New Yorker' a sus espaldas. Las 'covers' de esta prestigiosa revista llevan ilustrando la historia del mundo desde 1925 semana a semana, resumiendo la actualidad con auténticas obras de arte que decoran miles de hogares (la publicación las vende a modo de pósters en diferentes formatos con precios que oscilan la mayoría entre los 100 y los 600 euros). Premio Nacional de Ilustración 2010, Ana Juan comenzó su relación con esta revista en 1994: la editora de arte, Françoise Mouly, estaba de visita en Barcelona y Ana Juan decidió entregarle uno de sus libros para que conociera su trabajo. Al poco tiempo recibió una llamada y le hicieron un encargo para un especial sobre la vida en el hogar, 'Home Sweet Home'. Una pareja con niño desayunando en la cama fue su apuesta, y acertó. Fue portada y a partir de ahí, otras 18. Es la artista española que más ha colaborado con 'The New Yorker' en este sentido, seguida muy de lejos por Javier Mariscal. "En realidad -confiesa ella-, entonces no conocía mucho el alcance tan grande que tiene esta revista, luego me he dado cuenta, he visto cómo hay gente que se muere por hacer una de estas portadas, obsesionada con publicar ahí". Otro de sus logros es, sin duda, haber conseguido que la elijan en dos ocasiones, entre varios artistas estadounidenses, para la portada conmemorativa del 11-S; en el primer aniversario ('Down Over Lower Manhattan', 2002, un amanecer amarillento sin las torres gemelas) y en el décimo ('Reflections', 2011, el 'skyline' nocturno de la ciudad con unas torres fantasma reflejadas en el agua).

Como suele suceder, sobre ella circulan en internet varias leyendas falsas: ni su estilo es cubista, ni tampoco naíf, ni Ana Juan es su verdadero nombre ni es la mujer de Art Spiegelman, creador del reputado cómic 'Maus' e ilustrador también de varias portadas (que sí es, sin embargo, marido de la directora de arte, Mouly; quizá de ahí viene la confusión). "Gracias a que me aceptaron aquella ilustración sobre la vida en el hogar pude seguir colaborando; de otro modo es imposible. La gente piensa que esto resulta mucho más fácil de lo que es, pero nada más lejos de la realidad. Me han publicado 19 portadas, pero he mandado bocetos para muchísimas más, muchísimas... que no han sido elegidas, aparte de las que sí iban a salir pero fueron finalmente desechadas porque la actualidad se impuso, porque esa semana surgió otra noticia que desplazó el tema pensado en principio. O porque al editor no le gustó finalmente lo que envié. O aceptas las reglas del juego o nada. Puede ser un poco frustrante, pero así funciona. Y hay muchísimo trabajo detrás que no sale, que no se ve y, evidentemente, que no se paga", explica.

A partir de aquella primera portada, la ilustradora recibe una lista de los temas que se abordarán a lo largo del año y es libre para elegir el asunto y enviar los bocetos que considere. Explica que, aparte de ser original, de distinguirse de los demás, hay que tener en cuenta que cada una de estas portadas "es un editorial en sí misma y hay que conseguir que una imagen refleje exactamente lo que se quiere decir". Reconoce que a veces es difícil trabajar con la corrección política que se estila en Estados Unidos, "hay que tener mucho cuidado con no herir sensibilidades, especialmente con la cuestión del racismo. En América cosas así pueden ser una pesadilla".

Cartas de admiradores

Sorprende que elijan a un artista extranjero para ilustrar el drama patrio del 11-S, y ella lo ha conseguido en dos ocasiones: "A veces puede ser bueno ver las cosas con cierta distancia, porque no estás implicada y tienes otra visión, pero otras es peor porque no sabes bien lo que esta gente puede estar sintiendo cuando piensan en una tragedia que les ha afectado tanto". Admite que cuando la eligieron la segunda vez para plasmar aquellos atentados sintió "orgullo, satisfacción y estupor, sobre todo estupor, porque siempre piensas que tus ideas no son tan buenas como las de los demás". Ideas como la de ilustrar el Mundial de Fútbol de Francia con Napoleón y su mano en el pecho sacándose un balón de la casaca ('Coupe du Monde', 1998).

Y recibe cartas de la gente, textos donde le agradecen sus portadas, "algo bonito que me fascina. Con la última del 11-S recibí una carta a la antigua, con una caligrafía preciosa, de una mujer estadounidense de 90 años que me hablaba de su vida y de lo que habían supuesto para ella los atentados. Era muy emotiva". Esta portada del décimo centenario fue la última que le publicaron; "desde entonces se han quedado por el camino otras tres que finalmente no salieron, bocetos que no consiguieron ver la luz". Muchas de ellas han sido rescatadas y reunidas en un libro editado por Françoise Mouly, 'Blown Covers'. "Hay muchas mías, jajaja, la mayoría son de dramas, de guerras, de tragedias, y no sé por qué, quizás porque aporto otra visión diferente, no sé si como extranjera o como mujer, porque tampoco es que yo esté obsesionada con estos asuntos, como cualquier otra persona, vaya. Aunque yo disfruto mucho más con los temas de moda".

La guerra de Irak y Blancanieves

A pesar de esta preferencia, si se le pregunta por una de sus 'covers' favoritas, contesta sin duda que 'Action', sobre la importancia que tuvieron los medios de comunicación en la guerra de Irak; se decidió por un soldado apuntando hacia el lector un arma que no es otra cosa que el objetivo de una cámara. "Es una de las que menos suelen gustar, porque quizás es la menos amable, pero yo la tengo mucho cariño". Hubo otra sobre el mismo tema, 'Open Wound' (2004), una de las más atípicas de la artista. Muestra un pozo de petróleo que en vez de crudo bombea sangre, con trazos muy simples, muy esquemáticos: "Me sorprendió cuando la eligieron y, para mi sorpresa, el editor me dijo que le había encantado desde que la vio. Nunca sabes bien cómo acertar".

Una vez que ha sido aceptada la idea, viene el largo proceso de los retoques. Cualquier pequeña cosa que haya que cambiar ha de pasar por las manos del artista. Hasta que el lector encuentra finalmente el producto en el kiosko. Este año, de momento, Ana Juan está volcada en la publicación de dos libros que llevan sus ilustraciones, uno de ellos una fábula sobre vampiros ('Carmilla') y la tercera parte de 'Tierra fantástica'. Uno de sus trabajos más conocidos es el libro 'Snowhite', publicado en 2001 con Edicions de Ponent, una adaptación libre del cuento de Blancanieves. Aunque volverá pronto a revisar la lista de temas que cada año le envía 'The New Yorker'. También contribuyó Ana Juan con una versión de aquella primera 'cover' de la revista, la del mítico dandy 'Eustace Tilley' de 1925, de Rae Irvin. Aunque en su caso ('Debut on the Beach', 2005) le dio forma de mujer. Las dos visiones ilustran hoy la portada de esta sección.

Si quieres conocer toda su obra, puedes visitar esta web: www.anajuan.net

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